Apoliticismo de los ciudadanos
En el programa televisiso en el que Ruiz Gallardón se sometió a unas preguntas que le formularon un grupo de ciudadanos, el alcalde de Madrid insistió repetidamente en la satisfacción que se siente sirviendo al bien común de la Sociedad mediante la actividad política e instó a a varios de ellos a que probaran a hacerlo. Pero todos, particularmente los más jóvenes, se mostraban muy escépticos, porque tenían una visión muy negativa de la política
Este apoliticismo es muy frecuente en la juventud actual de nuestro país. Yo he reflexionado sobre el tema y me atrevo a calificar como grave atropello a la condición ciudadana la castración política a que se nos ha sometido a varias generaciones de españoles en décadas precedentes. Como consecuencia nos encontramos ahora la gran mayoría con un caparazón impermeable que nos impide participar en la vida pública y en el ejercicio de las libertades propio de las democracias.
Nietzsche tiene un texto que refleja muy gráficamente este atropello: "Para hacer perfecto al hombre se le aconsejaba que, al modo de tortuga, retrayese dentro de sí los sentidos, interrumpiese el trato con las cosas terrenales y se despojase de la envoltura mortal: entonces quedaba lo principal de él, el espíritu puro" (El anticristo).
Esta carencia de libertad y de actividad cívica, que tienden a desarrollarse sobre todo con la práctica, nos ha encerrado en un particularismo estrecho y miope sin apertura a la vida pública en nuestro país y a otros horizontes más universables. La polémica asignatura Educación para la ciudada puede ser una buena herramienta para ayudar a las nuevas generaciones a corregir esta anomalía
El vértigo de la libertad democrática
Respecto a la libertad conquistada después de una larga espera, se observa que muchos ciudadanos, parece como si estuviesen deseosos de abdicar de ella. Parafraseando a Goethe podríamos reprocharles: "La poca libertad que tienen les asusta tanto, que hacen cuanto pueden por perderla" (Las penas del joven Werter).
Por el contrario, es un signo de ciudadano adulto que ha asimilado la democracia, la defensa de los valores inalienables de la libertad. Rousseau considera la renuncia cobarde a la libertad como una destrucción de sí mismo, y yo lo considero además como ruina de la sociedad: "Renunciar a su libertad es renunciar a so condición de hombre, a los derechos de la Humanidad e incluso a sus deberes. No puede enajenarse la libertad como se enajena por contrato un bien cualquiera, porque el bien que se cede es perfectamente separable de la persona y, en realidad, extraño o ajeno a ella, pero la libertad no; la libertad, como la vida, es un don esencial de la naturaleza"(El Contrato social). La libertad interior, que se nos ofrece desde algunas instancias como sustitución, es un engaño idealista (JP. Sartre, La república del silencio).
La misma tradición cristiana que se remonta a Jesús, primero en la comunidad judían y después en la elenística, considaera la reducción de la libertad al ámbito de lo privado una forma de domesticarla o eclesializarla. La Iglesia, que en nombre del orden somete la libertad del Espíritu, no podrá ser designada ya como el grupo de los "libres" (E. Käsemann, La llamada de la libertad).
Volviendo al tema del apolicismo de los ciudadanos, digamos que esto posiblemente se deba a que hemos sufrido muchos desengaños por parte de los políticos de oficio o a que estos no han sabido o no han querido despertar en nosotros motivaciones que nos llevaran a interesarnos por la vida pública. Lo cierto es que sigue en pie el aforismo que dice."El español necesita más que nada ser político".
Urge que los ciudadanos españoles superemos esta apatía política que arrastramos, para no ser más tiempo víctimas de ella. El presidente R. Zapatero ha dicho en más de una ocasión que participemos en la vida pública, pero no ha explicado cómo. Sería interesante que lo hiciera. El peligro de que los representantes políticos que nos hemos dado usurpen nuestra responsabilidad inalienable es constante, cuando estos observan que nos desentendemos por completo de la vida pública. Por tanto, más que seguir pactando con esta apatía, debemos rebelarnos contra ella. Se ha dicho, con mucha razón en mi opinión, que la robustez de un pueblo no depende principalmente de su potencia industrial, agrícola o comercial. El potencial de un pueblo no es el económico, sino el político. De ahí que la politica sea una de las cosas que los ciudadanos debemos cuidar más.
No podemos conformarnos con que los diputados nos representen en el parlamento ni con votar. El filósofo francés R. Garaudy critica la vieja concepción de los partidos políticos engendrados por el sistema parlamentario burgués, basados en la delegación y alienación del poder, que desde fines del siglo XVIII sigue siendo un medio de confiscar la iniciativa de la base, para convertirla en monopolio de algunos dirigentes. Él aboga porque la historia de todos sea hecha por todos y no impuesta por algunos.( Una nueva civilización).
¿Cómo traducir en la práctica todo esto? Esa es la cuestión. A mi se me ocurren todos estos campos, vosotros podreis indicar muchos más: militar en alguna ONG, que hay muchas; en las Asociaciones de vecinos en los barrios. Yo participé en una muy activa en el barrio de San Blas de Madrid, que hacía llegar las carencias o las iniciativas de los vecinos a las distintas instituciones de la Comunidad o del Gobierno. Asociacines educativas de padres o de jóvenes que vosotros mismos podeis crear, sanitarias o de otra índole. También asociarse a algún Sindicato ¿No creéis que todos los trabajadores deberían estar sindicados? Igualmente cabe asociarse y estar activo en alguno de los diferentes partidos políticos. Este sería el escalón último para tener responsabilidades políticas al más alto nivel e instaurar una nueva forma de hacer política, siempre en beneficio del bien común de toda la Sociedad.
En el campo religioso están las comunidades cristianas de base en casi todos los barrios y en algunos pueblos. En Madrid están Redes cristianas que es un movimiento internacional muy comprometido en el campo sociopolítico y lo mismo la Comunidad de Santo Tomas...Sería bueno que vosotros indicárais las asociaciones que conoceis. En este blog podeis participar líbremente y sin miedo. Espero que lo hagáis más.
Este apoliticismo es muy frecuente en la juventud actual de nuestro país. Yo he reflexionado sobre el tema y me atrevo a calificar como grave atropello a la condición ciudadana la castración política a que se nos ha sometido a varias generaciones de españoles en décadas precedentes. Como consecuencia nos encontramos ahora la gran mayoría con un caparazón impermeable que nos impide participar en la vida pública y en el ejercicio de las libertades propio de las democracias.
Nietzsche tiene un texto que refleja muy gráficamente este atropello: "Para hacer perfecto al hombre se le aconsejaba que, al modo de tortuga, retrayese dentro de sí los sentidos, interrumpiese el trato con las cosas terrenales y se despojase de la envoltura mortal: entonces quedaba lo principal de él, el espíritu puro" (El anticristo).
Esta carencia de libertad y de actividad cívica, que tienden a desarrollarse sobre todo con la práctica, nos ha encerrado en un particularismo estrecho y miope sin apertura a la vida pública en nuestro país y a otros horizontes más universables. La polémica asignatura Educación para la ciudada puede ser una buena herramienta para ayudar a las nuevas generaciones a corregir esta anomalía
El vértigo de la libertad democrática
Respecto a la libertad conquistada después de una larga espera, se observa que muchos ciudadanos, parece como si estuviesen deseosos de abdicar de ella. Parafraseando a Goethe podríamos reprocharles: "La poca libertad que tienen les asusta tanto, que hacen cuanto pueden por perderla" (Las penas del joven Werter).
Por el contrario, es un signo de ciudadano adulto que ha asimilado la democracia, la defensa de los valores inalienables de la libertad. Rousseau considera la renuncia cobarde a la libertad como una destrucción de sí mismo, y yo lo considero además como ruina de la sociedad: "Renunciar a su libertad es renunciar a so condición de hombre, a los derechos de la Humanidad e incluso a sus deberes. No puede enajenarse la libertad como se enajena por contrato un bien cualquiera, porque el bien que se cede es perfectamente separable de la persona y, en realidad, extraño o ajeno a ella, pero la libertad no; la libertad, como la vida, es un don esencial de la naturaleza"(El Contrato social). La libertad interior, que se nos ofrece desde algunas instancias como sustitución, es un engaño idealista (JP. Sartre, La república del silencio).
La misma tradición cristiana que se remonta a Jesús, primero en la comunidad judían y después en la elenística, considaera la reducción de la libertad al ámbito de lo privado una forma de domesticarla o eclesializarla. La Iglesia, que en nombre del orden somete la libertad del Espíritu, no podrá ser designada ya como el grupo de los "libres" (E. Käsemann, La llamada de la libertad).
Volviendo al tema del apolicismo de los ciudadanos, digamos que esto posiblemente se deba a que hemos sufrido muchos desengaños por parte de los políticos de oficio o a que estos no han sabido o no han querido despertar en nosotros motivaciones que nos llevaran a interesarnos por la vida pública. Lo cierto es que sigue en pie el aforismo que dice."El español necesita más que nada ser político".
Urge que los ciudadanos españoles superemos esta apatía política que arrastramos, para no ser más tiempo víctimas de ella. El presidente R. Zapatero ha dicho en más de una ocasión que participemos en la vida pública, pero no ha explicado cómo. Sería interesante que lo hiciera. El peligro de que los representantes políticos que nos hemos dado usurpen nuestra responsabilidad inalienable es constante, cuando estos observan que nos desentendemos por completo de la vida pública. Por tanto, más que seguir pactando con esta apatía, debemos rebelarnos contra ella. Se ha dicho, con mucha razón en mi opinión, que la robustez de un pueblo no depende principalmente de su potencia industrial, agrícola o comercial. El potencial de un pueblo no es el económico, sino el político. De ahí que la politica sea una de las cosas que los ciudadanos debemos cuidar más.
No podemos conformarnos con que los diputados nos representen en el parlamento ni con votar. El filósofo francés R. Garaudy critica la vieja concepción de los partidos políticos engendrados por el sistema parlamentario burgués, basados en la delegación y alienación del poder, que desde fines del siglo XVIII sigue siendo un medio de confiscar la iniciativa de la base, para convertirla en monopolio de algunos dirigentes. Él aboga porque la historia de todos sea hecha por todos y no impuesta por algunos.( Una nueva civilización).
¿Cómo traducir en la práctica todo esto? Esa es la cuestión. A mi se me ocurren todos estos campos, vosotros podreis indicar muchos más: militar en alguna ONG, que hay muchas; en las Asociaciones de vecinos en los barrios. Yo participé en una muy activa en el barrio de San Blas de Madrid, que hacía llegar las carencias o las iniciativas de los vecinos a las distintas instituciones de la Comunidad o del Gobierno. Asociacines educativas de padres o de jóvenes que vosotros mismos podeis crear, sanitarias o de otra índole. También asociarse a algún Sindicato ¿No creéis que todos los trabajadores deberían estar sindicados? Igualmente cabe asociarse y estar activo en alguno de los diferentes partidos políticos. Este sería el escalón último para tener responsabilidades políticas al más alto nivel e instaurar una nueva forma de hacer política, siempre en beneficio del bien común de toda la Sociedad.
En el campo religioso están las comunidades cristianas de base en casi todos los barrios y en algunos pueblos. En Madrid están Redes cristianas que es un movimiento internacional muy comprometido en el campo sociopolítico y lo mismo la Comunidad de Santo Tomas...Sería bueno que vosotros indicárais las asociaciones que conoceis. En este blog podeis participar líbremente y sin miedo. Espero que lo hagáis más.