Evangelizar Europa hoy V



Fotografía de Bonhoeffer
en la portada del libro
Cristianismo y Secularidad de
Francisco Margallo Bazago

Perfil del nuevo agente de la evangelización

Visto lo dicho en días anteriores, es fácil adivinar el perfir del nuevo agente de la evangelización. En ningún caso se identifica con la eclosión de grupos y movimientos que el cardenal Ratziger calificó de "nueva primavera pentecostal".

La tradicional "Acción Católica", que antes del Vaticano II fue la única oportunidad para la organización de los laicos y para su apostolado en dependencia de la jerarquía, ha conocido ahora una nueva versión en los grupos y movimientos de oración y renovación carismática: neocatecumenales, focolares, comunión y liberación,legionarios de Cristo, cursillos de cristiandad etc.

Todos ellos se caracterizan por la ausencia de mediaciones analíticas y de compromiso efectivo en el plano de la liberación de los pobres y de la transformación de estructuras injustas existentes en el mundo. Esto los incapacita para evangelizar hoy, como venimos viendo (A. Parra, "ministerios laicales", en I. Ellacuría-J Sobrino, Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, Madrid 1994, 324ss; J. Ratzinger, Informe sobre la fe.

Los agentes de la nueva evangelización de Europa y del mundo actual han de tener un perfil bien diferente, según se desprende de Gaudium et Spes y de la teología de ella surgida. Lo que se les exige a los nuevos agentes de la evangelización en el momento presente, como conditio sine qua non es:

1º. Superar el cisma Iglesia-pueblo

A nadie se le oculta ya este cisma creciente, en que el pueblo rechaza la ortodoxia como religión de los curas, con la cual él tiene poco que ver, ya que no expresa ni la historia de su dolor ni su propia mística. En el origen de esta situació que hoy se hace más percptible que nunca, está el haber impedido que el pueblo fuera el verdadero sujeto de la Iglesia. De no haber sido así la Iglesia sería hoy con toda propiedad "el pueblo de Dios del que habla el Concilio Vaticano II (LG, cap II).

No se puede ser Iglesia, no se puede ser pueblo de Dios sin ser sujeto de la propia historia. Existe un abismo entre la fe real del pueblo y la ortodoxia eclesiástica (JB. Metz, Iglesia y pueblo o el precio de la ortodoxia, en AA.VV., Dios y la ciudad, Madrid 1975, 118-139; 140-141).

El precio de esta ortodoxia la están pagando los pobres del mundo, a los que se les está privando de los beneficios de la redención-liberación de Cristo. Por eso en las circunstancias precarias en que se halla buena parte de la humanidad, los evangelizadores han de tener muy presente que no se puede anunciar ni vivir un cristianismo digno de fe si no se es sensible al movimiento emancipador que se ha despertado en el mundo.

La solidaridad con los movimientos actuales de liberación no supone ningún tipo de servilismo, como puede creerse, sino que revive y proclama la promesa cristiana en que se apoya. El hombre y mundo nuevos que se alientan desde el evangelio necesitan de estructuras liberadoras que lo hagan visible; por tanto, una tarea a tener en cuenta desde el evangelio es propiciar la apertura de caminos critico-liberadores en la comunidad cristiana que manifiesten que la fe en las promesas bíblicas no conduce a la resignación, sino a una acción emancipadora.

Es una tarea que emana del Nuevo Testamento, de la que se hace eco el Concilio Vatricano II. Dice así la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium: La plenitud de los tiempos ha llegado (1 Corintios 10, 11) y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y se anticipa ya en este siglo (LG 48, 3).

La Constitución pastoral Gaudium et Spes se encarga, a su vez, de llevar a cabo la renovación eclesial, instando a la Iglesia a estar más en el mundo y ser a la vez menos
del mundo.¿Qué significa esta aparente contradicción de la Iglesia respecto al mundo?

Significa que la Iglesia se despolitice en el sentido de confundirse con el Estado o poder dominante y la desconfesionalización de la vida social-política, como en el pasado. Asimismo exige la desclericalización
de la vida eclesial y buscar nuevas formas de comunicarse con el mundo y de estar en él. La clericalización es la causa del cisma o separación existente entre la Iglesia y el pueblo.


www.porunmundomasjusto.com
-Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
http://Fmargallo.bubok.com
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