Juan Carlos Jefe de un Estado Laico

Se ha criticado a la familia real porque el Rey Juan Carlos no ha asistido al acto del 90 aniversario de la Consagración de España al Corazón de Jesus en el Cerro de los Ángeles (Madrid) en presencia de su abuelo Alfonso XIII.

La actitud del Rey es lógica porque es el Jefe de un Estado laico. El adjetivo laico que deriva del sustantivo griego laos significa simplemente popular, no agnóstico o ateo como erróneamente se cree. De haber asistido a esa ceremonia religiosa, hubiera sido retrotraernos a la época de las alianzas entre el trono y el altar, felizmente superadas.

Repasando la historia del cristianismo, nos encontramos con que a los primeros cristianos se les acusaba ante el imperio romano por no someterse a una visión divina del mundo llena de dioses y señores, a la que alude Pablo en 1 Cor 8, 5. Profesaban un "ateísmo cósmico", como lo ha calificado algún teólogo de los que están tono con la secularización, propiciando de esta manera el tránsito de un mundo divinizado a un mundo hominizado al que está referido el proyecto de Jesús.

No estamos en el siglo IV. En ese momento con emperador Constantino el cristianismo dejó de ser una amenza y se convirtió en la religión del estado. A partir de ahí se desarrolló durante siglos una mentalidad, una teología y una espiritualidad en la Iglesia que perduró hasta las puertas del Concilio Vaticano II.

La lectura de la Biblia, insisten los escrituristas, dejó de hacerse en sentido profético, es decir, inconformista con el orden establecido y poco a poco se va convirtiendo en la mejor garantía de la legitimidad y estabilidad del Estado. La fe, cuya fuerza utópica, cuando es bien entendida, tiene capacidad para poner en crisis el orden establecido, se traslada al otro mundo y se convierte en uno de sus mejores aliados. (Los españoles tenemos una larga experiencia de eso).

La trascendencia toma mucha fuerza en la espiritualidad de la Iglesia y el reino de Dios y su justicia ya no hay que buscarlos en este mundo, sino más allá de él, en la otra vida. Pero la nueva teología que deriva del Vaticano II quiere volver a la separación de la Iglesia y el Estado, con autonomía propia cada uno en su campo sin inmiscuerse uno en lo que es propio del otro.

Esto se va realizando muy lentamente, con el pesar de algunos miembros de la alta jerarquía eclesiástica española, que demuestran no haber asimilado la doctrina conciliar, al querer imponer sus tradiciones al Estado y en este caso a su Jefe supremo. Eso explica el enfado de algunos obispos, porque el Rey no asistió al acto del Cerro de los Angeles antes citado.

La Iglesia española ha declarado el obispo-abad de Montserrat, debe olvidar el pasado y su nacionalcatolicismo y "aprender a vivir en otro contesto social, que, según la Constitución y desde la separación entre la Iglesia y el Estado, se define como un verdadero Estado laico, que supone eso: una separación real entre lo que es el Estado y su lógico derecho a promulgar leyes, y lo que es la Iglesia, que no tiene esa capacidad..."
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