Pedro Casaldáliga se confiesa

Para el obispo que dedicó su vida a la causa de los pobres en América Latina, concretamente en Sao Felix do Araguaja, Brasil, "todo es relativo, menos Dios y el hambre", como dice en uno de sus poemas.

El hoy obispo emérito, P. Casaldáliga, dos veces propuesto como candidato al Premio Nobel de la Paz es un místico encarnado en la realidad humana, un gran poeta de la talla de Antonio Machado y un verdadero profeta. Es, además, uno de los líderes de la teología de la liberación y una figura internacional en la defensa de los Derechos Humanos, a los que considera derechos divinos.

Las palabras o pasajes del Evangelio que más han influido en su vida y que ha tenido presente en su labor pastoral son estas: “Dios es Amor” y “de tal modo amó Dios al mundo que le envió su Hijo no para condenar al mundo sino para salvarlo”.

Las personas que le han servido de guía además de esta fuente evangélica, han sido Jesús de Nazaret, San Francisco de Asís, Teresa de Lisieux, Carlos de Foucault y algunos miembros del episcopado latinoamericano afines a la teología de la liberación y defensores de los empobrecidos por el sistema.

La vena poética que le acompaña siempre le da autoridad para recomendarnos el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y en Antonio Machado su Autorretrato y La secuencia de Pascua. Y también el Cant
Espiritual de Joan Maragal
.

Su mayor pecado nos dice es la impaciencia, pero yo apostillo que se ve compensado por la esperanza que nunca le falta. Preguntado por el gran pecado del mundo de hoy responde sin titubear: el capitalismo neoliberal. Los pecados importantes de la Iglesia los sitúa en la falta de capacidad para unirse las iglesias, absolutizando lo que no es absoluto y no respondiendo al testamento de Jesús: “que todos sean uno”.

Amenazado de muerte varias veces, la bala que iba contra él en una ocasión, dice, se desvió y fue a parar al padre Juan Bosco Ponido de Burnier. Pero tiene el poder de olvidar lo malo y no mirar hacia atrás con ira. Sus mayores deseos es que se acabe el hambre en el mundo, que cese el comercio armamentista y la guerra por religión o respaldada por religiones.

Se arrepiente de muchas cosas, de todo un poco, pero recuerda lo que decía un santo que cuando se presentase ante Dios le pediría: “olvídate de mis buenas obras, vamos a hablar sólo de mis fracasos, de mis pecados que eso tú lo sabes resolver muy bien, olvídate de mis buenas obras”.


Pedro Casaldáliga
sobre sí mismo


...Tengo fe de guerrillero
y amor de revolución.
Y entre Evangelio y canción
sufro y digo lo que quiero.
Si escandalizo, primero
quemé el propio corazón
al fuego de esta Pasión
cruz de Su mismo Madero...

Me llamarán subversivo 1988
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