Luis Alberto Henríquez: ¿La Iglesia católica...?

Algunos amigos de Luis Alberto Henríqez Lorenzo me vienen pidiendo desde hace algún tiempo que presente en mi blob su libro ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor" (Madrid, Vitruvio y Nostrum, 2011). He pedido el libro pero no me ha llegado, de manera que no puedo juzgarlo.

Luis Alberto (Arucas, Gran Canaria). Licenciado en Filología Hispánica, profesor de Lengua y Literatura española y educador en centros de atención a menores. Estudios de Filosofía y Teología. Simultanea su quehacer literario (poesía, narración, artículos periodísticos, ensayos…) con la militancia sociopolítica y cultural.

Participa en cursos y seminarios sobre filosofía, teología, literatura, filología, arte, ética y política, historia del movimiento obrero, historia de la Iglesia y de los movimientos sociales...Entre sus libros de poesía: *Las cuatro estaciones de Gea (colección literaria Para las veladas de Monsieur Teste, Las Palmas de Gran Canaria 1999). *Como árbol plantado junto al río (publicaciones del Excelentísimo Ayuntamiento de Arucas, Gran Canaria 2001). *Cantada por labios infantiles (Museo Canario, colección literaria «San Borondón», Las Palmas de Gran Canaria 2003) *Bajo tu tienda, en tu montaña santa (colección «Surco Sur», Las Palmas de Gran Canaria 2007).


Para conocerle mejor pulsar: Luis Alberto Henríquez Lorenzo, Telde Actualidad.

No tengo suficiente distancia ni perspectiva para juzgar esos trabajos. Que el lector amigo siga y juzgue, si le parece, y opine. Muchas moradas dijo Jesús que había en la casa del Padre. Muchas moradas y caminos hay en la Santa Iglesia. Uno de ellos es el camino propuesto por L. A. Henríquez.

Luis Alberto, te dejo con mi gente. Que disfrutes con ellos, que ellos disfruten contigo. Me pediste un día que este blog fuera por un tiempo tu casa. Pues bien, yo he querido mostrar a mis amigos algunas habitaciones de tu casa cristiana, poética, humana. Buen fin de semana a todos.


1. “Iglesia, Vaticano, jerarquía…”
http://www.canal-literatura.com/Reflexiones/Iglesia.html
Por Luis Alberto Henriquez Lorenzo




Indudable para una mayoría de ciudadanos de todo el mundo, meridianamente claro para casi todo el mundo –estimo- que la Iglesia católica, durante sus 20 siglos de historia, ha actuado a menudo en alianza o connivencia con los poderosos de la Tierra: Europa feudal, terratenientes de todo signo y lugar, oligarcas, militares, dictadores, monarquías tan déspotas y represoras de las libertades como "justificadas" con el llamado derecho divino... En definitiva, una estructura de poder que ha secuestrado el sueño liberador de Jesús de Nazaret, quien predicó sobre todo con vistas a conformar un movimiento pacífico de comunidades fraternas de iguales, no una estructura piramidal de poder.

Sin embargo, retomando las últimas líneas del párrafo anterior (sobre todo lo de sueño liberador de Jesús), sería bueno que no perdiéramos de vista que el mensaje cristiano ha sido y sigue siendo fuente de liberación humana integral. Y que institucionalmente, la Iglesia también ha hecho mucho bien a la humanidad entera –y hace el bien en muchas partes de nuestro atribulado mundo-. Echemos, si no, un vistazo a la inmensa mayoría de los movimientos sociales y de liberación que la humanidad ha conocido en los últimos dos milenios. Con todo, aceptado de buena gana lo anterior, para mí que uno de los problemas capitales de la Iglesia, de la Iglesia de siempre -en realidad, se trata de un problema consubstancial a la condición humana, en todo tiempo, lugar y cultura-, podríamos considerar que no es otro que la tremenda distancia que se da muy a menudo entre lo que enseñan y proponen sus pastores, esto es, su doctrina, el llamado Magisterio, y lo que acaban haciendo muchos de sus hijos e hijas, obispos incluidos.

Un ejemplo -que ya he tenido ocasión de comentar en otros foros-. Hace apenas unos meses en Valencia, en el marco de un congreso sobre el presente y el futuro de la escuela católica, el que fuera arzobispo de la sede primada de Toledo y actual cardenal responsable del dicasterio romano encargado de velar por la liturgia y las normas de los sacramentos, el español Antonio Cañizares, lamentaba que la escuela católica en España no hubiera cumplido bien con su cometido. Y de paso recordaba lo que la propia Iglesia afirma que ha de ser el perfil ideal del profesor de la escuela católica: éste debe ser un evangelizador enamorado de Jesucristo. Sin embargo, hete aquí que me supongo que los obispos han de ser los primeros en conocer y reconocer que, salvo honrosas excepciones, la inmensa mayoría de los profesores de la escuela católica (y de los profesores que imparten Religión católica en la escuela pública, trabajadores y trabajadoras de Cáritas y otras movidas asistenciales, personal sanitario de centros médicos de ideario católico, etcétera) ni son evangelizadores ni están especialmente enamorados de Jesucristo; y mucho menos si cabe se manifiestan como fieles seguidores del Magisterio de la Iglesia, del que por lo general sistemáticamente pasan y descreen.
En verdad, la inmensa mayoría del personal profesional docente de la escuela católica lo hará mejor o peor, su labor docente -y sin duda los habrá muy buenos, bendito sea Dios-, sólo que lo que jode es que el cardenal nos salga ahora con ese pasteleo afirmativo que prácticamente nadie se cree ya: la escuela católica, salvo muy excepcionales casos, no promociona, entre su profesorado contratado, a buenos evangelizadores enamorados de la causa de Jesucristo -cuyos predilectos siguen siendo los pobres, los hambrientos, los marginados: los evangelistas Mateo y Lucas coinciden en este mensaje en sus respectivas versiones de las Bienaventuranzas-. Desde la escuela católica, lo que se sigue promocionando se llama movidas clasistas, burguesas, nepotistas, corporativistas, conservadoras, antimilitantes y desencarnadas... La gente lo sabe, la inmensa mayoría, incluidos, natural, los que más sufren la hipocresía de que las cosas funcionen así -a menudo yo mismo siento que es tan hipócrita e indecente la situación que raya en el absurdo y el cinismo-.

Sólo que la culpa no la tienen los profesionales docentes de la escuela católica, entre los que los habrá excelentes, sin duda, ya lo reconocido, y hasta buenos evangelizadores enamorados de la causa de Jesucristo -pocos, más bien-. La responsabilidad de que las cosas sean como son habría que buscarlas en los responsables de esos centros educativos que toleran todas esas mediocridades, nepotismos, aburguesamientos clasistas, tráfico de influencias y traiciones al ideal que la Iglesia misma establece y propone a todos sus hijos e hijas, no yo que estas líneas escribo, y que sistemáticamente se incumple. De manera que para las muchas personas que conocen que en efecto la realidad de que hablamos aquí y ahora es la que es, ¿qué atractivo puede seguir teniendo la Iglesia? Los que se benefician de que la situación sea la que es, pues eso, se benefician, cojonudo para esos tales; empero, los que ven esa enorme incoherencia, de la que son partícipes incluso los obispos, pues acaban pasando de la Iglesia, lógico, descreyendo de ella, rechazándola, despreciándolo o, sobre todo, ignorándola: la dan por imposible.

Si la palabra hipocresía es la que más sigue sobrevolando, al menos según la consideración de muchísimas personas, sobre los techos, campanarios y actuaciones de la Iglesia universal, ¿pronto volverán a llenarse de fieles los templos? Ni de coña: me temo que la deriva de la secularización y la lenta deserción o apostasía de las mayorías no va a haber dios que pueda pararlas. En gran parte, por culpa de la Iglesia misma, ya he dicho, por su pertinaz y farisaica incoherencia entre lo que enseña y lo que hacen luego, directamente en contra u oposición de la doctrina enseñada, tantos de sus fieles, obispos incluidos. De modo que la Iglesia, que sigue sembrando vientos (los vientos de la incoherencia, la hipocresía, el nepotismo, el tráfico de influencias, el aburguesamiento clasista, el burocratismo...), tendrá que seguir recogiendo tempestades: las tempestades del pasotismo y la total indiferencia hacia ella de mucha gente, las tempestades del descrédito social en que ha venido a caer en España, las tempestades de las crisis de vocaciones y los templos cada día más vacíos, las tempestades de la perplejidad de no pocos de sus hijos que ven estupefactos cómo, después de haber entregado años, esfuerzos y muchos talentos a la causa del Reino, que es la razón de ser de la Iglesia -sacerdotes secularizados en paro (conozco varios casos; piden ayuda insistentemente a la Iglesia y ésta pasa de ellos, más madrastra que madre), ex seminaristas puteados y marginados incomprensiblemente por la institución, etcétera-, la Iglesia los desprecia, no les echa ni una elemental y básica mano misericordiosa, en tanto sigue manteniendo entre su personal profesional a toda ralea de mediocres, burócratas, espiritualistas desencarnados, simples enchufados, trepas y trepillas que se sirven de la Iglesia en beneficio propio, para lanzar sus carreras académicas, por ejemplo; e incluso docentes ateos y agnósticos en la mismísima escuela católica –contra los que nada tengo, sólo que ya conocemos lo que la propia Iglesia afirma al respecto: el profesor de la escuela católica debe ser un evangelizador enamorado de Jesucristo-. Naranjas de la China: ni los obispos que se quejan de eso se creen lo que dicen sobre este asunto, me creo yo.

Desde luego, de las docenas y docenas de profesionales docentes de la escuela católica que yo conozco, evangelizadores y enamorados de Jesucristo y de su Iglesia -insisto, el ideal propuesto no por mí sino por la propia Iglesia-, no me parece conocer a ninguno. A ninguno. Buenos profesionales los habrá, y hasta excelentes hombres y mujeres, honrados, amables, intelectualmente brillantes, adornados con toda clase de valores y virtudes, pero militantes o misioneros enamorados de Jesucristo y de Iglesia, como que no, como que no he tenido la suerte de conocer a ninguno todavía, qué pena, con la alegría que me llevaría conocer a alguno. Y si esto no es hipocresía, que venga Dios y lo vea. O como suele repetir un amigo mío: "Hoy día la Iglesia, al menos en España, parece más puta que santa " -por aquello, no se me escandalicen, de padres de la Iglesia como Agustín de Hipona y Jerónimo, el de la Vulgata: "La Iglesia es una casta meretriz-.
En fin, es lo que hay, sobreabundante.

2. Según la ocurrencia de F. Savater
(http://www.google.es/search?hl=es&gbv=2&q=Luis%20Alberto%20Henríquez%20Lorenzo%2C%20Telde%20Actualidad&gs_sm=e&gs_upl=146033l148519l1l149429)

No creo que el escritor, filósofo, profesor universitario y aun activista social Fernando Savater alcance a leer este artículo mío; no obstante en caso contrario, no temo que le hubiera de parecer mal lo que de él me permito desgranar aquí y ahora. Siendo el fiel católico que soy -lo que cambia la colocación del adjetivo casi siempre: “católico fiel”, “fiel católico”...- o de la forma como trato de serlo, desde luego bastantes de las opiniones de Savater no me chirrían, como tampoco su excelente estilo literario, o lo que viene a ser lo mismo, su magistral talento expositivo.

Veamos -"reparemos en que"- que Fernando Savater prácticamente desde siempre se ha movido entre el ateísmo más o menos militante y el agnosticismo. Esto no solo lo ha tratado de mostrar ensayísticamente en su obra, sino que él mismo no lo oculta, dando la impresión, cuando en efecto lo manifiesta, de que para él no ser creyente religioso es algo tan natural como natural es el muy placentero gusto que podemos experimentar tomándonos una copita de un gran reserva o fumándonos un estupendo puro habano o palmero.

No siendo un experto en su obra ni en su trayectoria ideológica tampoco, no sé si en la actualidad Savater se considera a sí mismo más ateo o más agnóstico. Con todo, para los intereses y efectos de esta reflexión de quien les escribe no importa tanto dirimir esa duda cuanto sí reparar en el hecho de que Fernando Savater lo que sí continúa siendo es muy anticlerical. En tal medida anticlerical que, hasta donde alcanzan mis informaciones y conocimientos y con el permiso de otros autores como Gustavo Bueno, Gonzalo Puente Ojea, Xavier Sábada, Alfredo Fierro, José Monserrat Torrens, Antonio Peñero, de entre una prolija lista de citables, Fernando Savater pasa por ser uno de los grandes y más preclaros críticos, al menos en España, del hecho religioso en general y de la Iglesia católica en particular.


De modo que abrigo pocas dudas sobre que, cuando en su reciente libro Historia de la Filosofía sin temor ni temblor (Madrid, Espasa, 2009) afirma que "[...] Por fin llegó el gurú, una especie de faquir de lujo que llevaba un turbante con pluma y todo, túnica de colorines, etcétera (una advertencia: desconfía de todos los que se ponen uniformes raros para tratar con la gente: medallas, gorros, capas y lo demás; casi siempre lo único que pretenden es impresionarte para que les obedezcas) [...]", en el momento de redactar esas líneas (subrayado mío, esto es, cursivas, página l5 del susodicho ensayo), sin duda estaría pensando en la jerarquía católica; no únicamente en ella, pero también en ella y, añadiría yo, especialmente en ella.

Más clara, el agua: para algo Savater sique siendo el pertinaz y no poco lúcido crítico que es del cristianismo en general -e incluso yo diría que del hecho religioso globalmente considerado, más fenomenológicamente o menos- y de la Iglesia católica en particular. Devoción suya que ahora mismo, aquí y ahora, me viene muy bien, como anillo al dedo, para los efectos de esta reflexión mía.

Porque ¿se imaginan a un obispo en traje de baño exhortando a la feligresía a que a él mismo como obispo deben tratarlo con "unción", reverencia, de manera "segregada"? ¿Se imaginan lo que puede ser un obispo desnudo? ¿Qué autoridad puede ejercer un prelado católico que se decide a rebajarse de su pedestal, de su cátedra, y se va, tan tranquilo, como uno más de entre el común de los mortales, a tomarse unas cervecitas y unas tapitas con la peña? Al Jesús de los Evangelios, al menos yo sí me lo figuro obrando así -puesto que según consta en los relatos evangélicos, solía obrar así-, departiendo amigablemente, de tú a tú con las gentes sencillas del pueblo; a un obispo católico, difícilmente, por no decir, en expresión forzada, "casi imposiblemente". Si en la predicación itinerante de Jesús de Nazaret, el profeta galileo, hay clarísimas resonancias que lo emparentarían con los filósofos cínicos, por ejemplo, ¿con quiénes comúnmente habríamos de emparentar a tantos y tantos jerarcas católicos que predican desde posiciones de privilegio y de poder?

Recuerdo un artículo que alcancé a leer hace algunos días en el blog La cigüeña de la torre, de Francisco José Fernández de la Cigoña. Éste, católico seglar de setenta y pico años, "orgulloso de ser católico", según confiesa él mismo, me supongo que discrepará abiertamente del 99% de los postulados y opiniones de Savater; o no, no es asunto mío. Comoquiera que sea, la existencia de obispos desnudos no debe precisamente gustarle ni pizca al bueno de Fernández de la Cigoña (Pacopepe para los amigos), su muy visitado blog alojado no en balde, me supongo, en Intereconomía, grupo mediático que se siente "orgulloso de ser de derechas".

Y no debe gustarle porque la leña principal que el citado bloguero reparte es casi siempre contra los obispos "progres, de izquierdas, avanzados en lo social, cercanos a la gente, al menos dentro de lo que cabe". Pero a lo que iba: en el artículo que leí de su blog, el señor Cigoña lamentaba que el obispo Echarren -en su blog, aparecen comentaristas que "no perdonan" a Echarren el que fuera tan cercano con la gente, que prefiriera incluso que lo tutearan, que lo llamaran solamente Ramón y no monseñor, ilustrísima ni nada de eso a lo que tan dados deben ser, me supongo, los prelados y hasta curas de la FSSPX (Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que son los adalides de la misa en latín, además de críticos con el dialogo ecuménico y no digamos interreligioso, por no hablar de la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa y de conciencia...)-, salga a la calle en chándal y en zapatillas de deporte (playeras decimos en la provincia de Las Palmas, tenis en la de Santa Cruz de Tenerife), por Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, donde reside como obispo dimisionario de Canarias y como hijo predilecto de nuestra ciudad, siempre abierta al mar, como gueriéndose recostar plácidamente sobre su orilla, con los sentidos puestos en el exterior allende la línea del horizonte...


Según Pacopepe -para los amigos-, un obispo no debería salir a la calle de esa guisa. Un obispo tiene que darse porte... de obispo. Pero entonces ¿qué es ser obispo o ejercer de obispo? ¿Ejercer de obispo es ese darse porte o es más bien debería ser comportarse de manera fraterna, servicial, cercana, afectuosa, comprometida sobre todo con los sectores más humildes de la sociedad, según el ejemplo de Jesús de Nazaret, cuya itinerancia de predicador que no tenía ni dónde reclinar la cabeza, ya hemos reconocido que no pocas concomitancias o similitudes presenta con el modus vivendi de los filósofos cínicos griegos, los cuales eran ciertamente en no poca medida antisistema?

Yo, qué quieren que les diga, no considerándome propiamente un católico secularista aunque tampoco, en modo alguno casi diría, afín a los postulados más extremos del conservadurismo católico, me siento libremente más próximo a la opinión de Fernando Savater -"ocurrencia" la llamo en el título que doy a este artículo- que a la de Francisco José Fernández de la Cigoña. Y además estoy leyendo con gusto la citada obra de Savater, que voy encima a recomendar que también lea al único alumno a guíen doy clases particulares actualmente de Filosofía -no en balde es una obra especialmente escrita para acercar la historia de la filosofía a los jóvenes estudiantes de Secundaria y aun de estudios universitarios-: por culpa de la espantosa crisis que atenaza España, de mi incurable ingenuidad idealista -al “renunciar a todo, incluido mi trabajo”, con ocasión de mi ingreso en el Seminario Diocesano de Canarias- y de la miserable hipocresía eclesiástica (cfr. al respecto mi ensayo ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor", Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 20ll**), sobrevivo malamente con clases particulares. Como el mismísimo Fichte hiciera en largos períodos de su vida, aunque yo a años luz, ni que reconocerlo habría menester, del talento filosófico del no poco "genial" émulo de Immanuel Kant.

3. Trigésimo aniversario del asesinato de monseñor Óscar Romero
http://www.teldeactualidad.com/hemeroteca/articulo/opinion/2010/4/5/4589.html

Luis Alberto Henríquez Lorenzo


Consideraciones preliminares

Considerándome muy probablemente más indigno, aburguesado, individualista, insolidario y mal discípulo de Jesucristo –de cuya Iglesia universal, empero, no me avergüenzo, a pesar de mis muchas faltas y de las innúmeras faltas de la Iglesia y de la incomprensión sufrida por mí mismo de parte de algunos sectores y personalidades de la Iglesia- que muchos adalides del progresismo eclesial, he de reconocer, no obstante, que monseñor Óscar Romero ni me pareció en su momento, y mucho menos me lo parece ahora, con la inevitable perspectiva histórica que van tomando los hechos, un prelado diríamos que secularista, mundanizante.

Todo lo contrario: a través de sus escritos, no muy abundantes, y a través de sus homilías, lo que se descubre, me parece, es un hombre profunda y radicalmente comprometido con la justicia social porque profunda y radicalmente fue un hombre de Dios, del Dios de Jesucristo. Y un profundo y convencido enamorado de la Iglesia, santa y meretriz, en afortunada expresión de cuño agustiniano, a pesar de sus desencuentros con personalidades y sectores de la Iglesia. Pero esto sí: al menos quien estas líneas escribe no ha logrado encontrar, “bebiendo” de la espiritualidad tan prístinamente cristiana presente en el pensamiento de monseñor Óscar Arnulfo Romero (San Romero de América, según expresión del obispo dimisionario de Sao Félix do Araguaia, el claretiano catalán Pére Casaldáliga), justificación alguna para la vertebración de un catolicismo guerrillerista, cheguevarista, castrista, chapista o evomoralista.

En absoluto: cuanta más pasión por la justicia social se descubre en el pensamiento espiritual de monseñor Óscar Romero, más se puede aprehender, me parece, su total identificación con la causa de Jesucristo, con la de la Iglesia universal, y con la de la no violencia activa. De manera que justamente por ello me parece entender las recientes palabras del actual obispo auxiliar de San Salvador –de cuya diócesis metropolitana fue cuarto arzobispo monseñor Óscar Romero-, monseñor Gregorio Rosa Chávez, al afirmar que el legado de Óscar Romero “se ha politizado”. Lo reconoce en una entrevista concedida al semanario católico Vida Nueva: el legado de Óscar Romero se ha politizado, reconoce el prelado salvadoreño, sobre todo por parte de grupos revolucionarios de inspiración marxista, ideología que en modo alguno aparece recogida en el pensamiento espiritual del obispo mártir salvadoreño.

Pero también se ha politizado en sectores de la Iglesia católica; mejor, se ha progrestizado (de ahí mi referencia inicial al progresismo eclesial): a menudo se ha utilizado la figura del obispo mártir salvadoreño para criticar tal o cual actuación del Papa de turno, tal o cual acción pastoral o tesis teológica del Magisterio, como si el obispo mártir salvadoreño estuviese a favor del aborto o incluso, dando un salto en el tiempo desde su tiempo al nuestro, de los mal llamados matrimonios entre homosexuales, pongamos, en tanto el Magisterio los condena. No, nada es así. Y la verdad, al menos yo no he sabido encontrar esas “incompatibilidades” entre el pensamiento teológico y la acción pastoral del obispo salvadoreño y la llamada con desprecio Iglesia oficial o vaticana; digo diferencias insalvables, más allá, obvio, de las discrepancias típicas existentes en toda familia, en toda familia humana.

Meollo del asunto
De modo que cuando pienso en Óscar Romero pienso en alguien como Dom Hélder Cámara, otro de los grandes profetas de la Iglesia y de los Pobres, precisamente por ser un enamorado de Jesucristo. Óscar Romero y Dom Hélder Cámara amaban con auténtica pasión a la Iglesia; muchos adalides del progresismo, en cambio, eclesiales y no eclesiales (es decir, ateos, anticlericales diversos, cheguevaristas, etcétera), desprecian de mil maneras a la Esposa de Cristo, tan santa como prostituta, cierto (esto es, tan saturada de hipócritas, embusteros, cínicos…), pero la Esposa del Esposo. Óscar Romero y Dom Hélder Cámara -quien mantuvo el hábito de levantarse, durante décadas de su longeva y fecunda vida, a las tres de la madrugada prácticamente a diario para la oración personal; de esta práctica fui yo mismo, humilde seglar, testigo ocular- fueron creyentes profundamente espirituales, profundamente orantes; no pocos sectores progresistas, intraeclesiales y extraeclesiales, desprecian la vida espiritual en general, y la oración cristiana en particular.

Óscar Romero y Dom Hélder Cámara amaban con pasión profética y misionera la eucaristía: el salvadoreño Óscar Romero murió acribillado a balazos mientras celebraba misa; Dom Hélder Cámara -yo tuve ocasión de ver esto en vivo y en directo- se emocionaba vivamente al celebrar la eucaristía; muchos secularistas o mundanistas, no obstante, desprecian la eucaristía, las prácticas de fe piadosas, etcétera, que el propio monseñor Óscar Romero no despreciaba, pues no en vano él mismo "procedía" de una espiritualidad conservadora y tradicionalista, la propia del Opus Dei, con algunos de cuyos miembros, por cierto, mantuvo siempre una relación muy cordial, hasta la víspera misma de su muerte.

A pesar de sus desencuentros con la Santa Sede, monseñor Óscar Romero no zahería a la Iglesia, a sus pastores, al Papa, etcétera; Dom Hélder Cámara repetía y repetía que se consideraba amigo de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II, a los que consideraba grandes discípulos de Jesucristo y excelentes papas -al tiempo que ciertos representantes del progresismo eclesial consideraban que es que el arzobispo dimisionario de Recife decía lo que decía porque ya chocheaba; también fui testigo de esto-. Empero, no pocos adalides del progresismo eclesial desobedecen como por sistema a los pastores -con lo cual se sitúan al margen de la doctrina y del espíritu del Vaticano II, pese a que afirman creer mucho en este, argumentando que lo siguen sin concretar en qué se basan para sostener que lo siguen-, e insultan al Papa. Y no es que desobedezcan en asuntos opinables, es que pasan de la doctrina de la Iglesia en cuestiones dogmáticas o sustantivas de doctrina social, doctrina moral personal, etcétera.

Y para más inri, algunos y algunas de esos pertinaces desobedientes a la doctrina de la Iglesia universal, con el Papa a la cabeza, se ganan la vida en asuntos y movidas de la Iglesia con cuyo credo no están de acuerdo. En fin, lo de “contradicciones veredes”, amigo Sancho, también en el seno de la Esposa del Esposo. Sólo que, precisamente esa clase de contradicciones en los tiempos que corren, con una crisis descoyuntando el horizonte mediato a corto, medio y…

De modo que sí: todo lo anterior es lo que no consigo casar bien con el legado espiritual de alguien como monseñor Óscar Romero.


Un poema

Imagínate el sol espléndido.
Como un león tendido sobre el cielo.
No ruge. Sólo brilla. Intensamente.
Rabiosamente el día soleado.
Las playas, recostadas en sus curvas.
Imagínate…

A decenas de amadas a la espera.
Con sus manos exactas, sus muslos y sus risas.
El vértigo del mar lleno de abismos.
A decenas de amadas que me aguardan.
Con su estructura corporal de senos y pájaros.
Con sus labios que vienen a reinventar la gloria.
Con ostras y con dátiles escondidos.
Con cabellos que han sido trenzados para mí.
Imagínatelas con triángulos y con curvas.
Con sus vientres fecundos en que sembrar semillas.
Imagínatelas.

Imagínate entonces cuánta pena
por lo que no tendré.

Contemplo una sonrisa.
Las piernas. Las maneras de esa sonrisa.
Contemplo la emoción
crecida contra mí.
Memorias súbitas de rostros en que sostuve
la ilusión del amor definitivo.
Imágenes impresas sobre el ala
de un gran deseo inconsolable…
Stop. Párense aquí,
imágenes impresas sobre el ala
de un gran deseo inconsolable.
Párense aquí. Stop.
Detengan su aguijón que me envenena.
La sangre enamorada que me habita
querrá gritar su grito bajo el sol
espléndido. Para el amor, sí, para las playas.
La sangre que no sabe de silencios, de pausas,
de opciones contra la arquitectura de mis huesos.

Silencio. Párense aquí.
Deténganse, recuerdos.
Mi sangre enamorada parece que dormita.
Tengo una calma extraña. Deténganse.
Imagínate el sol espléndido.

Pues bien. Es como si esa renuncia fuese cierta.
Verdad. La veo tan posible. Libertadora.
Como si siempre hubiese estado.

Silencio. Pausa. Deténganse. Silencio.

Más allá de las curvas y los triángulos.
Más allá de los besos. Más allá del deseo.
Más allá de las ostras y los dátiles.
Como fiera agazapado.
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