La fe del centurión homosexual cura a su amigo (Mt 8, 5-13)

No le cura Jesús, sino la fe del centurión amigo, como dice expresamente el texto: ¡Que se haga como has creído!

No le "cura" de su condición sexual, sino de su enfermedad, y lo hace a través de la misma fe/amor homosexual del centurión.

Así lo expuse el otro día en RD (17, 3. 15), con un trabajo de A. Álvarez y otro mío http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2015/03/17/p365991#more365991.

Pues bien, ayer, RD ha recogido el tema de Ariel Álvares, sin reproducir su trabajo (cf. http://www.periodistadigital.com/religion/america/2015/03/20/el-milagro-de-jesus-a-la-pareja-del-centurion-gay-iglesia-religion-dios-jesus-papa-obispo.shtml ).

En ese contexto, y para situar mejor el tema, quiero retomar nuestras contribuciones, tuvieron bastantes lectores directos (ya el primer día más de 3800), y muchos más indirectos, especialmente a través de facebook (https://www.facebook.com/xabier.pikaza ), con decenas y decenas de comentarios, muchos favorables y amistosos, pero algunos desabridos, incluso con insultos (que indican que el asunto no ha sido acogido con naturalidad, por resistencias personales y fobias).


No he querido imponer mi visión a nadie, sino abrir una puerta de investigación bíblica y de madurez humana, leyendo el evangelio en diálogo con otros. Pienso (con otros muchos investigadores) que el motivo central de Mt 8, 5-13 par (con todas sus variantes) no es una curación más entre otras, sino la de un centurión homosexual que cura a su amigo de la enfermedad, no de la homosexualidad.

Se que han existido (y existen) escuelas y hospitales de Iglesia (¡quizá muy bien intencionados!) para “curar” la homosexualidad, para que los homosexuales dejen de serlo . Pues bien, ese camino me parece equivocado y contrario al evangelio.

Estoy convencido de que el tema no es “curar” la homosexualidad, sino a los homosexuales enfermos (que los hay, sin duda), para que se relacionen entre sí como personas, en libertad y en evangelio.


En esa línea se sitúa el decálogo que sigue (fundado en gran parte en mi libro sobre La familia en la Biblia, Verbo Divino, Estella 2014). No se trata de curar a los homosexuales enfermos desde fuera, sino que ellos mismos se curen entre sí, por fe y amor, como supone este “milagro” de Jesús.

Imagen 1: Jesús y un soldado
Imagen 2-3: terapias y pastillas para curar homosexualidad



JESÚS Y LA CURACIÓN DE LOS HOMOSEXUALES ENFERMOS, UN DECÁLOGO

Texto


Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido».
‒ Jesús le dijo:«Yo iré y le curaré».
‒ Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace».
Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían:

‒ En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.

Entonces Jesús dijo al centurión: Vete, y que se haga según tu fe. Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-13).


No quiero imponer ningún tipo de dogma, sino ofrecer una lectura positiva del texto de Mt 8, 5-13. Ciertamente, no todos estarán de acuerdo con lo que digo, pero me gustaría que prestaran un poco de atención a mi “argumento”. Sin duda el “pais” del pasaje, al que Jesús cura a través del Centurión, puede ser también un hijo o criado, aunque me parece mucho más probable que, dado el contexto pagano y militar en que se inscribe el texto, sea un amigo-amante homosexual, como irá indicando el “decálogo” que sigue.

1. Sentido de la palabra “pais”.


Mt 8, 5 dice que el centurión de Cafarnaúm tenía un “país” muy conocido. Pues bien, para ver el mundo de esa palabra en el helenismo y en el entorno pagano de Jesús basta mirar por arriba el Thesaurus Linguae Graecae (y Latinae) para ver que en los contextos pertinentes, ella significa amante homosexual.

Ciertamente, en la traducción de los LXX y en el griego del Nuevo Testamento (o de los Padres de la Iglesia) esa palabra (país) recibe, en general, el sentido de hijo o servidor, como indican las concordancias bíblicas y el diccionario de Lampe (Patristic Lexicon). No es necesario dar ejemplos. Pero el texto de Mateo no se limita a repetir estereotipos anteriores, sino que abre una experiencia nueva de evangelio, y así puede utilizar esa palabra en un sentido “menos bíblico”, pero más abierto a su contexto social y religioso, desde su recuerdo de Jesús y desde la comunidad en la que (y para la que) escribe, que parece ser de Antioquía.


2. Historia de Jesús.

Es difícil precisar en cada caso lo que Jesús hacía, y la gente de su compañía, pero le acusan de andar con publicanos, prostitutas y gentes de “mala vida”. En ese contexto se sitúa su relación con los soldados y en especial con los centuriones, como sabe no sólo el evangelio, sino también el libro de los Hechos, como he puesto de relieve no solo en mi Historia de Jesús, sino también en otros libros (el NT ofrece una auténtica “saga de centuriones”.

Pues bien, este Centurión de Cafarnaúm no era un cualquiera, un desconocido, sino uno de los dos hombres más conocidos del pueblo, el otro era el archisinagogo (la autoridad político-militar y la religiosa). Es significativo el hecho de que Jesús cura a sus “personas” más queridas: a la hija del archisinagogo (según Mc, Mt y Lc), y al “país” del centurión (Mt, Lc y Jn). Es muy significativo el hecho de que la curación del “país” del centurión falte en Mc, pues debía ser un tema muy conocido (creo que en mi comentario a Mc ofrezco la razones de fondo de ello, partiendo del “buen” centurión de la Cruz, que confiesa su “fe” en el Cristo crucificado).

Es, a mi fondo, evidente que en el fondo de este milagro del centurión hay un recuerdo histórico que los evangelios han interpretado de formas diversas, según su perspectiva teológica y social, un “milagro” que ha impactado poderosamente a los seguidores de Jesús, de tal forma que ellos lo han interpretado como expresión de una nueva experiencia de vida y evangelio.

3. Documento Q

Lo más sorprendente es que este milagro del Centurión y su “país” aparezca en el documento Q, que sólo recoge de hecho “palabras” de Jesús, dichos sapienciales y proféticos (sin milagros, sin relato de la pasión). Pues bien, si un texto como Q asume y presenta este relato es porque a su juicio resulta absolutamente importante, tanto por su contexto (es el milagro de un Soldado) como por su contenido (es el milagro de un “país”, de un varón con otro varón), en un contexto de misión universal de Jesús.

El texto y tradición del Q está al fondo no sólo de Mt 8, 5-13, sino también de Lc 7, 1-10 (y quizá de Jn 4, 43-53). Todo nos hace pensar que recoge una tradición poderosa de Jesús, trasmitida y recreada por sus discípulos itinerantes de Galilea, después de su muerte. Es aquí donde se debe acudir para buscar el sentido del tema, en el contexto de la relación de Jesús con los soldados, desde el trasfondo social que ello implica.

Por ahora, que yo sepa, no se ha elaborado un trabajo sistemático sobre esta perícopa o narración del Soldado con su Pais, aunque quizá se haya hecho en los últimos años (revisaré la bibliografía). De todas formas, como me han pedido que aduzca algo de bibliografía exegética en apoyo de mi “hipótesis” (¡ésta no es una tesis!), quiero citar la obra imponente de S. Schulz, Q. Die Spruchquelle der Evangelisten (TVZ, Zürich 1972), que es antigua, pero que sigue siendo autoridad fundamental sobre el tema. Cf. pág. 242, nota 443, con los autores que allí se aducen.

4. Curación de relaciones.

Jesús cura no sólo personas, sino “relaciones” personales. En ese fondo sería importante comparar el tema del “pais” del centurión con otros parientes (sobre todo hijos), a los que Jesús cura a través de otra persona. Éste es un tema que aparece sobre todo en el evangelio de Marcos:

‒ A través de la madre, Jesús cura a la hija de siro-fenicia (Mc 7),
‒ A través del padre Jesús cura a la hija del archisinagogo (Mc 5)
‒ A través del padre Jesús cura al hijo lunático del hombre poco creyente (Mc 9).

Eso significa que Jesús cura a unas personas a través de otras, especialmente en un entramado de relaciones personales. Sería conveniente ver el contexto en que se ha trasmitido esos “milagros”: qué tipo de Jesús y de iglesia reflejan, antes de la fijación de los evangelios y de las grandes comunidades cristianas. Pues bien, en este contexto se sitúa el “milagro” del soldado homosexual que tiene que curar a su amante. Como el padre cura al hijo, como la madre a la hija… así este soldado ha de curar con su “fe” a su amante homosexual.

4. Redacción de Lucas (7, 1-10).

He dicho que el texto viene a través de Q, de donde lo han tomado Mateo y Luchas. Siguiendo en esa lína, todo nos permite suponer que Lucas trasforma la escena mucho más que Mt, dentro de su “saga” de los buenos centuriones y de su contacto con el mundo romano. Este centurión de Lc 7 ha de verse a la luz de los otros dos “buenos” (buenísimos) centuriones de su saga: del gran Cornelio creyente de Hch 10 (ejemplo de bondad y de fe) y del también gran Julio amigo humanitario que lleva a Pablo de Cesarea a Roma (Hech 26-27)

En su esfuerzo por “convertir” a los centuriones romanos, presentándolos como ejemplo de humanidad, amigos de los buenos judíos (y cristianos), ofreciendo un ejemplo espléndido de ecumenismo que evoca el tiempo de Lucas más que el de Jesús (o el del mismo documento Q), Lucas no puede presentar a este centurión de Cafarnaum como un homosexual (¡eso iría en contra de su tesis!), y por eso convierte a su “país” (amante/hijo) en siervo (doulos). De todas formas, aunque pone “doulos” en vez de “pais”, Lucas añade que era “entimos” (de gran valor y honra pare el centurión), con lo cual parece conceder por una parte lo que niega por otra; todo el peso del texto cae ahora sobre el sentido que tiene “entimos” al aplicarse al “doulos”.

5. Redacción de Mateo

Sólo teniendo en cuenta lo anterior se puedo buscar el sentido del pasaje en la redacción de Mt, que introduce aquí el nombre “pais” en el contexto adecuado (un centurión, un puesto militar), lo que nos lleva a pensar que es un amante homosexual, aunque en otros contextos él (Mateo) ha tendido dar a esa palabra el sentido de “hijo”. En este contexto puede leerse el trabajo antiguo pero importante J. M. D. Derret en NT 15 (1973) 161-186. Algunos comentarios “científicos” y muy buenos a Mt (como el U. Luz) pasan como sobre ascuas por el tema… refugiándose cómodamente en un tipo de posible ambiente redaccional, olvidando la prehistoria del texto, y el carácter de apuesta social de su evangelio, en el contexto de Antioquía (donde parece haber sido escrito).

Mateo es, por un lado, el más judío de todos los evangelios, siendo, al mismo tiempo, el más anti-fariseo. Mateo convierte a Jesús en cumplidor estricto de la Ley (cf. Mt 5, 17-19), pero, al mismo tiempo, busca un sentido más hondo y universal de la Ley israelita, centrada en la justicia, la misericordia y la fidelidad (cf. Mt 23, 23). Pues bien, en ese contexto, el puede conservar y conserva este pasaje en el que retoma el impulso originario de Jesús, amigo de publicanos y pecadores, capaz de penetrar en las diversas formas de sexualidad distinta o alternativa (cf. Mt 19, 12: sobre los eunucos).

6. Interpretación del texto…

La grandeza de Mt 8 está en que nos deja el texto en su “ámbito” romano-militar. Desde ese fondo hay que verlo, no desde la “moralidad” de algunas comunidades cristianas posteriores. Éste texto es una ventana abierta hacia fuera de la iglesia, hacia un mundo exterior que otros demonizaban (en aquel tiempo, lo mismo que ahora) mientras que Jesús no lo demoniza, sino que sabe entender sus problemas.

En esa línea es necesario situar este pasaje dentro de los “diez milagros” (3+3 +3+1) arquetípicos que Mateo ha condensado en Mt 8-9, en un contexto de llamada al seguimiento y de transformación humana. Pues bien, la primera tríada está formada por el leproso, el centurión y la suegra… Ellos forman el primer “material” del camino del reino, un fuerte camino de transformación que sólo se comprende a la luz del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) y de la subida a Jerusalén.

Más aún, este milagro del centurión y su “amante” se sitúa en la línea de la misión universal de la Iglesia de Jesús, de manera que en este contexto se puede afirmar que vendrán “creyentes” de todas las naciones de la tierra, descubriendo y aceptando la novedad salvadora de Jesús, por encima de un tipo de judíos apegados a una ley cerrada.

7. Curación “indirecta”: Un homosexual cura a otro

Jesús vuelve al origen de la vida, al lugar de las duras y complejas relaciones que existen en el mundo, para reconocerlas y transformarlas desde el evangelio (como supone Mt 19, 12, texto ya citado). Pues bien, entre esas relaciones duras está la del centurión homosexual con su “país”. Esa relación algo que está ahí, y que no se puede empezar condenando (en contra de lo que hace una lectura ingenua de Pablo: Rom 1, 18-32), sino transformando.

Jesús no dice si la homosexualidad es buena o es mala, no es ésa su tarea, pero ayuda a vivir al homosexual que le pide ayude, remitiéndole a su “fe”. Es él (este centurión) el que tiene que creer y curar a su “país/amigo” homosexual. No se trata pues de una enfermedad “privada”, sino de una enfermedad de “relación”, y es la relación (la fe del centurión) la que debe ponerse de relieve, pues es ella (sólo ella) la que puede curar al enfermo (no de su homosexualidad, sino de su enfermedad).

De esa manera, este “soldado creyente”, desde su propia homosexualidad, puede ser signo de todos los pueblos que vienen a Jesús y que reciben/acogen su mensaje de Reino.

8. Jesús no entra en la casa, no es preciso

Ésta es una curación a “distancia” (como ha puesto de relieve el texto paralelo de Juan 4, 46-54 (que habla de un “regulo” o reyecito), lo mismo que en el caso de la cananea (Mc 7, 24-30); en contra de lo que sucede en el caso del Archisinagogo (Jesús entra en la habitación de su hija enferma/muerta: Jc 5), Jesús no entra por ahora en el mundo pagano; es la madre pagana la que debe curar a su hija. Pues bien, también en nuestro caso, Jesús no entra en la “intimidad” de la casa/cuartel, es decir, en las relaciones íntimas del centurión con su “país”.

Jesús está dispuesto a entrar (¡yo mismo entraré y le curaré! Mt 8, 7)… Pero el centurión se lo impide, por muchas razones: No es preciso, por ahora, que Jesús entre en un cuartel de ocupación, ni en la casa/cuarto de unos homosexuales… Puede hacerlo, por ahora, desde fuera, pues tiene una palabra poderosa.

Lo más significativo es que Jesús “entiende” y acepta las razones del centurión, por fe, por rubor humano, por respeto. Acepta y aprende: Es el mismo centurión el que tiene que “curar” su relación humana con el “país”, el que debe curar su homosexualidad, no para dejar de ser homosexual, sino para serlo en la línea del Sermón de la Montaña (es decir, del perdón y de la gratuidad, de la misericordia y de entrega de la vida).

9. ¿Una novela? Otras posibles lecturas

Hay entre los lectores “cristianos” actuales algunos que quieren convertir el evangelio en un código de moralismo (¡no de moralidad!) y en un Derecho Canónico. Quieren buscar respuestas claras y distintas, que les digan desde fuera aquello que han de hacer, como si Jesús fuera un Descartes y el evangelio una Ley Civil Impositiva.

En contra de eso, el evangelio ofrece una lectura abierta de los hechos, una lectura comprometida, comentada… que está más cerca del arte y de la imaginación creadora. En este contexto quiero recordar a G. Theissen, que ha escrito algunos de los mejores libros sobre sociología y psicología del Nuevo Testamento…, pero que en La Sombra del Galilea ha querido escribir una novela, en la que ofrecido su visión de nuestra escena. Son muchos los que le están agradecidos por ello. Quizá se entienden mejor los evangelios desde una buena narración que desde una filosofía muy teórica.

En esa línea he querido situarme, y quizá, si tengo tiempo y salud, escribiré también una narración literaria (¿nivola?) sobre Jesús, abriendo en ella (por ella) una puerta de evangelio… En ese contexto he de afirmar que la homosexualidad (con otros temas) constituye un asunto complejo… No tengo soluciones. Sólo sé que el contacto con el evangelio de Jesús me ha hecho perder mi rigidez antigua, mi seguridad machista. Hoy me siento perplejo y gozoso ante esa puerta de evangelio, y bendigo a Dios por la variedad y riqueza de la vida humana. Por eso me han interesado y me siguen interesando evangelios como éste del Centurión y su “pais”.

10. Conclusión, Jesús cura al centurión homosexual

Pero no le cura “de su homosexualidad”, sino de su enfermedad, de la suya (su falta de fe…) y de la enfermedad de su amigo (pues es la misma fe del centurión la que puede y debe curar a su “país”). Lo que ellos hagan después, en su caso cuartel, no es asunto de Jesús, que no ha venido a regular relaciones “canónicas”, sino a abrir caminos de vida, personal y comunitaria.

Para leer más? No conozco toda la bibliografía sobre el tema, pero algo he leído. Lo mejor que conozco sobre el tema es el libro de H. Moxnes, Poner a Jesús en su lugar. Una visión radical del grupo familiar y el Reino de Dios, Verbo Divino, Estella 2005. Entre las cosas que he visto recomendaría además:

‒ M. BORG, «Homosexuality and the New Testament»: Bible Review 10 (1994) 20-54;
‒ D. MARTIN, Arsenokoites and malakos: Meanings and Consequences. Biblical Ethics and Homosexuality, Westminster, Louisville 1996.
‒ J. BOSWELL, Las bodas de la semejanza, Muschnik, Barcelona 1996; Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, Muschnik, Barcelona, 1992, ha demostrado que la iglesia primitiva (hasta el siglo XII) no solamente no condenaba a los homosexuales, sino que incluso admitía y bendecía su vida, con un tipo de “sacramento” litúrgico, admitido en muchas comunidades de oriente y occidente. Sólo a partir del siglo XIII, con la introducción de una visión nueva de la “naturaleza humana” se empezó a condenar la homosexualidad, no sólo opuesta a la doctrina de la iglesia, sino como naturalmente perversa. En la actualidad, aunque la jerarquía católica romana mantiene una postura tradicional (que proviene del siglo XII-XIII), el conjunto de la sociedad y de la iglesia se está situando de un modo distinto ante el amor homosexual.
‒ J. ALISON, Una fe más allá del resentimiento. Fragmentos católicos en clave gay, Herder, Barcelona 2003;
‒ D. B. COZZENS, La faz cambiante del sacerdocio, Sal Terrae, Santander 2003;
‒ C. DOMÍNGUEZ (ed.), La homosexualidad. Un debate abierto, Desclée de Brouwer, Bilbao 2004.
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