Más de 80 personas han muerto desde el lunes pasado en enfrentamientos armados entre el ejército ugandés y pastores nómadas Karimoyong en el noreste de Uganda. Si algo así hubiera ocurrido en Oriente Medio o en cualquier otra zona del mundo donde hay intereses económicos o estratégicos por medio la prensa internacional habría hablado de ello con titulares destacados y la comunidad internacional hubiera puesto el grito en el cielo, pero en Karamoja no hay petróleo.
Karamoya es una zona semidesértica donde sus habitantes, de vida seminómada, viven del ganado. Desde finales del 1979 la mayor parte de sus hombres van armados con fusiles automáticos, y el robo a mano armada de vacas y cabras se ha convertido en un medio de vida. El ejército ha intentado en numerosas ocasiones desarmar a los guerreros, pero los intentos siempre han terminado en una escalada de violencia.
Los últimos incidentes trágicos empezaros el 12 de febrero, cuando el ejército de Uganda interceptó un grupo de guerreros Karimojong con al menos 2.000 cabezas de ganado que sospechó habían robado en distritos vecinos. Durante la escaramuza cuatro murieron cuatro soldados y seis guerreros. Al día siguiente los pastores, enfurecidos, atacaron un convoy de varios vehículos en la carretera de Kotido a Abim, matando a cuatro personas. El ejército lanzó una ofensiva en toda regla con apoyo de carros armados y helicópteros de combate y el 15 de febrero tuvo lugar un batalla en la que murieron 80 hombres armados.
En diciembre del año pasado murieron 150 personas en un incidente similar. En aquella ocasión hubo varias mujeres y niños que perdieron la vida.
Organizaciones de derechos humanos han criticado al ejército ugandés por la dureza de sus métodos empleados durante las operaciones de desarme. En muchas ocasiones, los soldados rodean poblados durante la noche y cuando no encuentran armas se llevan a hombres jóvenes, a los que torturan en las instalaciones militares para hacerles confesar el paradero de los fusiles y arsenales de munición.
Amplias zonas semiáridas de África del Este están habitadas por tribus nómadas de pastores, casi siempre armados. Somalia, el sur de Sudán, noreste de Uganda y norte de Kenia forman un corredor de tráfico de armas ligeras muy difícil de controlar. Todos los años tienen lugar enfrentamientos armados como los de los últimos días que se cobran un elevado número de vidas. Organizaciones humanitarias que operan en la zona han expresado en numerosas ocasiones que esta violencia endémica no suele atraer apenas ningún tipo de atención internacional.