XXVI SÁBADO DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/6-10-2018
XXVI SÁBADO DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/6-10-2018
EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»
COMENTARIO:
Celebramos el Sábado de la Vigésimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario La Iglesia celebra la memoria de San Bruno, presbítero y maestro en teología, nacido en Colonia (Alemania) en el siglo XI, fundador de los Cartujos. Murió la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre del 1572.
En el Evangelio de este Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 10,17-24)
Los setenta y dos discípulos vuelven entusiasmados de la misión y Jesús les recuerda que deben alegrarse “de que sus nombres estén escritos en los cielos”. Y da gracias al Padre su manera de obrar: “Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las revelado a los pequeños”.
Pidamos a Dios, por intercesión de San Bruno, que seamos mensajeros de paz y tengamos un corazón pacificado. Amén.
www.marinaveracruz.net
EVANGELIO DEL DÍA: Lc 10,17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»
COMENTARIO:
Celebramos el Sábado de la Vigésimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario La Iglesia celebra la memoria de San Bruno, presbítero y maestro en teología, nacido en Colonia (Alemania) en el siglo XI, fundador de los Cartujos. Murió la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre del 1572.
En el Evangelio de este Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 10,17-24)
Los setenta y dos discípulos vuelven entusiasmados de la misión y Jesús les recuerda que deben alegrarse “de que sus nombres estén escritos en los cielos”. Y da gracias al Padre su manera de obrar: “Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las revelado a los pequeños”.
Pidamos a Dios, por intercesión de San Bruno, que seamos mensajeros de paz y tengamos un corazón pacificado. Amén.
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