Adán mata a Dios.

Fijémonos en Adán. Dios crea al hombre. Admitamos esto, que es inadmisible, pero en fin... Y lo crea como lo crea, entre otras cosas, libre y racional. Dios consiente que el hombre tenga tales libertades que pueda en un momento determinado decidirse por esto o por lo otro. Consiente, pero parece no darse cuenta de las consecuencias. ¡Dios castiga a Adán por usar las facultades que él mismo le otorgó!
Es la incongruencia del cuento, como tantas incongruencias de los cuentos infantiles donde prima el meollo y no las adherencias (no tiene sentido diseccionar un cuento infantil)
¡Qué sublime tontería la que mantienen los "homiletas" y pastoralistas de hoy! Deducen lo indeducible; paren sermones explicando sin explicar; recitan sin aclarar... Entre otros, Adán. Adán pasa por ser símbolo de la humanidad que suspira por un paraíso perdido, como dijera Milton. Pero a ese paraíso sólo el camino de la cruz conduce. Lo perdió la libertad pero hoy lo ha abandonado la razón hecha ciencia.
Esa es la razón de que tengamos que entrar a saco contra tales “cuentos”. Si se explicaran como cuentos, apólogos de los que se extraen enseñanzas morales, aún. Pero no es ésta la realidad con la que nos encontramos en la práctica diaria... o semanal. Los cuentos del A.T. se siguen recitando de forma literal como si tal cosa.
En otros tiempos la interpretación simbólica, simbológica más bien, llenaba los sermones de Agustín de Hipona, de Gregorio Magno, de Buenaventura... retorciendo de tal manera las Escrituras que uno no sabía ya lo que realmente estaba leyendo. ¡Y pasan por ser Padres de la Iglesia! ¡Y Doctores!
El esoterismo de otros tiempos, visto el producto conseguido, ha reconducido al literalismo. Y éste, lo sabemos y lo saben, no tenía ni tiene salida ninguna. Ni siquiera para nutrir Museos del Prado.