Argumentos y más argumentos... que de nada sirven a la persona normal.

[Consideraciones a propósito del Capítulo II del libro "El Espejismo de Dios", dirigidas a aquellos que una y otra preguntan "cómo sabemos que Dios no existe"]
1. ¿Se pueden aportar razones convincentes? ¿Las hay.-
Insistimos en dos aspectos en los que existe confrontación entre creyentes y personas normales: el primero es el asunto de la demostración "positiva" de Dios; el segundo, el hecho de que los crédulos vean fantasmas y enemigos en las personas normales que no dan crédito a lo que aquellos defienden.
La persona normal, o si lo prefieren, racional, NO niega a Dios. Por una razón muy simple, porque no puede negar aquello que no existe. Dios, como algo controvertido, tiene que ser objeto de demostración por quien lo afirma. Es claro para el que quiera pensar.
Hay que refutar, pues, la que los creyentes dicen "negación de Dios", pretendida o presunta, por parte del razonante: el que piensa racionalmente en Dios, es decir, la persona normal, desiste de encontrar quimeras y centra su pensar y quehacer en lo que es su vida y en lo que puede descubrir; quizá lo que a veces pretenda sea ponerse de acuerdo en “de qué dios se habla” o “cuál es el concepto de dios”. Convendrán ambos en que dioses hay muchos... y ha habido más.
La palabra “dios” es para él vaga, vacía (o progresivamente vaciada) de contenido, algo que no afirma nada: ésta es la razón de que no pueda negar un concepto que él no tiene o del que se han desprendido sus características esenciales. No se habla de “no aceptar”, sino de que “no puede negar” la nada.
En segundo lugar, respecto a dar su asentimiento a algo que él no niega: incluso admitiendo una hipotética probabilidad, está esperando razones serias, fundadas, ciertas, palpables, racionales, universales, lógicas y demostrables –insistimos en cada uno de los calificativos— de su existencia: si esas razones a él no le convencen, la persona normal no puede aceptarlas como pruebas.
El crédulo tendrá que convenir en que “el que no ve” no puede decir “que ve” y menos podrá deducir que hay que matarle o encarcelarle por decir que no ve.
¿Cuál es la postura más lógica, valiente y racional, la del crédulo que acepta todo y no puede negar nada las más de las veces por miedo a sentirse vacío o la del que piensa y está firme en sus convicciones a pesar del posible rechazo social? Piénsese en la osadía que tal hecho constituía en tiempos pasados. Recuerden el devenir vital de Spinoza en su confrontación "atea" con el judaísmo.
2. Tras dejar a Anselmo de Canterbury en la estacada.-
Tras pasar por muchos estadios argumentales, el argumento central, axial, vivencial de la creencia de última hornada es más o menos éste:
Tiene que haber algo más allá de nosotros; tiene que haber algo hacia lo que nos sentimos atraídos; la vida no puede ser esto sólo, tiene que tener una finalidad...
Afirmaciones similares están en el trasfondo y en el sentir de la creencia.
Y he aquí, con palabras textuales, el argumento que esgrimen para aceptar todo lo que presuponen las afirmaciones anteriores:
Es creencia que, después de ser sometida a prueba, se ha comprobado, no científica sino espiritualmente, que es verdad.
Y sobre todo, la prueba contundente:
Es la intuición espiritual que emana de una comunidad fraguada en la tradición...
Qué solemne mistificación de funciones, que agarrotamiento de la razón, qué desvergonzada lógica:
Lo que es evidente para el alma humana no requiere verificación científica. El amor, la compasión, la fidelidad... nada de esto es mensurable y creemos en ello.
Sólo merece el desprecio de la razón quien, argumentando de esta manera, termina en Dios. ¿Por qué? Por algo tan "de cajón" como que del “sentimiento” de algo, no se puede deducir la existencia de ese algo. ¿Alguien se atrevería a presuponer que, de una angustia indefinida e incontrolada, existen seres de carne y hueso que se han colado en su cerebro o demonios provocadores de la misma?
Y así, por el camino inverso de las afirmaciones del “credo”, hasta llegar a la primera, “creo en Dios Padre Todopoderoso”.