Don Olegario González o cómo hacer un buen recuerdo.

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Olegario González de Cardenal, nacido en Lastra de Cano (Ávila) en 1934, es sacerdote de la diócesis de Ávila. Estudió en Munich, Oxford y Washington. Doctor en Teología, ex profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca donde ha sido Catedrático y de la Universidad de Oxford, en la que fue profesor visitante. Director del Seminario de Investigación Teológica creado por Xabier Zubiri en la Sociedad de Estudios y Publicaciones de Madrid, miembro de numerosos Congresos y Comisiones de asuntos teológicos como la creada por el Ministerio de Educación y Ciencia para la elaboración del programa "Sociedad, Cultura y Religión".
Es Académico numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas desde 1986 y Premio Nacional de las Letras Teresa de Avila. Por compañero de fatigas teologales, es amigo personal de J.Ratzinger.
Autor de unas treinta obras sobre tema religioso y de medio centenar de colaboraciones en obras colectivas, así como de numerosos homenajes, prólogos y presentaciones, Olegario González es colaborador habitual en revistas y periódicos de tirada nacional.
Por lo poquísimo que hablé con él el martes pasado, ayer, en la Iglesia de los PP Carmelitas de Ayala,12, en Madrid, reconozco en él una persona afable, de palabra serena, cordial y cercana, convencido, de profesión "sacerdote", en paridad --esto lo añado yo-- a su condición de "profesor" y "escritor".

Tenía ganas de conocerle, después de haber leído un libro suyo y diversos artículos en periódicos varios. El libro Historia,hombres,Dios es una recopilación de artículos que, quizá por eso, condensan mejor su pensamiento. A Olegario se le lee con facilidad; es claro en sus conceptos, no aburre ni aturde, las citas son medidas y tienen buen acomodo en el discurso.
Como ayer estaba por esa zona y sabía lo que allí se celebraba, pasé al interior. Tenía interés en saber cómo un teólogo de altura abordaba el aspecto humano de alguien, Eugenio Vegas Latapié, que había muerto en 1985 y, políticamente, bastante antes. Y quizá también comprobar que los teólogos existen y son de carne y hueso.
¡Qué diferente su "homilía" de las que se soportan por ahí en funerales de cartón piedra!. No es que fuese una maravilla, pero supo decir algo "con sentido humano" engarzado en convicciones de fiel creyente, amén de pastoralista.
La audiencia la formaban exactamente 23 personas, más 3 ó 4 "que andaban por allí". La noche lluviosa. El templo, amplio, moderno... y lúgubre. El evento, celebrar 100 años del nacimiento de un personaje ya desconocido, Eugenio Vegas Latapié. Aunque aniversario --centenario-, aquello tenía tintes de funeral.
Recojo alguna frase suya:
Imitando a Ignacio de Loyola, Eugenio Vegas también se preguntaba: "¿Cómo podría yo contribuir a la mayor gloria de Dios?"
"Recoger la gloria de Dios, sembrarla, dejarse llevar".
Cita un poema de Cristina de Arteaga, intitulado "Sembrad". "Sin saber quién recoge, sembrad..." "Abarcad la tierra... yo abriré la mano para echar mi grano..." "sin saber siquiera si veréis germinar".
Eugenio sufrió dos grandes heridas, dos quiebras: como ciudadano y como cristiano. Su tragedia fue la búsqueda de "la verdad, la autoridad y la unidad", hoy sujetas a una "transvaloración" en búsqueda de la "libertad, la pluralidad y el diálogo".
Eugenio, hombre entero, liberal, cabal, fiel, aunó la lucidez de Tomás de Aquino con la sencillez de Francisco de Asís.
Y terminó su discurso recordando otro poema, éste de Juan Ramón Jiménez, aludiendo a las carretas, los troncos cortados, el olor fresco que despiden...Lo mismo que Eugenio (1)
Se agradece la presencia de una persona con fluidez mental y verbal.
Quizá de la celebración tenga que resaltar, además de la homilía, la presencia de un organista cantor que animó un tanto el lúgubre, desangelado y disperso auditorio: cantos apropiados, buena voz y sentimiento en lo que decía.
(1) De Eugenio Vegas hay suficiente información en Internet para hablar aquí de él. Tiene un puesto en la Historia pequeña de España, pero su nombre está muy asociado a sus convicciones y éstas ya han periclitado. Sus "Memorias" ahí están.