El Islam como refugio salvador. (2/4)
La transformación y el progreso del mundo occidental a partir de la II Guerra, trastornó y confundió la visión y la concepción que el musulmán tenía de la sociedad: sus dirigentes trataron de incardinar los mismos avances y progresos occidentales, pero preservando al mismo tiempo la forma tiránica de gobierno y las creencias teístas ancestrales, buscando la modernidad en proyectos de reconstrucción del mundo con modelos sacados de los textos sagrados.
Demasiado voluntarismo y tarea imposible.
Superadas las primeras barreras, las técnicas, afloraron los problemas enquistados: pobreza, incultura, clasismo feudal, lacras sanitarias, alienación laboral, contaminación de la naturaleza, explosión demográfica, crisis energética, agonía y muerte de ideologías mesiánicas laicas como el comunismo.
El camino inviable de la modernización laica fue aprovechado por las creencias, por una parte, para hacer ver a sus adeptos la “perversión” que supone apartarse de Dios, y por otra, proponer su visión salvadora.(1)
CUANDO EL PODER SE PUDRE. Si la creencia avanza, es porque retroceden política, economía y sociedad.La religión se aprovecha de la descomposición social cuando no la alienta.
La religión no ayuda al poder ni tampoco se enfrenta a él: deja que se pudra esperando su oportunidad. Cuando lo cree conveniente apela a los textos sagrados para hurgar en la pústula.
Cualquier político sensato es consciente, en su interior, del fracaso de su gestión si tal sucede, pero nadie admite que se lo recuerden; y menos en nombre de doctrinas que denigran al ciudadano sin aportar solución alguna a los problemas.
Nada en el Islam es diferente al Cristianismo medieval y la historia pasada de cualquier sociedad se hace vida actual en otras.
IDEAS QUE USAN ARMAS
Las ideas religiosas de los abuelos se hacen lucha armada en los nietos. No se lanzan al viento ideas revolucionarias sin que haya sedientos de doctrina que los beban. Y siempre habrá alguien con la mente vacía, propicia a ser impregnada por la primera ideología que cale en sus sentimientos.
Eso es lo que ha pasado en todos los países islámicos cuyos dirigentes importaron soluciones occidentales, extrañas para abuelos que no las aceptaban, azuzados de añadido por castas religiosas bien asentadas que veían peligrar sus escabeles: se refugiaron en “el libro” y comenzaron a esgrimir argumentos como si de una “oposición intelectual”.
Esos argumentos los convirtieron en armas sus descendientes deseosos de cambio.
VÍAS ÚNICAS DE SALIDA
La credulidad suele ocupar todos los espacios vacíos que deja la razón, espacios a veces ocupados por otras creencias. Por otras creencias que a veces son ideologías que nada querían saber de la religiosa. En el fondo, lo mismo. Piénsese en la primitiva idea socialista.
Ninguna organización crédula actual lleva al extremo su credulidad como el Islam.
Bien pueden decir los sufíes que el Islam es la religión terminal, la síntesis de las religiones precedentes. En todos los aspectos, en el doctrinal, en el social y en el político.
Masas de población sedientas de credo y de expresión piadosa. Masas que exteriorizan su credo de tal modo que los unos animan o coaccionan a los otros, sea hacia la piedad o sea hacia la apologética armada.
Masas que, sin embargo, buscaron en otro tiempo la liberación de la pobreza, de la opresión dictatorial, del atraso, en el marxismo y que, desencantados o reprimidos, volvieron los ojos a la única vía de escape, el credo en el Profeta, Alá salvador para quienes no encontraron otra salvación(1).
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(1) Sugiero la lectura de Amin Maalouf en su libro "El desajuste del mundo".