WANTED – SE BUSCA A DIOS (Recompensa: 6.000 millones $)


por EMERITOAGUSTO



Grandes titulares de prensa: “Arranca la búsqueda de la “partícula Dios”.

Resulta que unos señores, científicos ellos (nada menos 10.000 físicos de 80 países), han puesto en marcha un ingenioso artilugio con el que aspiran ambiciosamente a encontrar “el origen del universo y de la vida”.

Y vamos nosotros y les prestamos menos atención que un calvo a un peine.

Y es que sospecho que no se ha calado a fondo el sentido de este experimento. Si no he comprendido mal (yo soy de Letras) los científicos intentan “recrear” las condiciones que se dieron milésimas de segundos después del famoso «Big Bang», esa especie de “gran mascletá” con la que según los físicos se creó el universo hace 13.700 millones de años.

Suena simple pero es alucinante. No me extraña que hayan definido al artefacto como la "máquina de Dios". Será por aquello de que el universo se formó así como el “Deus ex machina” del teatro clásico. Se trata de un experimento que va a reafirmar o renegar todo lo que hasta este momento el hombre supone sobre la evolución del Universo y la materia.

Buscan la «partícula Dios», el “digitus Dei”, la “varita mágica”, con la que el Creador extrajo, de la chistera de la nada, el universo mundo. ¡Mira que reducir a Dios a una “partícula”…!

Y el hombre creó la máquina. Pero, esta vez, se trata de la más grande, la más compleja y la que será capaz de dar nuevas pistas para encontrar respuestas a los proverbiales interrogantes básicos de la humanidad. ¿Cómo empezó todo? ¿Cuáles son las leyes que rigen el funcionamiento del Universo? Es como descubrir aquel “Hágase la luz. Y ¡zás!, “la luz se hizo.”

Desde que santa Teresa lo situara entre los pucheros, se busca a Dios por todas partes. Ante la “evidencia” de la fe, parece que la ciencia no ha tenido más remedio que plegarse a la búsqueda de Dios con inusitada tenacidad.

Se rastrea hasta en el ADN. No hace mucho, todos los medios se hicieron eco del hallazgo del “gen de Dios”. Un ensayo en el que varios monjes de distintas confesiones, en trance de meditación o de oración profunda, fueron sometidos a la detección de su “partícula de Dios” cerebral, bajo la excusa de que el cerebro es una “máquina creyente”. Claro que si en lugar de estar extasiados en la oración lo hubieran estado jugando a la Wii, otro gallo cantaría.

Y ahora, la física persigue la partícula de Dios en el universo. Queda patente que no son los incrédulos, ateos o como se diga, los que impugnan la existencia de Dios. Son los creyentes quienes manifiestan la imperiosa necesidad de rebuscarlo insistentemente por todos los rincones. Verdaderamente, Dios se está haciendo de rogar.

Pero yo me temo que lo que en realidad persiguen los científicos no es “afirmar” a Dios sino “negarlo”. El hallazgo de la “partícula Dios”, si es que se produce, vendría a demostrar que el “creacionismo” carece de consistencia.

Y es que la comunidad científica, en contraste con esta teoría, sostiene la conveniencia de la disociación entre lo natural y lo sobrenatural. La fe y la ciencia son dos disciplinas completamente diferentes. No serán dos realidades contradictorias, pero sí “paralelas”; por eso nunca llegarán a “encontrarse”. Sus objetivos son distintos, sus procedimientos diferentes. Y sus conclusiones discordantes. La ciencia arroja luz sobre la oscuridad que la religión intenta rellenar.

Pues resulta que este “colisionador de partículas” ya está produciendo “colisiones cerebrales”. Curiosamente no todos lo científicos opinan lo mismo. Cito al más prestigioso de ellos, el famoso físico inglés Stephen Hawking. «Mejor será que no la encontremos -ha señalado- eso mostraría que algunas de nuestras ideas están equivocadas y que tenemos que pensar de nuevo» ¿Qué querrá decir con lo de las “ideas equivocadas”?

Por otra parte, hay quienes dicen que, por intentar comprender de dónde venimos, vamos a dejar de llegar a cualquier parte.

Y esas altas energías físicas también han llevado a algunas personas a temer que la máquina de Dios pueda causar una catástrofe planetaria mediante la creación de agujeros negros que succionarían la materia existente hasta la destrucción del mundo.

¡Vaya por Dios!! ¡¡Una catástrofe planetaria!! Estos apocalípticos nos abocan a la nada.

Y ahora me pregunto, si mañana se acabara el mundo, ¿qué haríamos? Pues la cosa está clara. Si se acaba El Mundo, tendremos que adherirnos a La “Razón”.
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