La canonización de lo grotesco.

Revuelvo entre las páginas de un libro leído hace mucho tiempo… “Vida de Santo Domingo de Guzman”, ed. BAC.

Es más o menos el proceso de “uno”, entre centenares de miles de relatos que amontonan avatares milagreros como aval posterior de la credulidad inespecífica(1):

• el “santo” resucita muertos;
• multiplica el pan y el vino de los frailes;
• el vaso de vino, por más que beban las monjas, no se vacía;
• recibe visitas del demonio en forma de lagarto o en forma de mona;
• libra de siete demonios a una mujer durante un sermón;
• ve a su ángel que le guía por la noche;
• estando en oración en su celda, recibe la visita de tres bellísimas señoras, una de ellas la Virgen(2);
• por recado de la tornera cura a tres monjas de fiebre, desde el torno;
• cura los pechos de una ermitaña, llenos de gusanos: se le desprendieron como gusanera y comenzaron a brotarle los pechos como a una doncella de doce años...

Todo esto se narra en una obra “dictada” a sor Angélica por la beata Cecilia en el convento de Santa Inés, cerca de Bolonia, que hace “Relación” de los milagros realizados ¡sólo en Roma! por Domingo de Guzmán, milagros a cada cual más estrafalario.

Sor Cecilia fue testigo directo, dice la redactora Angélica, de algunos. ¡Ella los presenció!, o se los contaron fuentes dignas de toda solvencia.

Si traemos este caso a colación es por la burda mentira histórica que se encierra en TODAS, sí, en todas, las biografías de santos similares.

Y desconcierta todavía más lo que dice el nuevo hagiógrafo en el prologo –un libro escrito para la BAC por los años 60--, a saber,

que no se puede dudar de la veracidad del relato porque narra hechos contados también por otros cronistas; porque, en parte, la misma naturaleza de algunos sucesos garantiza su historicidad; porque describe personas que los presenciaron, lugares donde acaecieron y el tiempo en que se realizaron.


Así suele ser la ciencia histórica dentro de la credulidad.

El de la aparición del demonio en figura de mona, a la que obligó Domingo a sostenerle la vela hasta que se quemó el índice, fue contado por el mismo Domingo a los frailes ¡estando presente Cecilia!, milagro que incomodó incluso al teólogo Melchor Cano, como impropio de la dignidad del personaje.

Justificación del hagiógrafo: No por eso hemos de negar su autenticidad pues con ello haríamos al glorioso Patriarca sujeto de una mentira (¡!).
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(1)La credulidad o es majadera en grado sumo o toma al resto de la personas por débiles mentales
(2)Sería prolijo contar menudencias de tales milagros, cuyo relato es digno de figurar entre las obras literarias cómicas o festivas. En éste, las dos acompañantes no “asperjan” a uno de sus frailes por encontrarse en la gran indignidad de haberlo hallado descubierto en la cama
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