Los grados de conocer de quien cree.
Puestos a resumir, el creyente accede a la verdad de tres maneras (desde luego, ninguna de esas formas de acceso a la verdad garantiza el conocimiento: únicamente se llega a la aceptación sin comprobación):
a) Alguien recibe la inspiración divina y puede, o no, dejar constancia de ella.
b) Lo sobrenatural se intuye, se siente, se vive.
c) La divinidad se revela a los hombres en las obras de sus manos.
Las objeciones de cualquier persona normal no contaminada por la creencia son más que evidentes, porque la verdad debe ser objetiva y universal y lo que prima en esos tres grados es la subjetividad.
1. ¿Quién asegura que es "inspiración divina"? ¿Cómo no pensar en otros influjos literarios? ¿Quién puede asegurar que no miente o que sus verdades no pasan por el filtro de la ignorancia misma? ¿Cómo corroborar tales afirmaciones? ¡Cuántas mentiras, incluso científicas, han pasado por ese colador!
2. Es el motivo y argumento general para creer: creo porque quiero creer. Cada persona es receptora de "su" verdad. ¿Cómo no caer en un relativismo generalizado, individualista, sesgado, parcial, es decir, falso?
3. Tal "revelación" no se distingue en nada del puro sentimiento estético. Además da por sentado que la naturaleza es "creación", con lo que no se puede salir del círculo vicioso. Así son los salmos de David.
Tales verdades ni siquiera admiten el contraste, la duda, la objeción; son de tal forma "magmáticas" que se mueven en un plano distinto al racional.
De los tres modos anteriores de “acceder a la verdad” el primero está reservado a personas privilegiadas. El segundo podría decirse que, en su grado más elevado, es propio de creyentes piadosos, fervientes, devotos, incluso místicos... El tercero es irrelevante.
Pero ¿el resto del "pueblo de Israel"? ¿El pueblo llano que se mueve en una religiosidad las más de las veces inconcreta? ¿Cómo conoce?
Necesariamente tenemos que recurrir a un cuarto grupo que sólo conoce "de oídas", es decir, "cree" porque no puede hacer otra cosa.
Digámoslo de otra manera. El pueblo sabe, conoce, recuerda y repite conocimientos porque siempre ha sido así, porque “desde niño...”, porque no tengo otra cosa, porque no puedo pensar por mí mismo, porque me da igual, porque nada de esto me interesa, porque no quiero contradecir a mis padres, porque me he hecho amigo del cura...
Contrástese con el modelo de conocimiento científico, racional, de sentido común: se admite o no con independencia de quien lo diga; no depende tampoco de la bondad de la persona; no se necesita la pureza de alma para llegar a la verdad; no se puede desfigurar, porque siempre habrá alguien que descubra su falsedad.