En 30". La irracionalidad que mantiene catedrales.

Si no podemos olvidar que el fin de cualquier edificio nunca es el estético, ¿se puede concebir y justificar hoy día la existencia de un edificio de las características de una catedral?

Compárese con cualquier otro de uso civil.

El rendimiento de tan descomunal dispendio es bajísimo.

El único pretexto con cierta consistencia que puede justificar su encomio es el de servir de objeto turístico y ser un bien preciado para la ciudad.

La finalidad primera ha dejado de existir o ha quedado en entredicho.

Para tales menesteres y con aplicación tan mermada, bastaría el alquiler de edificios fuera de uso durante los fines de semana: un local de Sindicatos, por ejemplo (que son tal para cual).
Volver arriba