El reproche de un comentarista amigo.

Hay un asiduo comentarista de este Blog que me conoce desde hace bastante tiempo. Bueno, no tanto porque esto lleva un año justo pero él es de los más asiduos, bien con su nick anterior de PacoC o con el de hoy. Me reprocha, con toda razón, mi lenguaje. Pues yo soy así. Me caliento enseguida, pienso poco en lo que digo, digo lo que me sale y soy deslenguado. Así pasa lo que pasa.
Mi propósito no es edificar entre otras cosas porque me encuentro muy poco edificante. Solamente pretendo decir, y como sé, mi amor a la Iglesia y a sus enseñanzas. Con mi pobre voz. Que tantos defectos tiene.

Yo toda mi vida he tenido muy poco respeto institucional. Ninguno. O se lo tengo, personal, a quien encarna la institución o, en caso contrario, me sobra como representante.

El famoso título dramático Del Rey abajo ninguno nunca me convenció. Si el rey fuere un miserable yo sería el primero en pensarlo y en decirlo. Me va mucho más aquella sentencia, creo que isidoriana, del Rex eris si recte facies, si non facies, non eris.

Pues, con un cardenal, un nuncio o un obispo me ocurre lo mismo. Que se hagan respetar y les respetaré encantado. Por ellos y por lo que representan. Ahora, si son pederastas, infieles a la doctrina de la Iglesia o simplemente bobos, que los hay de todas esas clases y más, que no esperen de mí el menor respeto. Porque no les tengo ninguno. Serán sucesores de los Apóstoles, sí, pero miserables o necios sucesores de los Apóstoles. Y en ocasión hasta nuevos Judas.

Con este modo de pensar uno está curado de todo espanto y vive feliz en el seno de su Santa Madre Iglesia. Estoy convencido de que en su peregrinar terreno está compuesta por hombres que pueden ser santos, pecadores o gente intermedia. Y no me asombran los pecadores. Pues sé que me los voy a encontrar. Muchísimos. Como lo es uno.

Lo malo ocurre cuando uno respeta muchísimo al obispo, lo trata cuasi en éxtasis y un día descubre que es maricón ejerciente. Como el argentino Maccarone por ejemplo. Pues se le caen los palos del sombrajo. Y algunos hasta perderán la fe. Yo me quedo absolutamente impávido. ¡Vaya, me digo, ha aparecido otro obispo maricón, qué bien que lo hayan localizado y le hayan echado! Y mi fe no se resiente lo más mínimo.

Respeto, mi querido amigo, a quienes se lo merezcan por su actuación pastoral y mientras se lo merezcan. Si hacen o dicen tonterías yo así lo manifestaré. Por supuesto que según mi opinión, que no es infalible ni muchísimo menos.
Y que es también criticable. Pues eso es lo que quería decir con motivo de tu intervención, agradeciéndote una vez más tus siempre tan interesantes participaciones en este Blog que tanto te debe.
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