"Los seres humanos crecemos en humanidad en la medida en que libremente nos sumergimos en esa Presencia de amor" Jesús Espeja: "La economía actual está funcionando con injusticia y exclusión de las mayorías más indefensas"

Jesús Espeja
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Espeja acaba de publicar 'Desarrollo humano, ¿sin Dios?' (San Pablo)

"Como teólogo hablo de Dios revelado en Jesucristo, Presencia de amor –Tomás de Aquino decía 'principio y fin'-  que está en todos los seres humanos  afirmando su dignidad inviolable, y en todas las realidades creadas exigiendo respeto y cuidado"

"Los seres humanos crecemos en humanidad en la medida en que libremente nos sumergimos en esa Presencia de amor"

"La fe suscita y exige un funcionamiento de la economía que garantice la vida digna  de todas las personas, cuyo derechos humanos tienen algo de divino"

"No ignoro la eficacia del sistema para el crecimiento económico; pero cuestiono su ideología que olvida el bien común y hace imposible el desarrollo de toda la persona que sea también desarrollo de todas las personas"

El excelente teólogo dominico Jesús Espeja (Espinosa de Cervera-Burgos, 1931) acaba depublicar una obra que, ya desde el título, plantea cuestiones arriesgadas para un teólogo. El libro se titula 'Desarrollo humano, ¿sin Dios?' (San Pablo). En un post de RD dejó bien precisado su objetivo al redactar el texto. En general las recensiones del libro fueron muy positivas, y alguna muy certera sobre lo que quiso transmitir. Pero una de esas recensiones deja caer tres interrogantes: qué hace un teólogo hablando de economía, su visión negativa sobre la Escuela de Economía de Chicago, y su juicio sobre el transhumanismo. Siempre dispuesto al diálogo, en esta entrevista, el autor trata de responder a esas onjecciones.

 Como ambientación ¿Por qué y para qué te lanzaste a  publicar este libro?

    Estoy viendo la emergencia de las corrientes humanistas que, dentro de su variedad, tienen un denominador común: que el ser humano sea centro, fin y no medio, de todas las mediaciones sociales. Por otro lado es innegable que el funcionamiento actual de la economía –producción y distribución de la riqueza-  está funcionando con injusticia y exclusión de los mayorías más indefensas; luego este funcionamiento hace imposible la pretensión del humanismo. Pero, a su vez, corrientes humanistas muy significativas para lograr su objetivo excluyen a Dios y a la religión en nuestro caso la cristiana. ¿No habrá algún equívoco?

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En este panorama lógicamente me pregunto en qué consiste el verdadero desarrollo humano integral, y  busco respuesta en la enseñanza  de la Iglesia. También me pregunto sobre qué decimos cuando decimos Dios y religión.

El cometido de la teología es hablar de Dios. Parece un poco extraño que tu hables de economía

    En el s.XVIII los maestros ilustrados despachaban a los viejos teólogos: Sileant theologi in munere alieno; que se ocupen de sus asuntos y guarden silencio ante los quehaceres ajenos. Es verdad que los teólogos a veces se meten a dogmatizar sin el debido respeto a la consistencia y autonomía de la ciencia: pero también es un peligro que los científico se consideren y actúen como omniscentes.

    Aunque no carente de conocimientos básicos en sociología y en economía, no procedo en mi discurso con la racionalidad de un economista; incluso a la hora de juzgar sobre la racionalidad  de   las políticas económicas resumo a  dos autores especializados. Como teólogo hablo de Dios revelado en Jesucristo, Presencia de amor –Tomás de Aquino decía “principio y fin”-  que está en todos los seres humanos  afirmando su dignidad inviolable, y en todas las realidades creadas exigiendo respeto y cuidado. Mi teología se mueve en el interior de mi fe o experiencia cristiana para la que nada humano es ajeno. Esa fe suscita y exige un funcionamiento de la economía que garantice la vida digna  de todas las personas, cuyo derechos humanos tienen algo de divino así como pasa con el respeto  a la sacralidad de toda la creación.

El rechazo  de Dios y de la religión cristina que vemos en algunas corrientes humanistas ¿no es para ti un interrogante?

    Sí lo es, y muy serio. Me temo que muchos perciban en la conducta  de los cristianos y en las instituciones eclesiales imágenes  de la divinidad fabricadas por manos humanas. Objetivaciones conceptuales que nada tienen que ver con la revelación de Dios, esencialmente bueno y presencia de amor que gratuitamente se da.  En mi libro he querido dejar claro que no es posible hablar sobre la presencia necesaria de Dios en el desarrollo humano, sin discernir la condición de  Dios desde la conducta de Jesús, evangelio viviente.

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Cuando enjuicias negativamente a la Escuela de Economía de Chicago ¿a qué te refieres?

    Conozco un poco la racionalidad de esta Escuela no solo por los dichos y escritos de sus representantes, sino también por los efectos desastrosos que está generando la práctica de esa racionalidad.  Sin duda la libertad de mercado en la gestión de la economía  tiene valores y es eficaz para el crecimiento de la economía. Pero sin la intervención del Estado y el control ético, estamos viendo que se implanta la ideología o interés por el máximo beneficio individualista  de personas y grupos, con la exclusión, manipulación y miseria  de los que no pueden competir. No ignoro la eficacia del sistema para el crecimiento económico; pero cuestiono su ideología que olvida el bien común y hace imposible el desarrollo de toda la persona que sea también desarrollo de todas las personas. La racionalidad económica tiene que estar al servicio y en función de las personas cuya vida con dignidad es el fin de todas las organizaciones sociales.

En tu libro también hablas de transhumanismo. Aunque alguna recensión te ha colgado la frase de una investigadora –“De momento la inteligencia artificial manifiesta más estupidez que inteligencia”-  en tu exposición das algunas puntadas sugerentes ¿Podrías precisar más?

    Entiendo por transhumanismo la creación, gracias a la técnica de una inteligencia artificial un nuevo ser humano superior al “homo sapiens” que somos nosotros; incluso algunos piensan que ese nuevo ser humano gozaría de inmortalidad.

    En una primera reacción se agolpan varios interrogantes. Por perfecto que sea técnicamente ese cerebro artificial ¿gozará de la libertad y de los sentimientos humanos? ¿Es ético emplear los recursos para crear una nueva especie humana cuando no hay garantías científicas para conseguir ese objetivo, mientras millones de los actuales seres humanos mueren de hambre?

Pero ¿qué piensas de ese proyecto transhumanista desde tu fe cristiana?

    Desde ni visión como creyente cristiano los humanos somos criaturas singulares. Como imagen del Creador somos co-creadores que debemos cuidar y desarrollar la creación. Pero también somos libres para sentirnos y actuar como imágenes de Dios que es amor, o para actuar rechazando su presencia y creyéndonos dueños absolutos.

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    La creación continúa y se renueva con la inventiva y el trabajo de los seres humanos. En esa inventiva y en ese trabajo, el Creador encarnado sigue creando. La inteligencia artificial es obra del ser humano, sostenido e impulsado por esa Presencia. Pero como somos libres, en cada paso que damos  caben dos opciones: actuar como si fuéramos dioses pretensión que va contra esa Presencia de amor que nos constituye y pretensión ilusoria porque somos criaturas;  o actuar inmersos en esa Presencia de amor de modo que nuestro progreso técnico proceda como fruto y expresión de la misma. Entiendo que desde esta opción la inteligencia artificial no destruye sino que más manifiesta ya la grandeza y lo divino de lo humano.

Para resumir ¿crees  que no puede haber desarrollo humano sin Dios?

    No es verdad, aunque algunos digan lo contrario, que los seres humanos no puedan desarrrollarse procediendo como si Dios no existiera. Es más, pienso que no se debe recurrir a intervenciones milagrosas de la divinidad para suplir y dispensarnos de nuestras responsabilidades y compromisos. Pero si buscamos un desarrollo humano integral, hay que satisfacer ese profundo anhelo de trascendencia o salida hacia el otro desde el amor que nos constituye. Y esa salida desde el amor hacia el otro sin discriminaciones sólo se garantiza de verdad cuando miramos al otro habitado por esa Presencia de amor que todos nos hace hermanos. Solo esa mirada nos puede librar del egocentrismo y de los imperialismos que, por las fiebre posesiva, hacen que nuestro deslumbrante desarrollo técnico se vuelva contra nosotros y nos destruya. 

    Visto lo visto, no sabemos hasta dónde puede llegar este “pequeño creador” con sus invenciones; incluso el “homo sapiens” surge dentro de un mundo en evolución. Pero la cuestión permanente de fondo es qué entendemos por lo “humano”: ¿somos  absolutos negando nuestra condición de criaturas, o crecemos en humanidad abriéndonos a esa Presencia de amor  que nos sostiene y cuya semilla en nuestra intimidad  es indicativo para llegar a nosotros mismos? Creo que los seres humanos crecemos en humanidad en la medida en que libremente nos sumergimos en esa Presencia de amor.   

    En la pegunta y en la respuesta sobre si es posible un desarrollo humano integral sin Dios, está el interrogante ya formulado: qué decimos cuando decimos Dios. Es la cuestión que, desde la fe o experiencia cristiana, quise discernir en mi libro.

Libro de Espeja

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