Recuperar la ilusión

Pero también las cosas repetidas de cada día, que son la mayoría de nuestras pequeñas acciones, pueden ser motivo de frustración y de agobio, cuando nos quedamos viendo en ellos pura repetición y sin sentido, cuando subrayamos más los fracasos que los éxitos, cuando nos quedamos contemplando la media botella vacía en lugar de ver lo que quedó medio lleno.
Sin duda que todos cometemos incorrecciones o desaciertos y esto pueden llevarnos a perder la ilusión por cuanto habíamos iniciado con gusto. Recuperar la ilusión no es fácil porque casi siempre volvemos a tropezar con las mismas piedras, porque volvemos a ver los aspectos más negativos de cuanto llevamos entre manos y aunque nos hayamos propuesto vivir con alegría cada nuevo día resulta difícil mantener el tono.
El breve esfuerzo que se nos pide es el de convencernos de que cada día, por obra de Dios, podemos volver a empezarlo todo, del mismo modo como cada día sale el sol y con él crece la esperanza para los hombres. Todos sabemos que no es fácil mantenernos en esta perspectiva, y menos aún, si pretendemos llevarlo adelante con nuestras sola fuerzas.
En el deseo de vivir por Dios y para Dios, hallamos este valor que necesitamos para recuperar aquellas facetas de ilusión y de gracia que se nos han debilitado, quizás sin que nunca podamos precisar ni el motivo ni el momento. Texto: Hna. Carmen Solé.