El Señor no abandona a sus amigos

Confianza
Parece que el autor del salmo 36 está rodeado de gente que envidia a los malvados porque a estos todo les va viento en popa, mientras que a los honrados les rodean muchas penas. Es posible que en momentos de gran angustia uno tenga deseo de imitar a la gente innoble y de correr por caminos de injusticia. El salmista recomienda: “No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal, se acabarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán” (v. 1-2).

El hombre que tiene la experiencia de la bondad del Señor, no se cansa de anunciar la bondad de Yahvé para con los rectos de corazón. “Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia y él te dará lo que pide tu corazón” (v. 3-4). “Descansa en el Señor y espera en él, no te exasperes por el hombre que triunfa empleando la intriga” (v. 7). ¿Le harían caso los que escuchaban sus palabras? ¿Haríamos caso actualmente al que así nos predicara o diríamos que es alguien que anda por las nubes, que no toca de pies al suelo?

Solamente el hombre fiel al querer de Dios es capaz de confiar, de esperar y también de luchar para que la justicia se imponga y que los injustos recapaciten y vuelvan a Dios.

En la concepción del Antiguo Testamento no es muy común el deseo de que el pecador se convierta y siga la senda de la justicia más pronto rige la ley del talión: “ojo por ojo y diente por diente”.

El versículo 11 del salmo recuerda una de las bienaventuranzas proclamadas por Jesús: “Los sufridos poseerán la tierra”. En realidad los que no tienen codicia son más felices porque la envidia no roe su corazón, en este sentido poseen la tierra y saben gozar con las pequeñas alegrías que nos ofrece la vida, están convencidos que todo su existir depende de Dios Padre. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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