La alegría de Santo Domingo

Domingo
Dice el beato Jordán de Sajonia de Santo Domingo de Guzmán: “Como el corazón alegre alegra el semblante, la hilaridad y la benignidad del suyo transparentaban la placidez y el equilibrio del hombre interior”. Todos los testimonios sobre Sto. Domingo concuerdan en que era un hombre afable, sereno, acogedor con el que daba gusto conversar. Nadie como él era tan placentero y alegre de día y tan austero de noche en la que se pasaba horas en la iglesia orando por los pecadores pidiendo por ellos la misericordia del Señor. “¿Qué será de los pecadores?” exclamaba.

Solamente la situación de los sufrimientos ajenos, comenta el mismo Jordán, enturbiaban su aspecto alegre. Como era tan cordial y amaba a todos con sinceridad, era amado por todos. Esto no quiere decir que no tuviera enemigos pues los tuvo especialmente en los herejes a los que intentaba con todas sus fuerzas sacarlos de sus errores para llevarlos a Cristo.

“La cercanía espiritual a Santo Domingo puede ayudarnos e impulsarnos a ser predicadores de la alegría. Es una de las características del estilo de la predicación de la Orden. Hoy también necesitamos en la Iglesia recuperar la alegría evangélica: la alegría de la fe, la esperanza y del amor. ¿Cómo revivir la alegría del Reino predicado por Jesús y sus discípulos? ¿Cómo reflejar la alegría de Domingo? Sí, como él nuestra alegría está vinculada a tres cosas: a la compasión, a la pobreza y a la fraternidad”. (Francisco Javier Carballo Fernández o.p.)


Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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