La muerte de los justos

Cargada de años y de buenas obras, muere, tal día como mañana, Marie Poussepin en Sainville, humilde aldea de la Beauce, Francia, donde se trasladó a vivir al ver la pobreza y miseria del lugar.


Marie

Marie nació en la hermosa ciudad de Dourdan, en el seno de una familia de cristianos comprometidos. Pasó su niñez en medio del taller de tejer medias de su padre, en asistir a los oficios de su parroquia y acompañar a su madre a visitar enfermos, pues era la presidenta de las conferencias de San Vicente de Paúl.

Pero, su padre muy buen cristiano, tuvo problemas al contraer una fuerte deuda con una finca que adquirió. En París, fue victima de un robo importante lo que le impidió pagar a sus acreedores que le embargaban su industria además de amenazarlo de ir a la cárcel. Para impedir los dos hechos y por mediación del párroco, dejó heredera a Marie de la industria, ¡heredera de deudas!, y él huyó de la ciudad.

Gracias a su tenacidad, esta joven logró levantar la industria. Pagó escalonadamente a sus acreedores hasta quedar limpia de deudas. Su padre regreso a su casa y al poco tiempo murió.

Poco a poco Marie Poussepin fue consolidando el taller e hizo grandes innovaciones introduciendo telares desde Inglaterra para tejer medias a máquina. Empleó a muchos aprendices a los que no hacia pagar por el contrato de aprendizaje como era costumbre en la época. Estableció para ellos unas primas si tejían más medias de las estipuladas, era una forma de estimularlos al trabajo. De esta forma su ciudad natal tuvo un importante desarrollo industrial.

Pero esta mujer tenaz y emprendedora, no tuvo suficiente con dirigir la industria de su difunto padre y ser la tesorera y al mismo tiempo presidenta de las Conferencias de San Vicente. El Señor la llamaba a algo más exigente: Deja Dourdan se establece en Sainville donde abre una escuelita gratuita para niñas y cuida a lo pobres enfermos.

Al ver sus buenas obras, algunas jóvenes quisieron seguir sus pasos. Así nace una comunidad de la tercera Orden de Sto. Domingo. Poco a poco se fueron estableciendo en otras aldeas llamadas por los párrocos y los obispos, siempre dedicadas a la educación, a los enfermos y al servicio de la parroquia. Las escuelas eran gratuitas y para sostenerse las hermanas tejían medias. El trabajo fue para Marie una forma de poder mantener la gratuidad de las escuelas y el cuidado de los enfermos; para tener remedios cultivaban ellas mismas una huerta de plantas medicinales.

A lo largo de su vida tuvo muchas dificultades pero su inquebrantable fe en la Providencia, su amor al trabajo y a su generosa caridad las fue venciendo todas.

En el crudo invierno de 1744, el Señor la llamó. Sus hermanas pudieron escribir con razón en su lápida funeraria:

“Aquí descansa el cuerpo de la piadosa y caritativa hija Marie Poussepin, natural de Dourdan. Fundadora e institutriz de esta casa el año 1696. Ella ha sido superiora hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1744 a la edad de 90 años y tres meses. Que descanse en paz.

"Vio lo que era bueno a los ojos de Dios y lo cumplió. Oró, vigiló asiduamente y el enemigo no pudo sembrar cizaña en medio de su casa".


Ojala pudieran decir esto mismo de cada hermana que muere. Que la beata Marie Poussepin, fundadora de nuestra Congregación, las Hermanas Dominicas de la Presentación, interceda por cada una de nosotras. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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