El saber y el miedo

Todas las personas hemos vivido alguna vez la experiencia del miedo. Desde niños, cuando algo es desconocido se suele presentar una reacción de miedo, ya de mayores podemos temer ante distintas circunstancias que cada uno busca definir, pero en todos los humanos de una forma u otra experimentamos la sensación del miedo.

El saber no nos libera del miedo, porque en verdad no es el saber lo que nos libera del miedo, sino la confianza, la seguridad puesta en los demás y la fe en Dios. En los evangelios sinópticos hallamos la descripción de una escena en la que Jesús se queda en una orilla del lago mientras envía a sus discípulos en la barca para que se le adelanten hasta la otra orilla.

Más tarde Jesús va hacia ellos que se hallan luchando contra una tempestad imprevista, Jesús se acerca a la barca, pero va caminando sobre las aguas, un modo impensado de presentarse. Los discípulos sabían que Jesús iba a llegar, pero estaban tan preocupados en vencer al temporal y poder conservar la barca que cuando llega no le reconocen, es verdad que no le esperaban de este modo, pero les parece un fantasma, porque venía andando sobre el agua. Pedro quiso ir hacia Jesús caminando como él sobre el agua, pero le venció el miedo.

Y es que si no intentamos superar nuestra mirada simplemente humana, sólo a ras de tierra, el miedo siempre puede vencernos. Jesús nos llama y nos invita a caminar hacia Él, pero si dejamos nuestros ojos estén fijos en el mar, nos ocurre como a Pedro, para ir hacia Jesús, nuestros ojos han de estar fijos en Él.

Vencemos el miedo, conseguimos ir de verdad hacia Jesús, si olvidamos que los hombres no podemos caminar sobre el agua, es necesario dejar a un lado el saber y fijar la mirada en nadie más que en Jesús. Así caminaremos hacia Él. La realidad es que nos libera del miedo no el saber, sino por la confianza puesta en Aquél que nos salva. Texto: Hna. Carmen Solé.
Volver arriba