¡Cumpleaños feliz, Paz Pasamar!



Nace Pilar Paz Pasamar en Jerez de la Frontera un 13 de febrero de 1933... ¡Felicidades, poeta! ¡Celebraremos hoy contigo la fiesta de tu 75 natalicio de mística andaluza de pies con raíces y brazos en ala! En imagen, una vieja fotografía de Pilar con sus hijos Pili, Mercedes y Arturo (corría el año 1965).

Adolescente, estudia en Madrid bachillerato en el Convento de Carmelitas de la calle Fortuny. Años después recordará con nostalgia:

-Necesito, sobre todo, el silencio. Las monjas me enseñaron el valor del silencio; es una de las cosas que no les agradeceré bastante. Me acuerdo siempre de que, cuando decían silencio menor, se podía hacer algún ruidito, pero cuando imponían silencio mayor, no se podía oír ni el vuelo de una mosca. ¡Qué maravilla de disciplina y qué formativa! A mí me da pena esta juventud de hoy, que tiene que ir enchufando cables para estar escuchando música de ritmo trepidante; se pierden el milagro sedante del silencio total.



¡DÉJAME YA, SEÑOR!


Da a conocer sus primeros versos en un excelente poemario, Mara, publicado a sus 18 años. Dos años después recibe el "Adonais" en su calificación de Accesit por "Los buenos días". Aquella chiquilla, apadrinada por Carmen Conde y felicitada por Juan Ramón Jiménez y los grandes poetas de la época, asombró al mundillo cultural de Madrid. Por aquella época, el poeta de Moguer, en conocida epístola a Ricardo Gullón, escribió de ella:

"Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial."


Se refería, sin duda, JRJ al poema que da título a Mara, que nos estremece también hoy, a pesar del medio siglo transcurrido:


MARA

¿Dónde voy yo, Dios mío,
con este peso Tuyo entre los brazos?

¿Para qué has designado
mi pobre fuerza a Tu cansancio inmenso?

Si quieres descansar, descansa en otros,
apoya Tu palabra en otras bocas
que te dirán mejor. Yo quiero ir
a solas por el campo, sin motivos,
sin lazos y sin cosas. Vete ya,
no soy yo quien debiera sostenerte.
Tu peso duele mucho, y es muy grande
Tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo.

¿A dónde quieres ir sobre este vano
caminar de mis pies, que no se orientan?

Búscate un lecho blanco
en el pecho del niño, o del poeta,
pero déjame a mí, muda y perdida,
sobre la tarde sola.
No huelles más mi hierba que humedece
un rocío continuo y desvelado.

Estoy empobrecida de lágrimas y gestos,
no tengo más calor que el de esta pena sorda,
y eres muy grade Tú para este frío,
y es muy pequeño el beso de mi boca.

¡Déjame ya, Señor! ¡Hay tanta espiga!
¡Hay tanta espiga enhiesta...! No recorras
este arenal desierto de mi huida.
¡Déjame ya!... ¡Se está tan bien a solas!


Me viene a la memoria la figura del profeta Jeremías, poniendo pegas a la invitación de Dios a hablar en su nombre: "Yo exclamé: ¡Ay, Señor Yavé, ¿cómo podría hablar yo, si soy sólo un chaval? (Jeremías 1,6)." Pero la adolescente Pilar superará más adelante su miedo y escribirá comprometidos poemas sobre la misteriosa Presencia de Dios en el mundo, en su mundo de mujer, de esposa, de madre. "Su poesía, profundamente cristiana y rebelde a un tiempo -escribe Ortiz de Lanzagorta-, ha sido comparada a veces con la mejor escuela mística y ascética española, de una rica capacidad metafórica en su lenguaje poético, humanísima, a su vez, y de una creciente e indiscutible calidad."


MI MODESTO HOMENAJE

En "Nido de Poesía", a ritmo pausado, voy ilustrando, gráfica y musicalmente, aquellos poemas, aquellos poetas que han llegado más hondo a mi ternura a lo largo de mi vida. Me he encerrado una semana en el silencio mayor de mi hogar, y he anidado por el corazón siete hermosísimos poemas de la mística jerezana. Los fui expresando, en vuelo de bits, por el sagrado bosque del ordenador.

Paz Pasamar es poeta de la experiencia, una experiencia, como la del árbol, con raíces en la tierra y revuelo de pájaros y ascensión de fruta hacia la copa.

Oye Pilar de noche cantar a un pájaro y escribe "Toda la noche estuviste..." Embarazada, se siente tierra bendecida y fecunda ("La elegida"). Se acerca a una imagen del crucificado y derrama su corazón por el papel: "Violencia inmóvil". Siente tristeza y rompe a llorar "¡Ay, si no fuera por...". En "Con ella en las orillas" se adentra en el mar gaditano y le presenta a su recién nacida... Se le quedó por el camino un hijo y se desahoga con Dios ("Llanto por un hijo perdido"). "Dulce oro viejo" es uno de sus últimos títulos, publicado recientemente en "El río que no cesa" (EH editores, 2007). Viene acompañado el poemario, por cierto, de un CD que incluye el magnífico recitado de la autora de los 25 poemas del libro.

Decían de Teresa que veía a Dios entre los pucheros. Pilar también lo descubre rondando por el fogón. "Muchas veces estoy en la cocina, y de pronto, me surge el poema; lo escribo en los mosaicos y pongo un cartelito advirtiendo que no lo limpien para pasarlo después al papel..."

Hay que acostarse ya. Pero no quisiera cerrar el post sin recomendar vivamente una dirección web que introduce muy sabiamente en la persona y obra de Pilar Paz Pasamar. En el "Centro Virtual Cervantes" descubriréis un rinconcito interesante y completo sobre tan imprescindible autora. Pulsad aquí. Encontraréis muy bellas fotografías de su album familiar, una sugerente biografía, poemas selectos, amplio panorama bibliográfico, etc.
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