La rodilla y el enfado del Rey.
MADRID, 04 (OTR/PRESS)
La frase es muy ingeniosa -y un poco macabra- incluso en la voz del Rey de España. "¡Estoy fatal!; ¡me queréis ver con un pino creciendo en el pecho!" Estaba el Rey indignado. Nadie con notoriedad pública está exento de que le entierren en vida. Le ocurrió a mi amigo Manu Leguineche, que le fallecieron cuando goza de una terciada salud, que le dure muchos años.
Quizá el común de los ciudadanos ignoren que antes -cuando no existía Internet para saberlo todo- en las redacciones de los periódicos que se preciaban había sepultureros previos: eran los redactores que preparaban sistemáticamente los obituarios de las celebridades para que el día que felpasen (expresión mexicana para señalar el acto de morir) no pillara a la redacción sin el elogio que sistemáticamente le damos en España a los difuntos.
El caso es que el Rey, al que acaban de operar de rodilla por un problema de movilidad, está indignado con las especulaciones que sobre todo algunos medios vienen haciendo sobre su salud.
No todo son ventajas en ser Rey; el nuestro no tiene motivo para la queja. Fue Rey saltándose el turno de su padre, aunque no se si esos turnos estaban vigentes; fue nombrado sucesor por Franco a título de Rey y los españoles convalidamos ese acto impúdico y totalitario del dictador, dando legitimidad democrática a un instrumento de anticuario.
Siempre se ha tenido extremo cuidado con su vida privada, sus negocios y algunos episodios complicados en los que nunca se ha querido escarbar. Ahora hay preocupación, morbosa en algunos casos, sobre su estado de salud y eso va implícito, exigiendo el debido respeto, en las cargas de la Corona.
Un mal día lo tiene cualquiera, pero si ahora la Casa Real quiere poner puertas al monte de la monarquía se va a equivocar, porque hay algunos sectores de la prensa que lo que más disfrutan es abriendo las talanqueras prohibidas y saltando cercas. Y si no, al tiempo.