Las ideologías estructuralistas parten de la base de que sólo existe un tipo de saber y un tipo de verdad, la que proporcionan las ciencias experimentales. Sólo habría una manera de adquirir conocimiento verdadero que sería mediante la aplicación del método científico propio de las ciencias exactas.
Tal afirmación lleva a la creencia de que, de la misma manera, sólo hay un tipo de realidad, aquella a la que tienen acceso las ciencias de la naturaleza. Lo único verdadero sería lo que puede contrastarse experimentalmente, lo que es posible pesar, medir, ponderar y verificar.
¿Qué pasa entonces con la realidad humana? ¿Qué sería el hombre, un sujeto o un simple objeto? La antropología estructural se opone a la existencialista y afirma que el ser humano es únicamente una realidad objetiva. El sujeto como ser trascendente, por tanto, no existiría.
Si no hay hombre no puede haber tampoco ciencia de lo humano. No tendría sentido hablar de historia ya que no habría sujeto de la historia; la antropología se transformaría así en pura biología y ésta se reduciría a física y química; la cultura deviene mera naturaleza; la historia de la humanidad sería, en fin, el resultado de múltiples reacciones hormonales inconscientes que acontecen en los organismos. El estructuralismo proclama la inexistencia del sujeto humano. El hombre carecería de alma, de conciencia y de espiritualidad.