LUIS RUIZ DOMÉNECH
Las circunstancias y los protagonistas de las dos recientes violaciones múltiples de dos niñas de trece años en Baena e Isla Cristina han producido un gran impacto mediático. La primera, a plena luz del día, en los vestuarios de la piscina municipal y en un patio de vecinos cercano. La segunda en la playa, en plenas Fiestas del Carmen.
De los trece violadores implicados sólo uno es mayor de edad, el resto entre trece y diecisiete años.
La disminución psíquica de una de las niñas violadas no hace más que añadir crueldad a los hechos. El miedo de ambas a explicar lo ocurrido a sus padres nos habla de la soledad y el desamparo que vivieron.
Las graves secuelas aparecieron de inmediato y sin duda las van a acompañar durante mucho tiempo. Sus padres han expresado una mezcla de asombro, ira e impotencia e intuyen que al final el castigo de los agresores va a quedar muy por debajo de lo merecido. Temen que en poco tiempo los van volver a ver por el barrio.
Algo grave nos está pasando —a la sociedad en su conjunto— para que las niñerías alcancen este calibre.
Puede leer aquí el artículo completo de este escritor e ingeniero de fe protestante, titulado ¿Sólo la Ley del Menor?