El día del orgullo guay

EDITORIAL

Queridas autoridades todas: ahora que acaba de celebrarse el "Día del orgullo gay", los evangélicos anunciamos que queremos ser discriminados como los gays. Sí, queremos sufrir la misma discriminación. Ni más, ni menos (*). Será, ¡por fin!, nuestro día del orgullo guay.


Queremos que cuando hagamos el día del Orgullo Evangélico (o similar) nos den las calles y plazas principales, sin que importe que se corte el tráfico o que hagamos ruido con música, palmas, megáfonos y alegría desbordante. ¡Y sin límite de horarios! ¡Ah, y que nos acompañen políticos famosos, que se hagan fotos con una Biblia en la mano, porque eso es “guay”!

Tampoco nos importaría que en cada serie de televisión (especialmente la televisión pública) apareciese una familia protestante modélica, solidaria, generosa, comprensiva, encantadora, y progre… sin renunciar a ninguno de los principios de la fe protestante y reivindicativa de nuestro derecho a ser aceptados, hasta a convencer a otros de lo que pensamos. Todo eso también es guay.

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