Fallece el sacerdote Paulino Solozabal, un referente de la poesía mística vasca

Cuenta M. Redondo en Deia que a Paulino Solozabal las fuerzas no le acompañaban en la última etapa de su vida, pero la memoria la mantenía clara sobre todo, cuando se trataba de defender dos de los pilares que han sostenido toda su vida: la fe y su amor por Euskal Herria. El sacerdote Paulino Solozabal ha fallecido a los 97 años de edad, dejando tras de sí un profundo sentimiento de pérdida no sólo en la localidad vizcaina de Mungia, donde era sacerdote desde hace más de 66 años, sino también en toda la cultura vasca.

Nacido en Etxebarria en 1912, cursó sus estudios en el seminario de Gasteiz y más tarde llegó a Mungia, donde compaginó su tarea sacerdotal con una extraordinaria labor literaria. En su trayectoria profesional ha escrito quince libros, además, en numerosas ocasiones y, bajo el seudónimo de Egieder y Paulin, ha publicado numerosas poesías en DEIA, las revistas Eguna, Kamel y Olerti.

La muerte del sacerdote y poeta causó consternación ayer en Mungia. "Hemos perdido a nuestro sacerdote, pero también era un amigo", comentaban en la localidad. "Era un hombre íntegro, de esos que cuando casi era pecado hablar en euskera, él ya escribía en su lengua. No le intimidaba nada".

Paulino Solozabal ha dejado tras de sí algunos de los ejemplos de poesía mística en euskera más hermosos de la historia. Una poesía que siempre ha estado basada en las raíces del pueblo, llena de sabiduría y con una enorme riqueza cultural.

Los milagros de la naturaleza, la felicidad, la tierra y la cultura vasca han sido fundamentalmente los principales temas de su poesía. Solozabal luchó toda su vida para recuperar la cultura vasca. El ex alcalde de Mungia José Antonio Torrontegi recuerda que una de las preocupaciones del sacerdote fue transmitir la música y la poesía vasca entre las nuevas generaciones, por lo que dedicó un gran esfuerzo a la recuperación del folklore para que no se perdiera entre la gente joven.

El jeltzale Torrontegi, que se encontraba ayer camino de Praga cuando conoció la noticia, rememora aquellos días en los que Paulino Solozabal, quien fue el que le bautizó hace 65 años, daba clases de txistu y enseñaba canciones en la parroquia de Mungia. "Durante muchos años, en el salón parroquial se daban clases de txistu y música y arriba se hacía el apostolado. Había aprendido música en el seminario y nos enseñaba muchas canciones vascas que hoy en día nadie aprende, pero que están ahí. Gracias a él, muchas de estas canciones no se van a perder en el olvido. Incluso le enseñó a tocar el txistu a Iñigo Urkullu, que en Mungia, su pueblo materno, pasó la infancia".

Precisamente, el presidente del EBB del PNV fue una de las muchas personas que acudieron a su funeral, oficiado en euskera -menos el sermón- por el obispo Ricardo Blázquez y otros treinta sacerdotes. También estuvo presente la corporación municipal en pleno. El anterior regidor, José Antonio Torrontegi, califica a Solozabal "primero como sacerdote, después como poeta, euskaldun de fe y muy abertzale y patriota. Amaba mucho a su tierra, defendía el euskera a ultranza, sobre todo el de su zona, donde decía que era donde mejor se hablaba euskera".

Amaba su pueblo natal, Etxebarria, y sobre todo amaba el monte Kalamua, al que llamaba Maxa. "Solía contar que cuando era estudiante visitó junto con otros cinco amigos y Barandiaran el monte y mientras se divisaba por un lado Bizkaia y por otro Gipuzkoa, Barandiaran exclamó: "Nunca jamás pisaré un monte como éste". A Solozabal le embargaba la emoción". Ayer los emocionados fueron otros. Y muchos. Agur eta ohore.
Volver arriba