Rouco, triunfante

Nada que objetar a una nueva Universidad católica en Madrid, si se dedicase a impartir estudios civiles. Como la San Vicente Mártir de Valencia o la UCAM de Murcia, las dos con un envidiable número de alumnos y bases sólidas de cada al futuro. Pero, en principio, la nueva Universidad San Dámaso es sólo para estudios eclesiásticos. Y en ese mercado, cada vez más reducido, apenas hay espacio. La Iglesia española estaba suficientemente bien surtida con dos universidades históricas y de categoría, como la Pontificia de Salamanca y la Pontificia de Comillas. Dos universidades con solera. Y el que tuvo retuvo.
Como decia hace poco monseñor Fernando Sebastián, la España actual no puede mantener tantas universidades eclesiásticas. El número va en detrimento de la calidad. Comillas y Salamanca todavía pueden presumir de contar con profesores de prestigio y un prestigio consolidado a nivel mundial. No se puede decir lo mismo (al menos por ahora) de la San Dámaso.
Rouco tiene "su" Universidad. Cuando lo lógico hubiera sido unir fuerzas y buscar la excelencia en torno a un centro histórico como Salamanca, divide aún más lo poco que queda. Y, por lo tanto, lo debilita. Y, a su imagen y semejanza, siguiendo su ejemplo, cada obispo monta su propio chiringuito teológico en su diócesis o lo más cerca posible. Con profesores de andar por casa y títulos de tres al cuarto. Y rebajas teológicas.
Conseguir un buen centro no será fácil ni para Rouco. Habrá que ver si es capaz de dotar a su nueva Universidad de la excelencia de las otras dos a las que intenta hacer sombra directa o indirectamente. Lo que va a conseguir, en cualquier caso, es menoscabar a la ya "tocada" Universidad pontificia de Salamanca. Que no olvidemos que es la Universidad del episcopado y, por lo tanto, también de Rouco. La Universidad en la que se formó y de la que llegó a ser vicerrector.
Pero aquellos eran otros tiempos. Los tiempos en los que el propio Rouco se alineaba con los defensores del Concilio. Era la época gloriosa de la troika Sebastián-Olegario-Rouco. El mismo Rouco que, ahora, amenaza con darle la puntilla a su antigua casa. Aunque no creo que lo consiga. Son demasiados años de gloria y de historia para que la Ponti sucumba. Aunque lo intente el mismísimo imperator eclesiástico ibérico.
José Manuel Vidal