Rouco, triunfante

A la espera de su apoteosis personal el día 20 de agosto, cuando el Papa entone (o se una) al coro que le cante el "cumpleaños feliz" (los 75 bien llevados), el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, continúa dando muestras de que consigue todo lo que se propone. Tiene todo el poder (eclesiástico) y hace gala de él a las claras. Lo exhibe sin recato. La última muestra, la consecución de "su" universidad católica para la San Dámaso de Madrid. Ya sólo le queda, antes de irse (dentro de 3 años o, simplemente, cuando lo estime conveniente, para eso es el vicepapa español), colocar al sobrino como su sucesor en Madrid y a Martínez Camino como arzobispo de Barcelona. Si se pone, seguro que lo consigue. Es el imperator de la Iberia católica.

Nada que objetar a una nueva Universidad católica en Madrid, si se dedicase a impartir estudios civiles. Como la San Vicente Mártir de Valencia o la UCAM de Murcia, las dos con un envidiable número de alumnos y bases sólidas de cada al futuro. Pero, en principio, la nueva Universidad San Dámaso es sólo para estudios eclesiásticos. Y en ese mercado, cada vez más reducido, apenas hay espacio. La Iglesia española estaba suficientemente bien surtida con dos universidades históricas y de categoría, como la Pontificia de Salamanca y la Pontificia de Comillas. Dos universidades con solera. Y el que tuvo retuvo.

Como decia hace poco monseñor Fernando Sebastián, la España actual no puede mantener tantas universidades eclesiásticas. El número va en detrimento de la calidad. Comillas y Salamanca todavía pueden presumir de contar con profesores de prestigio y un prestigio consolidado a nivel mundial. No se puede decir lo mismo (al menos por ahora) de la San Dámaso.

Rouco tiene "su" Universidad. Cuando lo lógico hubiera sido unir fuerzas y buscar la excelencia en torno a un centro histórico como Salamanca, divide aún más lo poco que queda. Y, por lo tanto, lo debilita. Y, a su imagen y semejanza, siguiendo su ejemplo, cada obispo monta su propio chiringuito teológico en su diócesis o lo más cerca posible. Con profesores de andar por casa y títulos de tres al cuarto. Y rebajas teológicas.

Conseguir un buen centro no será fácil ni para Rouco. Habrá que ver si es capaz de dotar a su nueva Universidad de la excelencia de las otras dos a las que intenta hacer sombra directa o indirectamente. Lo que va a conseguir, en cualquier caso, es menoscabar a la ya "tocada" Universidad pontificia de Salamanca. Que no olvidemos que es la Universidad del episcopado y, por lo tanto, también de Rouco. La Universidad en la que se formó y de la que llegó a ser vicerrector.

Pero aquellos eran otros tiempos. Los tiempos en los que el propio Rouco se alineaba con los defensores del Concilio. Era la época gloriosa de la troika Sebastián-Olegario-Rouco. El mismo Rouco que, ahora, amenaza con darle la puntilla a su antigua casa. Aunque no creo que lo consiga. Son demasiados años de gloria y de historia para que la Ponti sucumba. Aunque lo intente el mismísimo imperator eclesiástico ibérico.

José Manuel Vidal
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