1.- Cuántos esfuerzos, Señor, y nada he conseguido; soy siervo inútil; me siento como aquellos Apóstoles tuyos después de la Resurrección que nada habían pescado. Comprendo que no es difícil sentirse así.
2.- Dame fuerza para no recrearme en este pensamiento de inutilidad. Es verdad que nada soy, mas que me dé cuenta en que todo lo puedo en Aquél que me conforta; dame esta alegría interior; que mi corazón cante por dentro, porque "un anciano es algo triste, a no ser que su corazón sepa cantar". Cantaré para siempre las misericordias y las grandezas del Señor.
3.- Parece que escucho en el fondo de mi corazón lo que decías a los tuyos después de la pesca: "Echad las redes a la derecha".
4.- En tu nombre, Señor, echaré las redes. Dame esa alegría y esa confianza en tu palabra como la tuvieron los santos.
5.- Los que habéis resucitado con Cristo buscad las cosas de arriba; gustad de las cosas de arriba. Ahora y siempre quiero vivir, Señor, con el corazón en el Cielo, aun cuando deba estar con los pies en el suelo.
6.- He resucitado, y todavía estoy contigo; has puesto sobre mí tu mano; admirable es tu ciencia aleluya, aleluya, aleluya.
Ver página web http://personales.jet.es/mistica