Hemos oído en algunos cursillos prematrimoniales defender el mal uso del matrimonio, basándose en la paternidad responsable y en la elección del mal menor. Por desgracia los errores de tipo moral y doctrinal están a la orden del día.
Nosotros hemos de guiarnos por la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Expuesto de una manera sucinta es así:
- El empleo de anovulatorios (píldoras anticonceptivas) es lícito solamente - según la Encíclica Humanae vitae - cuando a través de ellos se puede conseguir la salud de la mujer, al regular su ciclo menstrual. Aplicaríamos aquí el principio moral del "doble efecto". El efecto bueno, curar; el efecto malo, producir la esterilidad de la mujer. Con la voluntad solamente se debería desear el efecto bueno.
- Nunca es lícito el uso del preservativo físico o químico durante el acto sexual (condón, espermaticidas, etc. ).
- Tampoco es honesto el ligamento quirúrgico de trompas para evitar un posible embarazo.
- Se puede lícitamente realizar la unión sexual en los períodos agenésicos, siguiendo el método Ogino, la curvatura de las temperaturas, etc. Es recomendable en este sentido el libro titulo: "Agenesia y fecundidad. (Editorial Marfil).
- La eyaculación voluntaria fuera del lugar debido, "coitus iterruptus", es lo que vulgarmente se conoce como "mal uso del matrimonio", es materia de confesión, ya que se trata de pecado grave.
- Para guardar castidad conyugal disponemos de medios sobrenaturales adecuados. La confesión y comunión frecuentes, la devoción a María, la vida espiritual bien llevada.
Las muestras de ternura mutuas entre los esposos sirven de lenitivo y fomentan el amor en los períodos en que se ha decidido abstenerse de la relación sexual. Esta afirmación a primera vista pudiera parecer contraria a nuestro propósito. No es así. Hemos de educarnos los esposos en una jerarquía de valores. Saber unir la ternura con la sexualidad y también desligarla. Nuestro aserto está avalado por el testimonio de muchos matrimonios cristianos. (El libro "Ved cómo se aman" de Dantec. Editorial Mensajero, trata ampliamente este tema).
Pablo VI afirma en la Humanae Vitae: "Hay que excluir como intrínsecamente deshonesta toda acción que, en previsión del acto conyugal, en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación".
La doctrina de la Iglesia es clara. Lo que enseñan algunos pseudomoralistas contrario a estos principios, no es de fiar.
Nos Humanizamos
Transcurridos algunos años de vida conyugal, poco a poco se cambia la mentalidad, y la relación de esposos se humaniza, y llega a ser más espiritual que carnal. Se trata de una intimidad compartida en todo, y también en lo sexual. Es mayor el placer del espíritu que el puramente animal. Se llega a comprender la frase "dos almas en una sola carne". Se entienden a la perfección las metáforas de los profetas y místicos, que, para explicar la relación con Dios, toman imágenes del matrimonio.
Una vida matrimonial bien orientada nos lleva a Dios. A través del amor de lo visible somos arrebatados al amor de lo invisible. Pero esto no se logra en unos días. Hemos de entregarnos a una vida espiritual común; confianza sin límites; proyectos de apostolado; salir de nosotros mismos; contemplar nuestra actuación como sacerdotes del hogar; lanzarnos también, sin abandonar nuestro principal deber, la familia, al apostolado.
Que, al contemplar el mundo, el amor de vuestro matrimonio pueda exclamar: "¡Cómo nos amará Dios, si ellos saben amar tan bien!" Ese es nuestro reto. Esto nos pide a todos el Concilio Vaticano II.
JM. Lorenzo
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