Recuerdo con gran emoción a aquellos curas de los años cincuenta y sesenta, cuando venían al Seminario con la fuerza de un huracán; yo era entonces filósofo. Nos hacían vibrar con ansia de santidad y de apostolado. Ojalá Dios mantenga en usted el fervor de aquellos curas.
Muy a menudo, con el paso de los años, nos volvemos más críticos. Sabemos demasiado. Nos parece como algo extraño nuestras antiguas experiencia. A pesar de todo, estoy convencido de que aquello es más auténtico, lleno de fe y de REALIDAD TOTAL, que lo que ahora podemos vivir, si no ponemos el acento pleno en el amor a Dios. A no ser que seamos de ese uno por ciento que ha seguido avanzando en las vías místicas. Yo muchas veces le digo al Señor, con lágrimas en el corazón: "deduc me in via antiqua".
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