Nuestras fuerzas para seguir el impulso de Dios

Espiritualidad

Nuestras fuerzas para seguir el impulso de Dios

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Queremos hacerlo todo por nuestras fuerzas; eso no se puede. La fuerza la da Dios en la oración. ¡Cuántas veces lo he comprobado! Días de oración ferviente: se palpa la gracia de Dios mientras hablamos, mientras actuamos. Días de oración floja, rutinaria, sin empeño. Hasta se distraen quienes me escuchan.

Por otra parte, la oración ha de ir unida con la abnegación. He pretendido separarlo. Oración, sí. Sacrificio, no. Así me ha ido. ¿Cómo orar bien teniendo el cuerpo "a papo de rey"? ¿Cómo me va a dar el Señor el don de oración si no le doy muestras de que me importa El muy por encima de todo lo creado? Del todo, del todo...así tiene que ser mi entrega; así ha de ser la tuya.

Cuando estamos al frente de otros, no ha de ser para ninguna clase de privilegios, honores, ni beneficios. El Señor nos ha puesto allí para servir. Y tengo que vigilarme mucho para dar ejemplo, animar a la perfección, a la fe, a todo lo bueno. La santidad del grupo depende mucho de mi manera de actuar. ¿Porqué han languidecido mis obras de apostolado tantas veces? Por esta falta de celo, de vida interior. Estoy seguro de que, si nos esforzamos, si vivimos en contacto con Dios durante el día; nuestra relación será mejor; el mundo será un poco mejor.

Cuando los dirigentes son santos, cuando están llenos del amor de Dios y hacen amable la santidad, Dios suele hacer entonces verdaderas constelaciones de santos. Así ha florecido siempre la santidad en la Iglesia. A través de grupos. Nosotros debemos ser una pequeña constelación de santidad. Vamos a esforzarnos. A poner todo de nuestra parte.

¿Te fijas en esta sublime realidad? Si tú buscas solamente a Dios, poco a poco tendrán ilusión en buscarlo tus amigos, tu familia, las personas relacionadas contigo. La familia no es lo más fácil porque nos tratan de continuo y ven todos nuestros fallos. Pero si de verdad buscamos a Dios, poco a poco subirá nuestra virtud e incluso la familia llegará a mejorar. Si yo miro a Dios en todo, poco a poco quienes me rodean también lo mirarán y me irán viendo como un hombre de Dios.

José María Lorenzo Amelibia  

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