Vivamos como hijos de la luz

El obispo Moncada decía que no hay que esperar a la otra vida, -donde nos acogerá la misericordia, que ya nos abraza ahora- que muchos viven el infierno aquí en la tierra, y el infierno es: vivir sin amar, erigirse en juez de los otros, amargarnos la vida y amargarla a los otros, el odio, la venganza, los celos, la avaricia….

Hermanos, el sepulcro está vacío, la muerte no tiene la última palabra: Cristo la ha vencido para siempre, ha resucitado, y eternamente viviremos con Él.

Creo que en el momento de la muerte, cuando le veamos, no sabemos cómo, Él nos transformará. Alguien dijo que Dios puede madurar un fruto con sólo tocarlo: ¿Quién se resistirá a esa mirada, a esa presencia, a esa luz? Será un cara a cara…. Será…lo más probable ¡es que quién sabe!

Vivamos como hijos de la luz, y así las tinieblas quedarán disipadas.

Buena subida a Jerusalén: allí un año más la Iglesia nos recordará que Dios nos ama a fondo perdido, para siempre.

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