ADIÓS A TODO AQUELLO - 1


Se acepta, al menos como fenómeno universal, que el sentimiento religioso sea algo cuasi inherente a la naturaleza humana (no voy a afirmar que sea consustancial a la misma, porque no lo es, pero…).

...¿pero el sentimiento religioso necesita de manifestaciones externas, individuales o sociales, para tener carta de naturaleza? De ahí que todavía tenga mis dudas de si lo que está feneciendo de la religión es su aspecto sociológico o la religión misma.

Debido a esa simbiosis entre sentimiento y manifestación externa, es esclarecedor no sólo el hecho de creer y practicar sino, tanto o más, el modo y el porqué del “descreer”.

Cuando la persona se va sintiendo más segura de sí misma, más independiente de los ciclos naturales, más autónoma porque dispone del sustento necesario, más festiva porque puede gozar del ocio, más integrada o reforzada por el sentimiento de una sociedad cambiante… la religión va quedando arrinconada tanto en el espacio mental más reducido –no hay compulsión o imperativo mental para las celebraciones religiosas-- como en el tiempo destinado a ella –primero de semana en semana, luego lapsos de tiempo más largos y finalmente en ocasiones contadas y por imperativo familiar o social (funerales, bodas, I Comunión…).

Un ejemplo: hace un siglo sería impensable que un fervoroso católico dejara de asistir a “los oficios” porque le había surgido la oportunidad de pasar tales fechas –Navidad, Semana Santa-- en la estación de esquí tal o cual. Buscaría como fuera un lugar para su celebración –gran facilidad tenía para ello en cualquier concejo, pues por mínimo que fuera el hábitat, allí había un párroco oficiante-- o declinaría la invitación. Hoy el turista ni siquiera se plantea posponer el viaje a Egipto, Turquía, Tailandia a sabiendas de que difícilmente puede en esos lugares cumplir el preceptivo “acudir a misa todos los domingos y fiestas de guardar”.

En vista de cómo la sociedad se va desprendiendo de los hábitos rituales de antaño, tengo mis dudas de si el conglomerado de prácticas, hábitos, costumbres, celebraciones y rituales sociales relacionados con la religión eran seguidos por convencimiento o por imposición gubernativo-clerical, llegando a erigirse en soporte mismo de la religión.

Ha sido tal la cantidad de hojarasca crédula que el vendaval democrático ha esparcido por los caminos de la vida, que con ella se ha ido gran parte de la carnaza con que la misma se sustentaba.

Los que ya superan el medio siglo de existencia bien saben de todo esto. Bueno es recordar. La religión en otros tiempos controlaba todos los aspectos de la vida: primero el económico, viviendo de los diezmos y primicias o las concesiones del Estado; luego la educación, pasando a ser la Iglesia la que en la práctica confeccionaba el currículum escolar; pero también las fiestas, la vestimenta, las películas... Por lo general los aspectos de la vida más controlados eran los relacionados con la moral, especialmente la moral sexual.

Todo ello ha sido barrido por y de esta nueva sociedad. En la comparación, decididamente no fue mejor el tiempo pasado. ¿Con ello se ha esfumado gran parte de la religión? SÍ. Lo quieran reconocer o no, muchos aditamentos adheridos a la religión y controlados por ella servían de lazos, de dogales más bien, para tener cautiva a la sociedad. Al soltarse o ser tajados, como hiciera Alejandro con el nudo gordiano ("tanto monta" de los Reyes Católicos), han arrastrado consigo otros elementos no tan folklóricos, el dogma.

El próximo día haré referencia a quince aspectos o situaciones como muestra de hasta dónde llegaban los tentáculos de la Iglesia en los años de nuestra primera infancia.
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