Ayer fue la festividad de la Virgen de Fátima, el "no va más" en visiones

Puestos a creer, todo ello induce a pensar en algo realmente sobrenatural. Aunque de nuevo el sentido común llama a la puerta con persistencia, sin querer abandonar sus propósitos.
Visto todo con ojos exclusivamente humanos, sin hincar excesivamente el diente en cecina tan dura y sin mucha ciencia psicológica, no hay nada pretendidamente sobrenatural y del otro mundo en tales apariciones por más que sea el tinglado tan monumental, si despojamos todo de añadidos y pegotes.
Hace años me tragué las "Memorias de Lucía" de donde extraigo estos apuntes. Leídas con ánimo crítico e incluso hostil--que es criterio tan digno como cualquiera-- no dejan de ser un monumental fraude al pueblo, a la historia, a la razón y a la credulidad.
A falta de explicaciones primeras y de investigaciones inmediatas, que se hicieron casi para confirmar lo que se quería, el fervor popular, la gran masa de crédulos, la oposición de la familia que hacía más testaruda su obstinación en reafirmarse en ellas, el aliento de la credulidad, el beneficio de los eclesiásticos... empujaron a unos niños a una huida hacia delante dentro del único submundo cultural medianamente elevado --el de las creencias-- que embargaba a esos niños y trascendía a la madre, a la iglesia y al pueblo.

Lo decimos con claridad: ¡claro que las visiones eran reales...! ¡pero qué candorosamente humanas! Si no ofendiera demasiado, alucinación es la palabra justa.
Echemos un vistazo al único sustento “espiritual” de que se alimentaban los niños. Lo dicen las misas Memorias. Como requisito previo a su I Comunión, estaba el obligado y severo adoctrinamiento; soñaban con su fiesta, la más importante para ellos y la vivían con verdadera obsesión; era la única a ellos dedicada, la Primera Comunión; la presión por aprender la doctrina, inapropiada a sus mentes infantiles, tenía todos los tintes del lavado de cerebro. Luego vino el lógico miedo, el gentío congregado...
Así comenzó todo. Si a eso se añaden el martilleo materno por que aprendieran, que echaba leña a un fuego que ya había prendido en sus mentes alucinadas, a lo que se unían una imaginación exacerbada y una sensibilidad a flor de piel, como la de Jacinta, el cóctel estaba servido: realmente no tuvieron más remedio que ver lo que vieron.
No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida.
...Vimos al ángel,...en la mano izquierda un cáliz sobre el cual había suspendida una hostia de la caían unas gotas de sangre dentro del cáliz... ...tuve un sueño... vi al demonio, que riéndose por haberme engañado, hacía esfuerzos para arrastrarme al infierno.
El infierno... Un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas... Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos pero trasparentes y negros.
...Yo no vuelvo más a Cova de Iría...
Al día siguiente, al llegar la hora en que debía partir, me sentí de repente impulsada a ir por una fuerza extraña y que no me era fácil resistir [LUCÍA]