La cultura de la creencia es una cultura de muerte:
un dios que muere y resucita;
una vida que sólo espera la felicidad futura, felicidad que sólo se encuentra plenamente tras la muerte;
unos consejos ascéticos, unas prácticas que implican dar de lado a las cosas de este mundo;
un mortificarse como consejo de perfección;
un morir a diario para encontrar la felicidad;
un desprenderse de todo para estar libres de carga en el viaje al más allá;
una literatura permanentemente en agonía...
Frente a todo esa negatividad, expresa de mil modos en los "pasos" de Semana Santa, un mundo paralelo, un mundo que ya se vislumbra, un mundo por el que trabajan tantas y tantas personas, que alza sus manos por la paz, un mundo que se moviliza a una contra las desgracias y contra la injusticia, un mundo de progreso, un mundo que busca la felicidad, un mundo que quiere andar el camino del conocimiento y que encuentra la sabiduría en el equilibrio de sus componentes...