La Hostia en el Corpus Christi.

El próximo domingo por traslación o exigencias laborales antañeras, se celebra la "gran" festividad del Corpus Christi. En algunas Comunidades, el jueves sagrado que antaño brillaba más que el sol (1), éste de hoy, será fiesta laboral.

¿Por qué este juego entre laboral y festivo al gato y al ratón? El Gobierno en su momento pide a la Iglesia el traslado de tal festividad; la Iglesia acepta; pero luego la sociedad civil siente la nostalgia de las calles "apetaladas" y la exhibición de custodias "de gran valor artístico" (y crematístico) en procesión por las calles engalanadas... y decide festivizarlo. ¿Alguien entiende este despropósito?

Pero no es esto lo que suscita nuestra vena irónica sino el contenido del asunto, lo que porta la custodia, lo que guarda el "viril": la Hostia Sagrada y el nombre a ella aplicado. Porque si ayer versaba el asunto de procesiones, hoy nos tenemos que referir a la misma denominación del objeto de culto: ¿cómo llamar a la oblea transmutada por transustanciación?


Un ejemplo que ha descolocado a la predicación, que ha secuestrado la más excelsa denominación del Corpus Christi, que ha hundido en la risa la inestable seguridad del credo, que excita a la ira santa cuando se blasfema de manera banal y denigrante... está en la vulgarización coloquial y denominativa del sacramento de la eucaristía.

Harina mezclada con agua, tostada en obleas, recortada en círculos de 4 cm de diámetro y 32 micras de grosor... ese producto manufacturado exclusivo de la industria panificadora de los conventos femeninos y que casi por fe se puede denominar "pan", ha recibido hasta ayer el hombre de “hostia” (2), hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada.

Hoy es sinónimo de bofetón, sopapo, revés, guantazo, puñada, puñetazo o metido. Y cuando uno la sufre, viene a ser “¡vaya hostia se ha dado!”.

Tiene también otra acepción, la de cosa excepcional, digna de elogio o de reprensión.


Pero en sí, es el mejor, más grande y sutil secuestro de la palabra con que la sociedad de la vida se ha vengado de la sociedad del credo.

El misterio fundamental del cristianismo convertido en apenas cuarenta o cincuenta años en otro espécimen léxico más de las relaciones humanas. Ha sido una de las grandes “tragedias” para la credulidad católica.

De ahí que no sepan ya cómo llamar a “eso”: o bien directamente dicen “el Cuerpo de Cristo” –algo que también sufre transmutación semántica cuando responde la basca con “Cristo, qué cuerpo” si de bella manceba se trata--, o lo llaman “la forma”, informe denominación de tal círculo farinaico. En su momento oportuno pasa a ser “la comunión” como metonimia necesaria...

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(1) Del latín “hostia” que significa “víctima”.

(2)
"Tres jueves hay en el año
que relumbran más que el sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión"
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