Trasfondos de lucro y santidad.
Cuando hablamos del negocio que existe dentro de la Iglesia Católica de los santos, beatos, semibeatos, venerables, “beatificandos” o simplemente sacerdotes, monjas o frailes que en su tiempo fueron “buenos” –a su estilo y dentro de su mundo-- no lo decimos “a humo de pajas” sino con conocimiento de lo que está sucediendo.
Si el negocio fuera honesto, nada diríamos; pero es un negocio del engaño: la Iglesia y las Congregaciones reciben bienes “contantes y sonantes” a cambio de humo, de sentimiento, de consuelo engañoso...
Es un negocio lucrativo, en algunas Órdenes “muy lucrativo”, con trasfondo de magia, maneras civilizadas y medios ad hoc: hojitas volanderas, propaganda sensiblera, relación de “favores” y, aunque en letra pequeña para “no dar importancia al dinero”, dirección y cuenta corriente.
Abundan peticiones de libros, estampas, reliquias; superabundan “agradecimientos por los favores recibidos”; abundan donaciones altruistas; cartas sin nombre ni dirección pero incluyendo donativo...
Miles y miles de euros que se mueven en una dirección a cambio de una carta de agradecimiento y “encomienda” al beato de turno.
Tengo en mi poder numerosísimas de estas cartas, que destilan amargura vital buscando un bálsamo, el que sea, sin caer en la cuenta de engaños edulcorados.
Los fieles crédulos no saben a veces ni siquiera de quién están hablando ni a quién se están encomendando, como el caso de la señora de un pueblo de Cáceres que se dirigía en carta ¡a la mismísima “venerable” sin serlo!
Si el negocio fuera honesto, nada diríamos; pero es un negocio del engaño: la Iglesia y las Congregaciones reciben bienes “contantes y sonantes” a cambio de humo, de sentimiento, de consuelo engañoso...
Es un negocio lucrativo, en algunas Órdenes “muy lucrativo”, con trasfondo de magia, maneras civilizadas y medios ad hoc: hojitas volanderas, propaganda sensiblera, relación de “favores” y, aunque en letra pequeña para “no dar importancia al dinero”, dirección y cuenta corriente.
Abundan peticiones de libros, estampas, reliquias; superabundan “agradecimientos por los favores recibidos”; abundan donaciones altruistas; cartas sin nombre ni dirección pero incluyendo donativo...
Miles y miles de euros que se mueven en una dirección a cambio de una carta de agradecimiento y “encomienda” al beato de turno.
Tengo en mi poder numerosísimas de estas cartas, que destilan amargura vital buscando un bálsamo, el que sea, sin caer en la cuenta de engaños edulcorados.
Los fieles crédulos no saben a veces ni siquiera de quién están hablando ni a quién se están encomendando, como el caso de la señora de un pueblo de Cáceres que se dirigía en carta ¡a la mismísima “venerable” sin serlo!