Sin comprobación no hay verdad. ¿Se podrá comprobar algo en la religión?

La religión como “teoría” es pura especulación. Especulación que incide en la psicología, la sociología, la antropología... bajo criterios distintos. No ha recibido jamás el respaldo de la comprobación.

Teoría inmensa e intensa: ingente producción especulativa, teórica, literaria, reflexiva, educativa, dicen que teológica. Sin comprobación.

La única comprobación a la que se acogen suele derivar o provenir de la magia (milagros). Pero ésta no es de fiar.

Toda teoría debe sustentarse en observaciones experimentales; pero en la religión dichas observaciones suelen ser, cuando lo son, visiones.

Por otra parte, toda teoría debe quedar confirmada por hechos --previos o posteriores, espontáneos o provocados, naturales o experimentales--, pero en la religión los únicos hechos aducidos también son mágicos, los milagros. Curiosamente a ellos se agarran de modo pseudo científico para determinadas certificaciones.

Su aportación “fáctica” más fehaciente suele provenir de un testimonio vitalista, la realidad de “sus” santos. Y decimos expresamente “sus” santos porque dichos personajes no son modelos para “todos” los hombres –de hecho el resto de las religiones no los considera “sus” modelos--, sino sublimaciones y engendros de un modo de vivir falso, idealista, tergiversado, desnaturalizado y deformado de lo que es propia y específicamente humano: son más santos cuanto menos humanos.

Lo que no es natural, dicen, es sobrenatural; el hombre normal y corriente diría que es antinatural. O de otro modo, lo que no es normal, es anormal en todo el sentido peyorativo del término.
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