Con IVA o sin IVA

En una charla con amigos, salió el tema del impuesto del IVA. Yo comenté que me había parecido muy buena la campaña del gobierno para hacernos ver que ese dinero va a colegios, hospitales, pensiones… algo que con frecuencia olvidamos. Esos anuncios, más la lectura de la última encíclica Evangelii Gaudium, me habían supuesto una conversión fiscal pues había decidido cumplir mis pagos como buena ciudadana (algo que reconozco no hacía siempre).

Fueron muy distintas las reacciones de los contertulios. El más legal confesó que estaba pagando el IVA desde hace años, lo que asombraba a los distintos oficios con los que se había relacionado. El resto se buscó infinitas razones para no hacerlo y acallar su conciencia: Montoro tiene afán recaudatorio, el gobierno emplea mal el dinero, muchos cargos de la administración roban, es mejor dárselo a Caritas etc.

Hace unos pocos años en España no se podía comprar ningún inmueble sin que hubiera una parte del precio no declarada, la gente presumía de los trucos que hacía para no pagar impuestos, la recalificación de terrenos era imposible sin una mordida a determinados funcionarios… unas prácticas corruptas que hoy están saliendo a la luz. Quiero ser optimista y pensar que vamos por la buena senda y que algunas de estas actuaciones han dejado de ser denominador común en nuestra economía. Ahora le toca el turno al IVA.

Nuestra tertulia siguió tocando temas diversos. El que más acaloramiento produjo fue el de las relaciones prematrimoniales que eran “siempre” un pecado grave para uno de nuestros amigos. Intentamos convencerle, para que cambiara de opinión, pero solo conseguimos que reconociera que hay cosas peores.

Todos éramos personas de 70 años educados en el horror al sexo y con poca conciencia social o de impuestos pero algunos habíamos evolucionado, probablemente con el contacto con hijos y nietos ¡Qué difícil es poner a la gente de acuerdo!
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