Hacer realidad una "Economía sin trata de seres humanos" Acabar con un sistema económico que trata a la persona como mercancía

Jornada Mundial de Oración y Reflexión Contra la Trata
Jornada Mundial de Oración y Reflexión Contra la Trata

La Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, que se celebra cada año el 8 de febrero, nos lleva a reflexionar en 2021, en su 7ª edición, sobre el tema "Economía sin trata de seres humanos"

El sistema económico global que domina el mundo sólo se superará en la medida en que se adopte una visión "estructural y global" de la trata de seres humanos, que contribuya a desequilibrar todos esos mecanismos perversos que alimentan la oferta y la demanda de "personas a explotar"

Estamos ante una nueva oportunidad de tomar conciencia como Iglesia y ayudar a la sociedad a sentir la necesidad de afrontar un delito que está mucho más cerca de nosotros de lo que creemos

Tráfico de pessoas

En una sociedad en la que el beneficio determina las relaciones entre las personas, estamos llamados a reflexionar como humanidad, a construir un mundo marcado por las relaciones de fraternidad, que nos lleve a ver al otro como un hermano, como una hermana. La Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, que se celebra cada año el 8 de febrero, nos lleva a reflexionar en 2021, en su 7ª edición, sobre el tema "Economía sin trata de seres humanos".

El Papa Francisco, en su discurso en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra el 9 de julio de 2015, decía: "Digamos “NO” a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la madre tierra". Estamos ante un sistema económico, en palabras del Santo Padre, que castiga "a la Tierra, a los pueblos y a las personas de un modo casi salvaje", que deja oler "eso que Basilio de Cesarea –uno de los primeros teólogos de la Iglesia– llamaba “el estiércol del diablo”.

Estamos llamados a reflexionar sobre el modelo económico dominante, una de las principales causas de la trata de personas. No podemos olvidar que los beneficios anuales de la trata en el mundo son de 150.200 millones de dólares, de los cuales dos tercios proceden de la explotación sexual. Estamos ante un modelo cuyos límites y contradicciones se han visto agravados por la pandemia del Covid-19. Una parte importante de este modelo económico, dados los elevados beneficios que genera, es el tráfico de personas, consideradas como mercancías, sometidas a la especulación financiera y a la competencia. 

El sistema económico global que domina el mundo sólo se superará en la medida en que se adopte una visión "estructural y global" de la trata de seres humanos, que contribuya a desequilibrar todos esos mecanismos perversos que alimentan la oferta y la demanda de "personas a explotar". La reflexión sobre este sistema económico nos lleva a comprender que es el corazón de toda la economía el que está enfermo. Es una economía en la que todo está dominado por el precio de los productos, en la que las empresas se han convertido en víctimas de una lógica en la que la empresa se valora cada vez más por el precio de sus acciones en el mercado financiero y no por el valor añadido que genera su capital humano.

Encíclica fratelli tutti

Fratelli tutti nos dice que "el derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres" (FT 122). No hay que olvidar que son los pobres las mayores víctimas de la trata de personas, a menudo como consecuencia de la falta de oportunidades a nivel local, de la que se aprovechan las mafias, que con falsas promesas consiguen atraer a las víctimas. Frente a esta realidad, la misma encíclica nos dice que "la superación de la inequidad supone el desarrollo económico, aprovechando las posibilidades de cada región y asegurando así una equidad sustentable" (FT 161). 

Ante las "serias fallas estructurales que no se resuelven con parches o soluciones rápidas meramente ocasionales" (FT 179), son necesarios cambios profundos y transformaciones importantes, buscando una economía que apunte al bien común. Esto puede considerarse una crítica del Papa al neoliberalismo, al que la pandemia de coronavirus ha abierto sus heridas. En este sentido, podemos decir que la trata de personas es la punta del iceberg, es el espejo de un malestar creciente de un neoliberalismo existente basado en una (falsa) idea de libertad económica en la que toda instancia ética, social y política es extraña y un obstáculo.

El Papa Francisco, en Fratelli tutti, nos dice que "hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite que pueda ser tratada como un objeto. […] La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin" (FT 24). Esta esclavitud moderna, la trata de personas, es “un problema mundial que necesita ser tomado en serio por la humanidad en su conjunto" (FT 24). Podemos decir que el Papa Francisco es hoy uno de los principales impulsores de esta lucha contra la trata de personas. Quiere que toda la Iglesia se involucre en esta dinámica, algo que en la Iglesia latinoamericana coordina la Red CLAMOR, que incluye diferentes redes nacionales y regionales.

El vínculo entre la trata de personas y el tráfico de drogas y armas es fuerte, nos recuerda el Papa Francisco en su última encíclica, una realidad muy presente en la vida de los inmigrantes, sometidos a muchas situaciones de fragilidad, tanto antes como durante su viaje, incluso después de haber llegado a su destino, donde las condiciones de vida son a menudo precarias. Fratelli tutti nos llama a "cuidar la fragilidad" para evitar llegar a la "cultura del descarte".

Trata

Este año, la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de una economía sin trata, que es una economía que valora y vela por los seres humanos y la naturaleza, que incluye y no explota a los más vulnerables. Desde el Comité Internacional de la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, se propone entender y tomar como modelo económico la "Economía de Francisco", el gran movimiento de jóvenes economistas, empresarios y agentes de transformación de todo el mundo convocados por el Papa Francisco para compartir ideas y diseñar iniciativas para la promoción del desarrollo humano integral y sostenible en el espíritu de Francisco.

Como Iglesia es importante conocer las "Directrices Pastorales del Vaticano sobre la Trata de Personas", donde se pone de manifiesto que la Trata de Personas "se apodera de sus víctimas y las conduce a lugares y situaciones en las que son tratadas como mercancías, para ser compradas y vendidas y explotadas como trabajadores o incluso como ‘materias primas’ de múltiples e inimaginables maneras”. Una de las causas de todo esto, según las directrices, es "el aumento del individualismo y el egocentrismo, actitudes que tienden a considerar a los demás desde una perspectiva puramente utilitaria, dándoles valor según criterios de conveniencia y beneficio personal".

La Iglesia, según las directrices, "se compromete en todo el mundo a denunciar la mercantilización y la explotación de las personas como consecuencia de la ‘cultura del descarte’, condenada reiteradamente por el Santo Padre y vinculada por él al ‘dios dinero’". En este sentido, estamos llamados a reflexionar sobre el aspecto de la demanda y el poco conocimiento sobre la naturaleza y la difusión de la trata de personas, haciendo "todo lo posible para aumentar la conciencia y la formación de los jóvenes con el fin de prevenir y combatir eficazmente la trata de personas". Además, es necesario denunciar las situaciones de trata de personas, así como comprender las conexiones entre la trata y el mundo empresarial y cómo la trata de personas forma parte de las cadenas de suministro. 

Estamos ante una nueva oportunidad de tomar conciencia como Iglesia y ayudar a la sociedad a sentir la necesidad de afrontar un delito que está mucho más cerca de nosotros de lo que creemos. A menudo ponemos la economía por encima de la vida y justificamos actitudes personales y sociales que provocan situaciones de trata de personas. No olvidemos nunca que se trata de personas y que nuestra falta de compromiso produce explotación y muerte.

Tráfico humano

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