Sed

Agua
La sed en el mundo es uno de los graves problemas de la humanidad y por poseerla hubo y hay graves enfrentamientos entre los pueblos, unos abiertamente y otros solapados.

Hay que oír los habitantes de los pueblos que carecen de agua para apreciar que es vivir en un país que disponemos de ella. Abrir un grifo y que de ella mane un chorro de agua es una bendición que muchos no conocen y que los que toda la vida hemos nos hemos acostumbrado a tenerla a mano no sabemos valorar en su justo medio.

Seguro que todos hemos experimentado en alguna ocasión lo que es tener sed y no disponer de ninguna bebida para desalterarnos. Esta experiencia nos puede hacer comprender las palabras de Jesús en la cruz: “Tengo sed”, la sed que experimentaban los crucificados por la dificultad de respirar que les reseca la garganta y las entrañas. Jesús experimentó la sed física y la espiritual por la salvación del género humano.

La sed llevó a la rebelión de los hebreos en el desierto: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros ganados?”, dijeron a Moisés. Josep M. Aragonés, un buen biblista, comentaba: “Por un vaso de agua la gente se lo juega todo”.

La samaritana dijo a Jesús: “Dame de esta agua para que no tenga yo más sed ni tenga que venir a buscarla aquí”. Ir a por agua era una de las tareas de la mujer en la antigüedad y aun hoy día lo es. Personalmente me impresionó, en el norte de la India, ver a las mujeres con sus jarras caminar cinco kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para tener el agua imprescindible para el día.

Sin ir más lejos me ha tocado vivir en una ciudad de España que en años de sequía las autoridades se veían obligadas a hacer largos cortes de agua durante el día, esto me ayudó a comprender la importancia del agua y apreciar su gran valor. Sin agua no hay vida.

La carencia de este elemento en tantos países nos tendría que llevar a hacer cuidado y no gastar más agua de la necesaria. Nada de dejar correr el agua mientras nos duchamos, nos lavamos las manos, o hacemos cualquier cosa en la que es menester el agua. El agua es un regalo que hay que usar, nunca derrochar. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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