El milagro de Lourdes

Pero lo que más me ha llamado siempre la atención de este lugar mariano no son los milagros, que en realidad no son tantos, sino la alegría de ver a los enfermos regresar con su misma enfermedad pero con una paz increíble. Allí a los píes de la Madre de Dios encuentran la fortaleza para llevar su enfermedad con garbo. Recuerdo particularmente el caso de un enfermo que vivía en un barrio extremo de Barcelona, estaba desahuciado y la situación económica de la familia debido a su enfermedad era precaria. La hospitalidad de Lourdes le ofreció por dos veces la posibilidad de ir a Lourdes.
La primera vez cuando regresó, tanto fue el impacto de ver aquel hombre tan enfermo y tan contento, que a la vuelta de su segunda ida sin hacer nada convocó todo el barrio: “Hoy regresa Juan de Lourdes”, se decían unos a otros y a la hora de su llegada todos estaban a la puerta de su bloque para recibirlo y para escuchar su experiencia. El buen señor no paraba de contar lo que había hecho, como lo habían tratado los camilleros, la procesión y bendición de cada enfermo con el Santísimo, sus ratos de oración a los píes de la Virgen blanca, las conversaciones con sus compañeros de peregrinación enfermos, los cantos. Era admirable como aquel público escuchaba atento sus explicaciones, y no es que fuera gente de Misa.
Al final su esposa con sus dos hijitas se acercan a él con cariño para decirle que ya bastaba, que debía estar muy cansado. Entonces unos pocos vecinos lo subieron en brazos a su casa. Allí continuaba su vida, esperando que la Virgen lo fuera a buscar y pidiéndole que cuando él se fuera no abandonara a su familia que era su gran tesoro. María escuchó su oración. Texto: Hna. María Nuria Gaza.