"La Iglesia es el primer proveedor del mundo en educación universitaria" Cardenal Tolentino: "El mundo de la educación se ha visto desbordado y trastocado por la irrupción de ChatGPT"

Cardenal Tolentino
Cardenal Tolentino

En su ponencia ha elogiado la extraordinaria e importante presencia mundial de la Iglesia en el campo de la educación

El cardenal Tolentino ha enumerado las dos propuestas educativas de mayor importancia a nivel internacional: la del Pacto Educativo Global (GCE) del Papa Francisco y la del Nuevo Contrato Social para la Educación de la UNESCO

El cardenal Tolentino ha agradecido la invitación a participar en este congreso sobre la presencia de la Iglesia en la educación, valorando el ámbito educativo como una de las misiones más importantes de la Iglesia. Ante los desafíos a los que se enfrenta hoy el campo cultural y educativo, ha destacado el sentido de unidad para orientar nuestros esfuerzos en la misma dirección. Además, ha recalcado el vínculo entre evangelización y educación: “la educación es un mandato, viene de lejos y nos conduce hacia el futuro”. 

En su ponencia ha elogiado la extraordinaria e importante presencia mundial de la Iglesia en el campo de la educación sin olvidar la Declaración Gravissimum Educationis, del Concilio Vaticano II, que recuerda: «Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación» (n.1). Así pues, para el ser humano, la educación es un derecho. Para la Iglesia, para el ser humano, la educación es un deber.

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Omella y Rouco
Omella y Rouco

Con respecto al debate actual sobre temas de educación, ha asegurado que en los últimos años hemos asistido a un resurgir de la atención hacia el ámbito educativo. Un despertar que muestra cómo la escuela se percibe cada vez como un lugar humano que debe ser repensado y apreciado por la comunidad. El cardenal Tolentino ha resaltado que el diagnóstico que hacen pedagogos, psicólogos y psiquiatras de la población infantil y juvenil es de una generación herida:

“No podemos pensar que el mundo precario en el que vivimos no contamina el ánimo de los jóvenes. Contamina, asusta y enferma, como lo demuestra claramente el aumento de los problemas de salud mental entre la población escolar”.

Además, ha rescatado las palabras del filósofo Jean-Luc Nancy quién recoge en uno de sus escritos: «las generaciones no se saben ni se sienten generadas, sino más bien despojadas, abandonadas o incluso dejadas al borde de un camino [...], en un región confusa y desprovista de pistas y señales». 

Durante su presentación, el cardenal Tolentino ha enumerado las dos propuestas educativas de mayor importancia a nivel internacional: la del Pacto Educativo Global (GCE) del Papa Francisco y la del Nuevo Contrato Social para la Educación de la UNESCO. Ambas, según Tolentino, se basan en los principios de cooperación y solidaridad, la atención a la ecología, la valorización de los docentes, la inclusión, la equidad y la implicación de todos en la construcción del futuro de la educación.

En un contexto de emergencia, el cardenal Tolentino ha invitado a educar para la fraternidad tal y como también señala el papa Francisco. Una de estas emergencias se refiere al cierre o alienación de varias escuelas católicas debido a diversas dificultades. Entre ellas, destaca, la feroz competencia que existe en el ámbito educativo “el cual es visto por los grandes fondos económicos como una actividad rentable o lucrativa”. 

Entre los retos futuros, el cardenal Tolentino ha nombrado a la inteligencia artificial. “El gran desafío que ha involucrado de lleno al mundo de la educación en los últimos años es el de la revolución digital”, ha asegurado. Además, ha resaltado el llamamiento a los líderes mundiales que ha realizado el papa Francisco para que se firme un tratado internacional. En este sentido, ha insistido en que tenemos que trabajar para que la IA se convierta en las escuelas y en las universidades, no en un colapso del sistema, sino en una oportunidad para reforzar la dignidad humana y la fraternidad. Es una realidad que el impacto de la Inteligencia Artificial en la educación es significativo y está en constante evolución. En esta línea, el Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, ha insistido en que la Inteligencia Artificial no reemplaza al ser humano: “El ser humano debe ocupar el centro y debe seguir teniendo la tutela. No hay educación sin el encuentro entre las personas”. 

Finalmente, el cardenal Tolentino ha mirado al futuro de la educación: “no tengamos miedo de unir a todos los actores sociales en torno a una causa común como es la educación. Hagámoslo también nosotros. Asumiendo la tarea educativa, no sólo estamos gestionando el tráfico de piedras de un lugar a otro, sin que juntos estamos construyendo una catedral", ha concluido.

Tolentino
Tolentino

Texto íntegro de la ponencia del cardenal Tolentino

“LA IGLESIA EN LA EDUCACIÓN. PRESENCIA Y COMPROMISO. PACTO EDUCATIVO GLOBAL”

Saludo e introducción

Queridos Hermanos de la Conferencia Episcopal Española.

Estimados rectores, docentes, padres y madres de familia, voluntarios y demás protagonistas y actores en el ámbito educativo. 

Saludo a todos y cada uno con afecto fraterno y os agradezco la oportunidad que me han brindado de estar hoy con vosotros para hablaros de educación, y en particular del gran proyecto del Papa Francisco: el Pacto Educativo Global.

Quisiera comenzar agradeciéndoos todo lo que ya estáis haciendo. Si la red escolar es una de las realidades más preciosas de la Iglesia contemporánea, si constituye una interfaz creíble y concreta en el diálogo de la Iglesia con las familias y la sociedad, eso se debe ciertamente al compromiso pastoral de todos. Gracias por ser sensibles a la importancia estratégica de las escuelas en el cumplimiento de la misión de la Iglesia y por dedicarles tiempo, afecto, energía y preocupación. La pasión educativa debe animarnos y unirnos a todos. Sólo juntos, y con un fuerte sentido de unidad, podremos afrontar con fidelidad y creatividad, desafíos trascendentales tan grandes como los que enfrentamos hoy en el campo cultural y educativo. No nos limitemos a ser conscientes y darnos cuenta de que estamos en el mismo barco. Eso es para comenzar. Sino que ¡rememos juntos!, aprendamos a hacerlo, y orientemos nuestros esfuerzos en la misma dirección.

El tema que habéis elegido “La Iglesia en la educación. Presencia y compromiso” describe cuál es una de las misiones más importantes de la Iglesia: la de educar. Misión que siempre ha asumido con compromiso desde el inicio de su actividad apostólica, hasta el punto de que podemos afirmar que “evangelizar educando” es una de las dimensiones específicas de la Iglesia. El mandato del Señor Jesús es muy claro, como se expresa en esta fórmula: «Id y enseñad a todas las naciones» (Mt 28,19) El verbo griego utilizado mathéteuó tiene una asociación explícita con el ámbito de la instrucción y la educación, como se muestra en otro pasaje de Mateo a propósito de los escribas (en griego llamados gramáticos): «todo escriba (γραμματεὺς) instruido sobre el Reino de los Cielos es como un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas». No dejemos de valorar el vínculo entre evangelización y educación.  La educación es un mandato. Viene de lejos y nos conduce hacia el futuro. 

Presencia y empeño 

Hace más de un año que asumí el cargo que me confió el Santo Padre como Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, y en este tiempo he podido constatar, de primera mano, la extraordinaria e importante presencia mundial de la Iglesia en el campo de la educación, hasta el punto de ser el primer proveedor del mundo en educación universitaria, con alrededor de 1,700 (mil setecientas) universidades católicas, y el tercero en educación escolar, con unas 220,000 (doscientas veinte mil) escuelas católicas. En ambos casos es primera, en absoluto, por la presencia capilar en todos los rincones de la tierra, por la diversidad de contextos sociales y humanos en los que se ubica, lo que le permite tener una visión global de la educación –y naturalmente proporcionar un servicio extraordinario– a nivel mundial.

La Constitución Apostólica “Ex corde Ecclesiae”, que es considerada la “Carta Magna” de las universidades católicas, nos recuerda que la Universidad Católica nació del corazón de la Iglesia y se remonta históricamente al origen mismo de la universidad como institución. No se trata, pues, de una acción social para satisfacer una necesidad, sino de una acción típicamente eclesial, que surge precisamente del corazón de la Iglesia, que coincide con su naturaleza y su misión. Lo mismo ocurre con las escuelas católicas, como nos recuerda la Instrucción “Identidad de la escuela católica: por una cultura del diálogo”.

Se afirma aquí que «la acción educativa llevada a cabo a través de las escuelas no es una obra filantrópica de la Iglesia para apoyar una necesidad social, sino que es una parte esencial de su identidad y misión» (§10). Sin olvidar el argumento esencial presentado por el Concilio Vaticano II quien, en la Declaración Gravissimum Educationis, declara: «el deber de la educación corresponde a la Iglesia no sólo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atención constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida.

La Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana.» (n. 3) Pues como lo recuerda, también, la misma Gravissimum Educationis: «Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación» (n.1). Así pues, para el ser humano, la educación es un derecho. Para la Iglesia, la educación es un deber.

El debate actual sobre temas de educación

En los últimos años hemos asistido a un despertar de la atención hacia la educación incluso fuera de aquellos que están directamente involucrados como actores en este campo. Véase, por ejemplo, cómo, del mundo del espectáculo, llegan diversas series de televisión (también españolas) ambientadas en las escuelas y universidades, centros penitenciarios de menores u otros entornos educativos. Las propuestas ofrecidas en ellas, no siempre corresponden con aquello que realmente los niños y jóvenes necesitan, o no hacen que la sociedad reflexione profundamente sobre la escuela, sin embargo, muestran cómo la escuela se percibe cada vez más como un lugar humano que debe ser repensado y apreciado por la comunidad.

Una misma señal en esta dirección es la relevancia en el debate contemporáneo sobre la educación, no solo de pedagogos o de administradores escolares, sino también de psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, filósofos y teólogos que influyen directa o indirectamente también en la reflexión eclesial sobre el tema. Por ejemplo, la idea de “la época de las tristes pasiones” de los psicoanalistas Miguel Benasayag y Gérard Schmit (con su ensayo “La época de las tristes pasiones”), fue retomada por el Papa Francisco en su discurso en Marsella (septiembre de 2023) y por la Conferencia Episcopal Italiana en su reciente documento “Más allá de las pasiones tristes. Cristianos que contagian esperanza” (17-1-2024).

Benasayag y Schmit definen la época que vivimos como dominada por aquello que el filósofo Baruch Spinosa llamaba las “pasiones tristes”. Y el diagnóstico que hacen de la población infantil y juvenil es el de una generación herida por un sentimiento de impotencia e incertidumbre que la lleva a encerrarse defensivamente en sí misma, porque interpreta el mundo como una amenaza. Como escriben los autores: «Los problemas de los más jóvenes son el signo visible de la crisis de la cultura occidental moderna». De hecho, no podemos pensar que el mundo precario en el que vivimos no contamina el ánimo de los jóvenes. Contamina, asusta y enferma, como lo demuestra claramente el aumento de los problemas de salud mental entre la población escolar.

El psicoanalista y filósofo Umberto Galimberti en su libro “El huésped inquietante. El nihilismo y los jóvenes” propone un panorama igualmente inquietante. El resumen del libro habla por sí mismo: «Estamos en el mundo de la tecnología y la tecnología no tiende a un fin, no produce sentido, no revela la verdad. Sólo hace una cosa: funciona. Los conceptos de individuo, de identidad, de libertad, de sentido, pero también los de naturaleza, ética, política, religión, historia, de los que se alimentó la era pretecnológica, acaban en un segundo plano, corroídos por el nihilismo.

Quienes más sufren la ausencia sustancial de futuro que fragua y configura la era de la tecnología son los jóvenes, infectados por una inseguridad progresiva y cada vez más profunda, condenados a una deriva existencial que coincide con ser testigos del fluir de la vida en tercera persona. Los jóvenes corren el riesgo de vivir estacionados en tierra de nadie, donde la familia y la escuela ya no “funcionan”, donde el tiempo está vacío y ya no existe un “nosotros” motivador. Las formas de coherencia acaban superponiéndose a los “ritos de la crueldad” o de la violencia (los estadios, las carreras de motos, etc.). ¿Hay una salida?» ¿Se puede dejar en la puerta aquello que Nietzsche llama “el más inquietante de todos los invitados”, el nihilismo?

Tolentino
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Otros autores, además, destacan cómo la crisis de la educación es consecuencia de la crisis de los adultos, definidos por Armando Matteo (para citar también a un teólogo) como afectados por el síndrome de Peter Pan (véanse sus volúmenes: “Pastoral 4.0” y “Convertir a Peter Pan”), es decir, un Homo rehén del mito de la juventud y del deseo de seguir siendo siempre adolescente. Los adultos son dependientes de sus apéndices digitales, y siempre haciendo menos uso de sus recursos internos. Uno de los graves problemas de la educación en la actualidad es esta crisis de la edad adulta que, a su vez, determina la crisis del arte de la transmisión, imprescindible en el horizonte educativo. 

El filósofo Jean-Luc Nancy también plantea una pregunta que nos hace pensar: si, en un mundo en claro cambio como el nuestro, es todavía posible hablar de generaciones. Para hablar de generaciones, es necesario que la generación actual se sienta generada por la anterior, se considere deudora de este engendramiento, se asuma como heredera de un dinamismo que, incluso en la sucesión, mantiene una línea fundamental de continuidad. Ahora, en un mundo que se auto-representa, incluso de forma exasperada, a partir del paradigma de la ruptura y la disyunción, sin duda algo nos está quitando en términos de la posibilidad de experimentarnos a nosotros mismos como una generación.

Para Nancy, una de las razones del malestar y la desorientación de la civilización actual es que «las generaciones no se saben ni se sienten generadas, sino más bien despojadas, abandonadas o incluso dejadas al borde de un camino [...], en un región confusa y desprovista de pistas y señales». Y esta desorientación o vértigo afecta hoy a todos. Es como si la crisis de vínculos entre generaciones nos desconectara unos de otros, nos hiciera sentir más inseguros sobre quiénes somos, más vacilantes sobre la duración y las formas de transmitir.

Las principales perspectivas educativas actuales (GCE y UNESCO) 

Las propuestas educativas de mayor importancia a nivel internacional, a nuestro juicio, son dos, y tienen varios puntos en común: la del Pacto Educativo Global (GCE) del Papa Francisco y la del Nuevo Contrato Social para la Educación de la UNESCO. Creemos que nunca antes ha habido una unión de intenciones y un consenso común en torno a la importancia de la educación y la necesidad de forjar alianzas para afrontar juntos los desafíos de nuestro tiempo.

En el Encuentro “Religiones y Educación” que el Papa Francisco sostuvo con Representantes de las Religiones en 2021, reunidos por primera vez para hablar de educación, se escuchó un lenguaje común en torno a los temas de la educación para la solidaridad y la fraternidad. Con el Pacto Educativo Global, el Papa lanza el desafío de cambiar el mundo a través de la educación e invita a los jóvenes estudiantes a emprender experiencias educativas no elitistas, exclusivas o excluyentes sino solidarias, experiencias de fraternidad y de servicio a los demás.

A su vez, la UNESCO también reconoce que “los modelos de desarrollo basados en el crecimiento y la competitividad han llegado a sus límites”, como afirmó recientemente la vicedirectora de la UNESCO, Stefania Giannini, quien afirmó que los objetivos de la UNESCO de “poner en el centro a la persona y a la humanidad común, recuerdan mucho también el llamamiento del Santo Padre a favor de un nuevo Pacto Educativo Global. Este es el rasgo que une la visión humanista de la UNESCO, con el llamamiento y la visión del Papa Francisco sobre estas importantes cuestiones”. En 2022, el Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, y en 2023, el observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, presentaron ante la ONU el proyecto del Pacto Educativo Global.

Con este proyecto el Papa quiere cambiar la educación porque la manera en la que se ha llevado a cabo hasta ahora no es buena, pues mantiene un presente herido por la desigualdad y la falta de horizonte. Especialmente los grandes centros educativos tienen todo el interés en perpetuar una educación basada en la competitividad. El Nuevo Contrato Social para la Educación de la UNESCO, al igual que el Pacto Educativo Global, también se basa en los principios de cooperación y solidaridad, la atención a la ecología, la valorización de los docentes, la inclusión, la equidad y la implicación de todos en la construcción del futuro de la educación.

Educar para la fraternidad en un contexto de emergencia 

El Papa Francisco propone una educación basada no en la competitividad, sino en la solidaridad, y con el objetivo último de construir la fraternidad universal. Si tras la Revolución Francesa el interés principal del siglo XIX fue la libertad, y en el siglo pasado la igualdad (derecho al voto de la mujer, derechos de las minorías, etc.), este siglo debe ser el siglo de la fraternidad (véase el documento sobre la fraternidad universal, la encíclica Fratelli tutti y el Pacto Educativo Global).

Para lograr la fraternidad universal, el Papa Francisco propone a través del Pacto Educativo Global los siete caminos que bien conocemos: poner a la persona en el centro, escuchar a las jóvenes generaciones, promover a la mujer, responsabilizar a la familia, abrirse a la acogida, renovar la economía y la política, y salvaguardar la casa común; e invita a las escuelas y a las universidades a revisar sus estatutos, currículos, planes de estudio, proyectos educativos… sobre la base de estos siete compromisos. Nuestra pregunta es ¿lo hemos puesto ya en práctica? O si estamos proporcionando estos principios en las escuelas católicas, que a menudo son escuelas excelentes en las clasificaciones, pero carecen de un proyecto y una identidad cristianos.

Desde 2019 hasta hoy, el Papa Francisco ha retomado varias veces los temas de la Pacto Educativo Global, desarrollándolos y ampliándolos aún más (recordamos en particular su mensaje a los jóvenes europeos reunidos en Praga). Esta invitación del Pacto Educativo Global se hace aún más urgente hoy, con esta tercera guerra mundial en pedazos ya en marcha en el mundo. Hoy debemos ser más conscientes de que estamos llamados a educar en un contexto de emergencia.

Otra emergencia se refiere al cierre o alienación de varias escuelas católicas debido a diversas dificultades, ya sea demográficas, de sostenibilidad económica o debilitamiento del proyecto educativo y eclesial, así como también por la feroz competencia que existe en el ámbito educativo, el cual es visto por los grandes fondos económicos sólo como una actividad rentable o lucrativa. ¡Qué desgracia: la educación reducida a negocios! En este sentido, el año pasado el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y el Dicasterio para la Cultura y la Educación escribieron una carta conjunta. Renovamos la invitación hecha en esa carta a no desanimarnos sino a “volver al juego” e involucrarse para emprender nuevos caminos con creatividad.

Sobre todo, reiteramos la invitación a “hacer coro”, como se subraya en la carta: «Es necesario y urgente crear un coro entre los diversos Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica implicados en la educación; hacer coro entre los obispos, los párrocos, toda la pastoral diocesana y la riqueza de carismas educativos garantizados por las escuelas pertenecientes a los Institutos de Vida Consagrada y a las Sociedades de Vida Apostólica […] En este sentido, exhortamos a poner en marcha iniciativas, incluso de carácter experimental, vibrantes de imaginación y creatividad, capaces de compartir y de futuro, precisas en el diagnóstico y refrescantes en la visión. Que el temor a los riesgos no apague la audacia; de hecho, la crisis no es el momento de esconder la cabeza en la arena, sino de mirar las estrellas, como Abraham (Génesis 15,5)».

El reto de la Inteligencia Artificial

El gran desafío que ha involucrado de lleno al mundo de la educación en los últimos años es el de la revolución digital. En particular, desde hace un año el mundo de la educación se ha visto desbordado y trastocado por la irrupción de ChatGPT (Herramienta lingüística autogenerativa: Generative Pre-trained Transformer, literalmente “transformador generativo pre-entrenado”) que ha significado una revolución copernicana. Si en el pasado reciente la gente se dividía entre BBT (Born Before Technology) y BAT (Born After Technology), ahora podríamos dividir, sin exagerar, la era anterior al GPT y la posterior al GPT. Ante esta innovación, en lugar de polarizarnos en dos frentes opuestos (a favor – en contra) aprovechemos esta ocasión como un momento propicio (kairòs) para repensar la educación y, especialmente, los fines de la educación. Este es un momento en el que nuestras sociedades deben unirse en torno a la educación.

La irrupción de la Inteligencia Artificial marca el fin de una educación milenaria concebida en términos nocionales y lanza el desafío de un nuevo tipo de educación (cómo será está aún por inventarse). Como siempre sucede ante cada novedad (como, por ejemplo, la invención de la escritura, la imprenta, los ordenadores, la I.A., etc.) han surgido reacciones, en forma opuesta, de miedo irracional o de optimismo ingenuo. Nuestros Papas de las últimas décadas han mostrado una apertura a la revolución digital, pero también llaman la atención sobre la necesidad de una regulación. Inventar el fuego está bien, pero ponerlo al servicio del ser humano es una tarea ineludible.

Por eso, los Papas no han dejado de resaltar también las cuestiones críticas de este fenómeno. Benedicto XVI recordó los riesgos de la virtualidad y recordó la necesidad de un control, pues de lo contrario, como ya lo había dicho el Papa San Juan Pablo II, sería como tener una biblioteca sin bibliotecario. Los últimos Papas han llevado a la Iglesia y a los fieles a ver en esta revolución digital peligros y oportunidades. También para los Padres Sinodales (del Sínodo de los Jóvenes) el Internet representa un desafío, “un nuevo camino de evangelización a recorrer con libertad, prudencia y responsabilidad: estamos llamados a convertirnos en el apóstol Pablo digital del tercer milenio”.

La Inteligencia Artificial en el Magisterio de la Iglesia

El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de este año titulado: “Inteligencia Artificial y Paz”, muestra de manera original cómo los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial no son sólo técnicos, sino también antropológicos, educativos, sociales y políticos. El 24 de enero de 2024 fue publicado el mensaje del Papa para la (quincuagésima octava) LVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2024, titulado: “Inteligencia Artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana”. Aquí el Papa Francisco invita a “limpiar el terreno de lecturas catastróficas”.

IA
IA

El problema será “¿cómo podemos seguir siendo plenamente humanos?”. A pesar de cuestiones críticas como las fake news y los deep fakes, para el Papa Francisco nos enfrentamos a un “salto cualitativo indiscutible”. El Pontífice hace un llamamiento a los líderes de las naciones para que se firme un tratado internacional vinculante en materia de inteligencia artificial. La revolución digital puede hacernos más libres si no nos dejamos aprisionar en los modelos ahora conocidos como cámaras de eco, big data, etc. Y, por tanto, tenemos que trabajar y converger para que la Inteligencia Artificial se convierta, en las escuelas y en las universidades, no en un colapso del sistema, sino en una oportunidad para reforzar la dignidad humana y la fraternidad.

Inteligencia Artificial y Educación

El impacto de la Inteligencia Artificial en la educación es significativo y está en constante evolución. El uso de la I.A. ofrece numerosas ventajas (ChatGPT): esta nueva herramienta puede proporcionar a los tutores un apoyo personalizado según las necesidades de cada alumno, mejorando así la efectividad del aprendizaje. Facilita la posibilidad de crear recursos educativos interactivos, como chatbots didácticos, fomentando un aprendizaje más autónomo y basado en los estudiantes.

Genera contenidos educativos actualizados y relevantes tanto para los estudiantes como para la formación continua del profesorado (simulaciones de lecciones y ayuda a la organización de la enseñanza). También favorece el trabajo en línea (networking), con el intercambio de ideas e investigaciones. Pero no reemplaza al ser humano. El ser humano debe ocupar el centro y debe seguir teniendo la tutela. No hay educación sin el encuentro entre las personas. 

Entre las áreas temáticas de investigación del Pacto Educativo Global se encuentra, pues, el tema de la tecnología. Por ello, invitamos a los centros de investigación universitarios y al mundo escolar, en general, a prestar especial atención al tema de la Inteligencia Artificial por su implicación directa en el proceso educativo. ¡Que la tecnología no se convierta en tecnocracia!

Conclusión

Queridos hermanos, con el Pacto Educativo Global el Santo Padre nos invita a renovar nuestra pasión por la educación, para educar a las jóvenes generaciones sobre la fraternidad universal. Este es el compromiso que nos pide el Papa Francisco: la presencia y el compromiso de la Iglesia en la educación para la construcción de un mundo fraterno. Educar en la fraternidad significa enseñar a hacer alianzas (pactos), crear redes, cantar en coro, construir puentes.

No tengamos miedo –al contrario, tenemos el deber– de unir a todos los actores sociales en torno a una causa común como es la educación. Y en estos diez años el Sumo Pontífice lo ha demostrado no sólo con palabras, sino con hechos. Hagámoslo también nosotros. Para usar una imagen del escritor Saint-Exupéry, «la piedra no tiene esperanza de ser algo distinto a una piedra. Pero al colaborar, se une y se transforma en templo». Asumiendo la tarea educativa, no sólo estamos gestionando el tráfico de piedras de un lugar a otro, sino que juntos estamos construyendo una catedral.

Madrid, 24 de febrero de 2024

Cardenal José Tolentino de Mendonça

Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación

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