Cuatro teólogos jesuitas analizan la nueva encíclica 'Fratelli tutti' Víctor Codina sj: "Francisco aparece en Fratelli tutti como una gran una figura, un estadista, una voz profética para la humanidad de hoy”"

Fratelli Tutti 03
Fratelli Tutti 03

Su gran importancia radica, según Jaume Flaquer, en elevar al mayor rango magisterial todos esos documentos, “de manera que no pueda rechazarse su contenido desde ciertos sectores eclesiales”

Francisco José Ruiz: "Levanta acta de esos problemas y los formula con voz clara y fuerte. Lo interesante es que no sólo analiza, sino que ofrece respuestas"

Gabino Uríbarri sitúa en la combinación del capítulo segundo, dedicado a la parábola del buen samaritano, y el octavo capítulo sobre la contribución de las religiones a la fraternidad del mundo, la aportación más explícita que podemos hacer como cristianos

Según Víctor Codina, “Francisco no se limita a exhortar a curar a los heridos de hoy sino que propone un cambio global de sociedad para evitar que estos hechos se vayan reproduciendo: luchar contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos”

(Info sj).- El Papa Francisco publicó el domingo 4 de octubre la carta encíclica "Fratelli tutti", sobre la fraternidad y la amistad social. La encíclica fue firmada el día antes en Asís. Hemos conversado con algunos teólogos jesuitas, que nos ofrecen su opinión y las claves de lectura de este texto.

Sobre la fraternidad y la amistad social

Es un documento que no constituye grandes novedades respecto al magisterio de Francisco, sino que recoge y profundiza en sus mensajes, homilías y discursos, con lo que, como señala Gabino Uríbarri “cobra un claro sabor de síntesis personal de un aspecto fundamental de su magisterio”. Por su parte, Víctor Codina la define como “una obra de madurez sobre la fraternidad y la amistad social”.

Su gran importancia radica, según Jaume Flaquer, en elevar al mayor rango magisterial todos esos documentos, “de manera que no pueda rechazarse su contenido desde ciertos sectores eclesiales”. Con ello “Fratelli Tutti será necesariamente una referencia para la doctrina oficial de la Iglesia de los futuros pontífices”.

Lo reafirma Víctor Codina, que nos avanza que “muchos se escandalizarán y pensarán que son sueños irreales y utópicos, pero está en perfecta coherencia con el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia”, que “queda reforzada, actualizada y con una visión desde los pobres”.

Ruiz, Flaquer, Codina y Urribarri
Ruiz, Flaquer, Codina y Urribarri

Los cuatro teólogos que analizan la encíclica

Francisco José Ruiz Pérez sj
Decano de la Facultad de Teología de Deusto. Ex provincial de España.

 Jaume Flaquer sj
Responsable del Área Teológica de Cristianismo y Justicia y director del Instituto de Teología Fundamental. Doctor en Estudios Islámicos por la Sorbona de París

 Víctor Codina sj
Doctor en Teología. Durante más de 30 años ha vivido en Bolivia donde ha sido profesor de teología en la Universidad Católica de Cochabamba. Participó como experto en el Sínodo de la Amazonia

Gabino Uribarri sj
Profesor de Teología (Comillas) y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI) del Vaticano

Una encíclica en viñetas: Agustín de la Torre 'retrata' las siete claves de 'Fratelli Tutti'
Una encíclica en viñetas: Agustín de la Torre 'retrata' las siete claves de 'Fratelli Tutti'



Los problemas al descubierto

Aunque el texto empezó a escribirse antes de la pandemia, el contexto en que se publica le confiere, según Francisco José Ruiz Pérez “un elemento de ventaja muy inmediato y vivo aún: el aquí y el ahora de la pandemia de la Covid-19. Porque es la pandemia la circunstancia histórica reciente que nos ha facilitado visualizar mejor los problemas acuciantes del mundo contemporáneo. Levanta acta de esos problemas y los formula con voz clara y fuerte. Lo interesante es que no sólo analiza, sino que ofrece respuestas”.

El Papa nos habla con gran preocupación de lo que califica como “formas de eliminar o ignorar a otros" y la cultura del descarte que genera desigualdades y pobreza extrema. “El papa se comporta como pastor universal”, nos dice Gabino Uríbarri, “que se conmueve compasivamente ante tanto dolor y sufrimiento, especialmente de los pisoteados o ignorados de tantas formas. Desde ahí llama apremiantemente a situar un principio básico y fundamental que guíe toda actuación: «el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana». A construir pueblo conjugando la dignidad de toda persona, con la alteridad (comunión) enriquecedora de la convivencia. Ahí reside la clave de «la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta todos»”.

La encíclica insiste en que el mundo no puede esperar más para afrontar sus dificultades, y que la respuesta debe ser conjunta, destaca Francisco José Ruiz Pérez. “Nos queda cada vez menos margen de maniobra. La humanidad estrena un tiempo cargado de falta ostensible de cuidado, que erosiona el potencial de vida del planeta y estresa nuestro tejido social, político y económico.” Ante ello “el Papa insiste, con toda razón, en que nuestras soluciones tienen que ser conjuntas. Y eso no es ya una amonestación moral, sólo para quienes se sientan más afectados o quienes compartan el mismo credo religioso. No hay otra forma de salir adelante, sino reconociéndonos en nuestra alteridad”.

Individualismo


 Crítica al individualismo exacerbado

El papa Francisco comparte pues su dolor por la pérdida de dimensión comunitaria en muchos aspectos de la vida. Esta crítica al individualismo exacerbado tiene, para Jaume Flaquer, un fundamento teológico y antropológico claro: “la fraternidad universal radica en el hecho de haber sido creados por Dios, que es Padre. Si Dios es Padre y su relación con el género humano es paterno-filial, todos los bienes de la tierra tienen un destino común. Antropológicamente, la noción de pueblo y de comunidad es anterior al individuo. Es decir, somos relación. Este fundamento debería capacitar a la Iglesia para ser un testimonio contracultural”.

En este sentido, Francisco José Ruiz Pérez insiste que “es muy difícil entender la Iglesia sin su dimensión profundamente comunitaria y sin que esa comunidad se viva finalmente como fraternidad. La Iglesia hace visible un proyecto profundamente fraternal y, en la medida en que no lo es, su poder contracultural es nulo. Es cierto que en los anales de la historia de la Iglesia hay muchas pruebas de que ha traicionado su marca identitaria. Pero en esos mismos anales encontramos también los empeños retomados por testimoniar catolicidad: esa universalidad que interpreta la humanidad como una familia y que hoy convierte a la Iglesia católica en una comunidad internacional con un grado impresionante de pluralidad”.

La parábola del buen samaritano

Gabino Uríbarri sitúa en la combinación del capítulo segundo, dedicado a la parábola del buen samaritano, y el octavo capítulo sobre la contribución de las religiones a la fraternidad del mundo, la aportación más explícita que podemos hacer como cristianos. Y nos señala cuatro aspectos: “la fundamentación última de la dignidad inalienable de toda persona humana que proporcione una fundamentación trascendente a esta verdad de la naturaleza humana; una fuente para generar las fuerzas espirituales necesarias para generar los valores pre-políticos de la amistad social y la fraternidad universal, sin los cuales su realización difícilmente será viable; muestras concretas del ejercicio de la amistad social y de la fraternidad; y evidentemente las relaciones dentro de la misma Iglesia, que también han de reflejar esta amistad fraterna”.

Buen Samaritano
Buen Samaritano

Con la parábola del buen samaritano Francisco parece resumir lo esencial de la condición humana y de nuestro tiempo en particular. Para Jaume Flaquer “la originalidad en la interpretación que hace el Papa de la parábola (y que se inspira de las contemplaciones ignacianas de los Ejercicios) es invitarnos a ponernos en la piel de los diferentes personajes reconociendo que a veces somos los heridos, a veces los que pasamos de largo y otras el buen Samaritano. Asimismo también cada uno de estos personajes puede verse reflejado en instituciones e ideologías políticas”.

Según Víctor Codina, “Francisco no se limita a exhortar a curar a los heridos de hoy sino que propone un cambio global de sociedad para evitar que estos hechos se vayan reproduciendo: luchar contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos”.

Tensión entre responsabilidad personal y colectiva

El Papa Francisco se mueve en toda la encíclica en un equilibrio entre lo local y lo global, lo individual y social y entre lo personal e institucional. En ello coinciden Jaume Flaquer y Francisco José Ruiz Pérez. Para este último “el Papa apunta a que es necesario apelar al cambio personal. Pero una dimensión clave de ese cambio personal es incidir en el cambio de las estructuras. Las estructuras nos deben importar. Y si no nos importan, es que no hemos entendido de qué cambio habla el cristianismo cuando se refiere a la conversión individual. Lo cual es doblemente profético: la culpabilización individual unilateral no es modo de afrontar los problemas; la exculpación de toda responsabilidad personal y la consiguiente culpabilización en el colectivo, tampoco. La encíclica pone luz sobre ese dilema al reconocer que ¡el samaritano actúa!”

Corección fraterna
Corección fraterna

Uríbarri señala también que “la parábola nos interpela a cada uno: nuestro comportamiento concreto y nuestras actitudes”. En este sentido, “Francisco nos pide no la perfección absoluta, en la que ninguno estamos, sino el paso adelante con el vecino, en la familia, en el barrio, en la parroquia, en el trabajo. Nos pide a cada uno que practiquemos la cultura del encuentro y a los líderes políticos que ejerzan su responsabilidad. La combinación y articulación de los dos elementos son necesarios”.

Se posiciona claramente

La encíclica ha recibido ya críticas desde determinados sectores lo que, para Jaume Flaquer, “demuestra que el Papa ha puesto el dedo en la llaga, y que el mensaje ha llegado aunque sea rechazado por algunos”. Y es que, como nos dice Francisco José Ruiz Pérez “no deja lugar a dudas sobre la calidad no evangélica de actitudes como las que denuncia. Es sencilla y directa en su mensaje. No estamos ante una encíclica que busque contemporizar con ambigüedades en el ámbito del reconocimiento del otro. Se posiciona claramente. Por eso, es muy probable que genere debate, y no pequeño”.

Aunque se ha calificado como la encíclica más política del Papa, Flaquer invita a “no olvidar los fundamentos teológicos y la mística que inspira al Papa. Francisco no propone una ideología política aunque pueda coincidir en algunos elementos con algunas de ellas”

Para Víctor Codina, “expone una serie de principios y valores que responden a la tradición más profunda cristiana y de todas las religiones, aunque a muchos les parecerán nuevas y escandalosas”.

Francisco José Ruiz Pérez la sitúa como encíclica política, pero en un sentido mayor: “Habla de gobernanza de la complejidad de nuestro mundo y de los problemas que afronta. El mismo Papa indica que, como el samaritano, se “nos invita a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social. Es un llamado siempre nuevo, aunque está escrito como ley fundamental de nuestro ser: que la sociedad se encamine a la prosecución del bien común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano”.

Encuentro entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmed Al-Tayyeb en el que se firmó el  Documento sobre la Fraternidad humana
Encuentro entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmed Al-Tayyeb en el que se firmó el Documento sobre la Fraternidad humana



Relaciones islamo-cristianas

Cabe destacar que el Papa menciona como inspiración de esta encíclica la declaración conjunta que pronunció con el Gran Imam de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayeb, en febrero de 2019. Para Flaquer, que es experto en Estudios Islámicos, “supone una consolidación de las relaciones islamo-cristianas al más alto nivel. El islam moderado insiste en desligar el terrorismo de la religión y aquí está encontrando en el Papa un poderoso aliado”.

Y añade que “por otro lado, el Papa se hace eco del clamor de los cristianos viviendo en países islámicos por dejar de ser tratados como “minorías protegidas” y que se reconozca su plena ciudadanía”, por lo que “la encíclica va a permitir ahondar en esta cuestión”.

Para Gabino Uríbarri el capítulo sobre las religiones señala una tarea conjunta para las religiones, como fuente de valores pre-políticos, cruciales para el bienestar individual y colectivo.

Mensaje que genere esperanza

Fratelli tutti es una invitación y una reflexión con la que, más allá de las convicciones religiosas desde las que escribe, el papa se pone en diálogo con todos. Víctor Codina opina que “Francisco aparece en Fratelli tutti como una gran una figura del momento presente, un estadista, una voz profética para la humanidad de hoy”. En cuanto a la recepción que pueda tener en el conjunto de la sociedad, Jaume Flaquer considera que “va a ser recibida con entusiasmo por los movimientos sociales preocupados por las enormes desigualdades y la pobreza que genera el sistema capitalista. Va a ser además utilizada para desautorizar a políticos cristianos de extrema derecha o defensores de populismos de toda clase”.

Por su parte, Francisco José Ruiz Pérez plantea también la necesidad y responsabilidad por parte de la Iglesia para dar este mensaje, que “merece la pena que sea conocido allí donde puede generar esperanza”.

Encíclica

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