El sínodo de la Amozonia, al solicitar la ordenación de varones casados, solo pide lo que en un origen ya hubo en la Iglesia y, en todo caso, solicita de quien puede darlo, el Papa, que el sacerdocio real de Cristo sea servido por el ministerial, que para eso está, para servir y no para ser servido. Sacerdocio sin celibato.

El sacerdocio ministerial al servicio del sacerdocio real de Cristo

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Los opositores a Francisco levantan mucha polvareda, andan revueltos, nerviosos, no quieren perder privilegios; lo entiendo. Lo que no puedo entender es que reputados teólogos digan estupideces para defender esos privilegios. Se ha escrito en un libro de próxima aparición que "hay un vínculo ontológico-sacramental entre el sacerdocio y el celibato". Así dicho, esto es una falsedad teológica como un pino. En todo caso, no pasaría de ser una piadosa reflexión propia de un fundamentalista trasnochado sin ninguna preparación teológica sería, más bien superficial, de seminario decimonónico, si no fuera porque el autor que aparece en el información es mitrado de la Iglesia que se postula para sustituir al actual Papa. Habría que dar una lección de historia, primero, y de teología después, incluso con recurso al Magisterio eclesial más importante que tenemos en el Concilio Vaticano II, en Lumen Gentium.

Lo primero, la historia. Desde el comienzo, en Jesús nos encontramos una oposición radical a la función del sacerdocio, en especial a la que se realiza en el Templo de Jerusalén, que es destruido simbólicamente por él en el famoso episodio de las mesas de los cambistas. Este episodio, en Juan, es el motivo de su condena a muerte de facto por sus enemigos. Jesús representa la opuesto al sacerdocio del pueblo judío. Podemos decir que mientras el pueblo judío es un pueblo con sacerdotes, el nuevo pueblo de Dios es un pueblo sacerdotal, pues todo él, en virtud del baustismo, es sacerdotal. La función reservada a unos pocos en el pueblo judío, pertenece ahora a toda la Iglesia, porque el verdadero y único Sacerdote es Cristo, por su sacrificio en la Cruz, que ha dado la vida por todos de una vez para siempre. Ya no son necesarios más sacrificios, pues Cristo ha unido definitivamente a los hombre con Dios y los ha reunido mediante el bautismo en la Iglesia, que es sacerdotal por su misma esencia. Mientras que, nos dice la carta a los Hebreos, los sacerdotes de la Antigua Alianza debían hacer sacrificios por sí mismos y el pueblo de forma constante, Cristo ha realizado el único sacrificio válido, por eso Él es Sacerdote, pero en la línea de Melkisedek, no en la de Sadoc. Es decir, Cristo no es Sacerdote como los otros, Él es el único y verdadero. Por este motivo, en la Iglesia no hay más Sacerdote que Cristo y, por el bautismo, todos y todas lo somos en Cristo.

Cuando, en el siglo II, las herejías empiezan a hacer mella en la Iglesia, se hace necesaria una organización que proteja de ellas. En el origen tenemos la existencia de diáconos y diáconas (servidores/as) que sirven en la iglesia y actúan, en algunas de ellas, a modo de dirigentes. Pronto surgen los presbíteros (ancianos), una estructura de gobierno casi colegial, y también los epíscopos (supervisores), encargados de asegurar la unidad entre las iglesias. La estructura de servicio es la que nace del mismo Jesús: "yo estoy en medio como el que sirve (dulos)", y esta estructura se amplia a ancianos y supervisores. Andando el siglo II, esta estructura se va a consolidar, llegando a la jerarquización. Sin embargo, no tenemos aún un vínculo directo entre esta triada y el sacerdocio. El sacerdocio ministerial no surge hasta que los ministerios no están organizados. No será hasta el siglo III y, sobre todo el IV, que podamos ver con claridad una estructura de sacerdocio ministerial, al que contribuye la sacralización de la sociedad romana de fin del Imperio.

La cuestión del celibato es distinta a la del sacerdocio, pues es anterior, muy anterior, pero relacionada más con los laicos que con el clero. Desde antiguo se conoce la existencia de vírgenes consagradas y con el monacato surge el celibato como opción de vida radical, pero no vinculada al sacerdocio. No es hasta San Ambrosio y San Agustín que empezamos a ver un vínculo entre sacerdocio y celibato. Por tanto, no existe ningún vínculo ontológico-sacramental entre uno y otro. Tanto es así, que la tradición oriental, más antigua en muchos elementos que la occidental, no conoce esta unidad. El celibato puede adornar al sacerdote, pero no es algo esencial en su función, por eso cuesta tanto de explicar teológicamente que el celibato sea algo esencial al sacerdocio, porque es una cuestión eclesiástica, no teológica y menos de derecho divino. Lo que la Iglesia pone, la Iglesia quita, en este caso el Papa. Por eso, Francisco puede permitir la ordenación de hombres casados, o de mujeres, porque es una cuestión de organización eclesiástica.

Queda aún un elemento magisterial interesante. En Lumen Gentium podemos leer que entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial "hay una diferencia esencial y no solo de grado", el Concilio adopta la desafortunada frase de Pío XII para establecer una diferencia de raíz entre ambos sacerdocios. Esto puede ser entendido desde dos puntos de vista radicalmente diferentes. Uno es el de los fundamentalistas, que lo leen como una distinción absoluta entre ambos, de modo que el sacerdocio ministerial estaría en un nivel superior al común de los fieles. Incluso, en un nivel ontológico distinto, como si en la iglesia hubiera dos modos ónticos diferenciados: el de los bautizados y el de los ordenados. Esto es una forma de introducir el gnosticismo dentro de la Iglesia, pues se afirma la existencia, de alguna manera, de dos ontologías, una inferior y otra superior. La diferencia esencial implicaría una diversa ontología. Sin embargo, no es esto lo que pretendía el Concilio, pues en el mismo párrafo se afirma que ambos sacerdocios están orientados el uno al otro, es decir, están en el mismo nivel, pero tienen misiones diferenciadas. Me gusta aquí la interpretación que dio Yves Congar en Quelques problèmes touchant le ministère: "el sacerdocio ministerial se sitúa, no en la línea de la ontología constitutiva del cristiano, sino en la del ministerio. Es un participación funcional, que tiene su propio fundamento ontológico, pero de una ontología de función o de ministerio". La reflexión de Congar está precedida de una cautela, a él no le gustaba la expresión de Pío XII sobre la diferencia esencial, pero le da la vuelta, por decirlo así, y lo que quería significar una prevalencia del sacerdocio ministerial lo convierte en un servicio. Pues, solo puede haber una ontología esencial en la Iglesia, la que se adquiere por el bautismo, participando de Cristo sacerdote, profeta y rey. El ministerio implicaría otra ontología, sí, pero la propia del servicio.

El sínodo de la Amozonia, al solicitar la ordenación de varones casados, solo pide lo que en un origen ya hubo en la Iglesia y, en todo caso, solicita de quien puede darlo, el Papa, que el sacerdocio real de Cristo sea servido por el ministerial, que para eso está, para servir y no para ser servido. Esto es algo que deberían entender todos los candidatos al sacerdocio ministerial, especialmente los que tengan funciones docentes. Aunque la espiritualidad del celibato puede ayudar al servicio del presbítero, no es la condición esencial de su ministerio. El ministerio es una funcionalidad de la Iglesia que muchos y muchas pueden y deben ejercer, la castidad un honor que algunos y algunas están llamados a vivir

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