Ha muerto un misionero...¡Vive para siempre!

Ayer a la tarde en un reportaje de televisión, escuche el testimonio de una señora que dijo ser familia de una de las víctimas de la tragedia de Barajas. Para sorpresa mía, era un misionero Paúl, el Padre Claudio Ojeda, que después de haber estado varios años en Ayamonte (Huelva), llevaba ocho años en Camerún. En esta ocasión iba a su tierra a visitar a su familia y a descansar… Necesitaba descansar porque en Camerún había contraído la Malaria. Además, según explican quiénes le conocieron, a sus vacaciones, cuando estaba en España, las destinaba para cuidar personas tetrapléjicas en un hospital de Francia.

Hasta el día de ayer no sabía de su existencia, pero la noticia me hizo pensar. Un hombre trabajador, de sesenta años, con un espíritu inquieto y lleno de proyectos para la misión, ya contempla cara a cara a Dios.

De golpe, de improviso y sin aviso, la muerte se le presentó, y su peregrinar en esta tierra dio el salto al infinito, a Dios, en quien sin duda confió y a quien se consagró en el servicio a los más pobres.

Que él, -junto a sus compañeros de viaje- que ya goza de aquello que predicó durante su vida, no deje de interceder ante Dios para que dé fortaleza, ánimos y consuelo a quienes hoy lloran la pérdida de sus seres queridos. Y que él, que fue un misionero que estaba en primera línea, ore por la Iglesia, para que sea misionera, para que no deje de ser servidora de los más pobres; para que anuncie incansablemente la Buena Noticia del Evangelio, y para que pueda decir, como Jesús en la Sinagoga de Nazaret:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres;
me ha enviado a anunciar libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos;
a anunciar el año favorable del Señor” Lc 4,18-19

Descanse en paz quien anunció el Reino y siguió a Jesús predicando la Buena noticia del amor incondicional de Dios.

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