¿A quién ayuda y cómo emplea la Iglesia el dinero que recibe a través de la Renta? La 'X' de la Iglesia, al servicio de la España rural

La X  solidaria de la renta
La X solidaria de la renta

Quedan todavía algunos días para hacer la declaración de la renta. Y es una buena ocasión para recordar para qué sirve esta X que cada año millones de españoles deciden marcar a favor de la Iglesia

Además, es un buen momento para recordar a quién ayuda esta X y cómo emplea la Iglesia el dinero que recibe por esta vía

La cantidad global de la asignación tributaria no se queda en la Conferencia Episcopal, que es quien la recibe, sino que se reparte cada año entre todas las diócesis españolas

Quedan todavía algunos días para hacer la declaración de la renta. Y es una buena ocasión para recordar para qué sirve esta X que cada año millones de españoles deciden marcar a favor de la Iglesia. Es una forma sencilla de colaborar tanto para los creyentes, como para todos aquellos que confían en la labor de la Iglesia en la actualidad, sin que, además, nos cueste económicamente nada.

Además, es un buen momento para recordar a quién ayuda esta X y cómo emplea la Iglesia el dineroque recibe por esta vía.

Son muchas las necesidades de la sociedad que atiende la Iglesia, sobre todo a raíz de la pandemia. Por eso, cuando un contribuyente asigna la X en su declaración de la renta está participando y sosteniendo generosamente esta labor, ya que la cantidad global de la asignación tributaria no se queda en la Conferencia Episcopal, que es quien la recibe, sino que se reparte cada año entre todas las diócesis españolas.

En el último IRPF presentado, los declarantes han asignado en torno a 41€ por cada declaración, lo que supone, de media, un 21% de la financiación básica de las diócesis españolas en el año 2019. Son unos fondos necesarios que se complementan con donativos, colectas y otros ingresos derivados de la actividad de la Iglesia. Son precisamente todos estos ingresos los que han disminuido de forma drástica en el último año debido a la pandemia, donde la vida de la Iglesia también se ha visto gravemente afectada.

Las restricciones de movilidad y aforo han afectado seriamente a las colectas en efectivo de muchas parroquias donde también han faltado sacramentos como matrimonios o primeras comuniones, y toda la actividad vinculada al turismo, como las visitas a museos o catedrales ha desaparecido.

Es por esta razón, que para muchas diócesis el dinero que llega a través de la X supone un alivio y una ayuda que de otra forma no tendrían.

"Se repartía a cada uno según su necesidad"

Este sistema de repartir la X, denominado Fondo común interdiocesano, permite una comunión efectiva y solidaria de los bienes que tiene la Iglesia entre todas las diócesis, sobre todo a aquellas más pequeñas y que tienen menos posibilidades de obtener recursos por otras vías.

El mapa de las diócesis de España es muy diverso en cuanto a su tamaño y a sus recursos. La presencia de la Iglesia se hace especialmente necesaria en los problemas del mundo rural, en sitios en los cada vez es más difícil estar, donde la población decrece y con ello también las posibilidades de subsistencia económica.

En el ámbito rural encontramos más de la mitad de las parroquias españolas, 11.414, situadas en municipios de menos de 2.000 habitantes, donde sostenerse a través de las colectas es tremendamente difícil. Algunas diócesis como Burgos, Astorga o León cuentan con más de 500 parroquias en territorios rurales.

Cerca de un tercio de nuestras diócesis, además, tienen un tamaño pequeño y para ellas la asignación tributaria llega a suponer, de media, hasta el 50% de sus ingresos habituales. Tal es el caso de Ciudad Rodrigo, Jaca, Guadix, Segovia, Ibiza, Solsona, Osma-Soria, Tarazona o Tortosa, por ejemplo. Su población oscila entre los 30.000 y los 500.000 habitantes, y tienen, por tanto, mayores necesidades de financiación y mayor endeudamiento que el resto de las diócesis. El impacto de la COVID-19 ha agravado su dependencia económica de esta asignación, y en ellas se disparan algunos gastos como las crecientes necesidades en el ámbito socio-asistencial, la actividad pastoral tan intensa en estas zonas donde el principal agente social, el sacerdote, recorre cientos de kilómetros cada año para realizar su labor o los gastos de conservación y mantenimiento de las parroquias que alcanzan el 35% de sus gastos.

No hay que olvidar que la asignación tributaria que reciben las diócesis repercute directamente en la sociedad:el impacto que tiene toda la actividad asistencial y caritativa que despliega la Iglesia en nuestro país, especialmente en mitigar la pobreza, atención a inmigrantes o promoción del empleo, representa más del doble de los fondos que se reciben.

Una X que no sólo no se queda la Iglesia, sino que la entrega y se multiplica.

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